OBAMA: ¿DÉFICIT DE TESTOSTERONA?

Por Hugo J. Byrne

“El jolongo del insurrecto pesa mucho,

pero menos que el grillo del esclavo.”

Arenga del Lugarteniente General Maceo a la tropa: Mangos de Baraguá, octubre de 1895.

Macho y hembra son los géneros de casi todo cuanto vive. No entiendo el problema que existe hoy en día con el término “machismo” en el ámbito políticamente correcto por el que transita esta sociedad. Cuando llegué a Estados Unidos los nativos se comportaban socialmente de acuerdo a su género. Yo estaba acostumbrado a ceder mi asiento en el transporte público y a abrir y cerrar la puerta del automóvil a las mujeres. No cabe duda que eso ha cambiado aquí y, en mi opinión, no para mejorar. Cuando joven creía que una buena pelea a puñetazos, sin ventaja ni abusos, era saludable siempre que no ocurriera todos los días. Por supuesto a los 81 tengo limitaciones y los arranques se atemperan algo.

Una anécdota personal: llegué a Estados Unidos en septiembre de 1961 y me presenté voluntariamente al ejército americano. Fui rechazado por viejo. Cumplí 27 años de edad a menos de un mes de aterrizar en Miami y las fuerzas armadas sólo aceptaban voluntarios entre 18 y 26. No me golpeo el pecho: como yo hubo muchos otros, sólo que no fueron suficientes.

Al año siguiente el congreso aprobó el servicio voluntario de exiliados de Cuba en unas unidades especiales del Army con sargentos que hablaban español. El máximo de edad para servir en ellas se había extendido de 26, a 31 años. El propósito de esta maniobra de la administración de Kennedy era controlar a los exiliados activos, aunque la prensa insinuara que su objetivo era la liberación de Cuba.

El encargado de la inducción al Army en Coral Gables sabía por mi declaración de estado civil, el deceso reciente de mi esposa y me concedió una semana para poner mis asuntos en orden: yo era responsable por mis hijas. La mayor tenía entonces dos años de edad y la segunda catorce meses. Me aseguré que no quedarían desamparadas en caso de mi muerte en acción de guerra. Habiéndome involucrado ya en situaciones violentas, mi integridad física no pesaba, pero sí las responsabilidades familiares. Al final nada me impidió servir honrosamente.

Por desgracia los voluntarios éramos menos de tres mil: gran frustración. En 1963 había jóvenes aptos al servicio militar entre cubanos expatriados, por lo menos cinco ó seis veces en exceso de esa cifra. ¿Dónde se metieron? Nunca pude entender su ausencia. Aún no puedo.

Durante esa época me asombraba ver cómo tantos norteamericanos nativos también hacían lo indecible para no vestir el uniforme, aunque muchos otros sirvieran honrosamente. El deseo de la izquierda era que nadie sirviera. Había un político que se las pelaba huyendo de la conscripción. Al principio asumía una actitud “pacifista”, pero después desfiló por la Plaza Roja de Moscú en tiempos de la Unión Soviética. Afirmó en público que “aborrecía” al ejército. Increíblemente ese señor fue electo presidente dos veces, aunque nunca con mayoría absoluta. Mintió al pueblo y a la Corte bajo juramento. Ello no impide que muchos ignorantes le acrediten hoy la solidez económica de los años noventa.

La realidad es que esa bonanza ocurrió porque el congreso en 1994 con Newt Gingrich como líder, lo llevara por el cogote gritando y pataleando, primero hacia un presupuesto balanceado y después al primer y último superávit federal desde los años sesenta. Me refiero a William Jefferson Clinton, 42th presidente de Estados Unidos y redomado bribón, quien desmerece de su patria.

En justicia los republicanos nunca intentaron una contraofensiva publicitaria inteligente y Clinton pasó a la historia como una especie de salvador económico en lugar del corrupto cara dura quien siempre ha sido. Clinton se abrogó la gloria económica proclamando un credo que ahora su esposa, camaleón político por antonomasia, estridentemente contradice: “the era of “big government is over”. La realidad es que políticamente el Partido Demócrata tiene un baluarte económico formidable en Hollywood, una de las industrias más poderosas que existen en el mundo en 2015. No existe contrapartida de esa magnitud ayudando al campo conservador y aún menos a la élite republicana que a veces se distingue poco del otro partido.

Con Clinton, sin embargo, nunca se presentaron ocasiones en que su fortaleza de piernas en la defensa del básico interés nacional pudiera ponerse realmente a prueba. El conflicto de Bosnia no fue un caso crítico y la debacle de Mogadishu le fue achacada al entonces Secretario de Defensa, quien renunció, muriendo unos días más tarde.

Con Obama el asunto es harina de otro costal. La evidencia demuestra que el caballero es o bien traidor, o flojo. ¿Cuál de los dos? Para cualquier observador consciente y educado la situación internacional creada por el vacío norteamericano se está haciendo crítica por días, tal como ocurriera con los gobiernos de Londres y París, ignorando el peligro nazi en 1938.

La opinión facultativa del talentoso siquiatra-comentarista Charles Krauthammer, es que Obama delira. Delira cuando permite sin mover un dedo que la Rusia de Putin se anexe Crimea. Delira cuando contra el consejo de todos sus asesores militares abandona por completo el territorio de Irak. Delira cuando afirma que ganó las elecciones parlamentarias del 2014, porque quienes no votaron estaban de acuerdo con él. Delira cuando afirma que ISIS surgió de la nada, como Dios hizo al universo. Delira al esperar que los clérigos fanáticos de Irán, hoy cómplices de Putin y Assad respeten leyes internacionales y un “acuerdo nuclear” que no tiene verificación posible. Delira al vaticinar el éxito en su “nueva” política diplomática hacia Castrolandia, donde entregó a la rata de Birán todas sus opciones a cambio de nada.

Tengo infinito respeto por Krauthammer, un facultativo brillante y quizás el mejor comentarista político en Estados Unidos hoy por hoy, pero en esto no estoy de acuerdo. Hay algo más visceral y fundamentalmente enfermo en la naturaleza de Obama.

¿Alguien tan viejo como yo entre los lectores recuerda el programa del Obispo católico Fulton Sheen en la tv? Era hace muchos años, cuando Pío XII era Papa y la Iglesia apreciaba la impiedad y los crímenes condenables en los regímenes totalitarios. Sheen afirmaba que un ave, si tenía plumas muy apretadas, caminaba como pato y graznaba como pato, era muy probablemente un pato. Sheen no profetizaba al Cardenal Ortega ni a la Rata lampiña de Birán. Era una metáfora de los comunistas clandestinos.

El 44th Presidente de Estados Unidos, Barak Hussein Obama, no es sólo un narcisista de actitud arrogante, quien parece desear convertirse en gobernante por decreto para imponer una política populista. Hay además algo muy extraño y equívoco en un líder quien siempre procura no sólo la retirada, sino que propugna la derrota, el escarnio y la humillación nacional y personal. Es una especie de autoflagelación sicológica que quizás esconda tendencias masoquistas reprimidas, o un gravísimo déficit de testosterona.

 

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