LOS FARISEOS EXIGEN SERVICIO

Por Hugo J. Byrne

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir

(Respuesta de Bergoglio a un joven católico, quien pedía cambios para Cuba).

La caridad es una actitud voluntaria y es en eso que se diferencia dramáticamente al altruismo compulsivo. Servir en el primer contexto es a mí entender una acción meritoria: una virtud. Ejemplo de ello es la caridad anónima, en contraste con las contribuciones deducibles al pago de impuestos mandatorios.

En una de sus mayores bufonadas el Vicepresidente Biden afirmó una vez que pagar más impuestos era un deber patriótico. You got to be kidding Joe! ¿Tenemos opción? Si entiendo a Biden, todos tenemos que ser muy “patriotas” o exponernos a que nos confisquen propiedades legítimas y hasta que nos arresten.

Cuando el altruismo substituye forzadamente a la caridad mediante la orden inapelable de un mandamás, en mi opinión se ofende a Dios. Eso es lo que saben hacer bien los cancerberos del régimen castrista para explotar sin misericordia a los cubanos. Aparentemente eso no es problema alguno para nuestro “Mesías” de Washington, o para el “compañero” Bergoglio, quien no llegó a donde está sin la venia de la mayoría en la institución universal que tan tristemente preside.

Tengo que insistir en el tema de servir al prójimo, pues detrás de la admonición papal podría entenderse un concepto bien tenebroso. No estaría de más que Bergoglio aclarara esa prédica. Porque su alocución fue dirigida a una sociedad que ha sido forzada a la servidumbre por casi 56 años. La alternativa a dicho servicio ha sido la pena capital, o lo que es aún peor en mi criterio, largos años de prisión en una mazmorra podrida bajo el inhumano sistema del gulag castrista: si el Papa necesita el testimonio de un católico ferviente, podría preguntarle al poeta y Embajador Armando Valladares.

El estado totalitario castrista, impuesto sobre lo que antaño fuera la República de Cuba, siempre ha demandado el servicio de todos. Es la “esclavitud futura” de la que nos previniera Martí: el socialismo.

Quienes perecieron con las espaldas mártires atadas a la estaca de fusilamiento eran en su inmensa mayoría católicos prácticos, muchos de ellos miembros activos de “Acción Católica”. ¿Su crimen? Negarse a servir a Satanás.

Desde que tengo uso de razón he servido. “Servir” es en mi léxico, ayudar a otros sin exigir nada a cambio. De acuerdo también a la misma opinión personal mía, la familia es una institución creada por dos personas de distinto sexo. La familia debe amarse, sustentarse, educarse y brindarle todos los esfuerzos conducentes a su felicidad en la medida de lo posible. Pero eso no es un servicio, sino la obligación o devoción de un hombre y de una mujer, ambos responsables ante Dios.

Para servir a la libertad de mi patria juré fidelidad a la bandera de la estrella solitaria. Para servir a la dignidad del exilio cubano escribo esta columna, que nadie paga ni nadie pagará jamás. Esa es mi interpretación muy personal e individual de servicio.

Nunca serviré a un mandón que en nombre de una teoría que ni siquiera él mismo comprende, porque no puede ser razonablemente explicada, intente imponerme su criterio. Tampoco del Jefe de un Estado político, aunque sea cabeza de la Iglesia en cuya fe creo.

En el pasado he acogido en estas crónicas a otros escritores con quienes me siento en comunión de razones, intereses e ideales. Hoy por el contrario quiero exponer una manera de analizar la vida social radicalmente diferente a la mía. Copio aquí literalmente lo expuesto por el Papa Bergoglio en el “Primer Encuentro de Movimientos Populares” el 28 de octubre de 2014 en Roma. No he quitado un punto ni una coma. Vean todos como piensa el Papa sobre servicio a la humanidad y analicen.

“¡Los pobres no sólo padecen la injusticia sino que también luchan contra ella!

No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas. Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar. Esto es medio peligroso. Ustedes sienten que los pobres ya no esperan y quieren ser protagonistas, se organizan, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar.

Solidaridad es una palabra que no cae bien siempre, yo diría que algunas veces la hemos transformado en una mala palabra, no se puede decir; pero es una palabra mucho más que algunos actos de generosidad esporádicos. Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero: los desplazamientos forzados, las emigraciones dolorosas, la trata de personas, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de ustedes sufren y que todos estamos llamados a transformar. La solidaridad, entendida, en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares.

Este encuentro nuestro no responde a una ideología. Ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades como las que mencioné y muchas otras que me han contado… tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que ustedes reclaman, pero sin su presencia, sin ir realmente a las periferias, las buenas propuestas y proyectos que a menudo escuchamos en las conferencias internacionales se quedan en el reino de la idea, es mi proyecto.

No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales: Jesús les diría hipócritas. Qué lindo es en cambio cuando vemos en movimiento a Pueblos, sobre todo, a sus miembros más pobres y a los jóvenes. Entonces sí se siente el viento de promesa que aviva la ilusión de un mundo mejor. Que ese viento se transforme en vendaval de esperanza. Ese es mi deseo.

Este encuentro nuestro responde a un anhelo muy concreto, algo que cualquier padre, cualquier madre quiere para sus hijos; un anhelo que debería estar al alcance de todos, pero hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista.

Para mí es suficiente y nada hay extraño. Descifro con facilidad la dialéctica de Bergoglio, porque a buen entendedor pocas palabras bastan. Este es el mismo señor quien predica hoy el deber hacia un servicio compulsivo, sin cuyo cumplimiento no somos dignos de la vida. También es la misma persona quien niega ante el mundo saber de la protesta y represión brutal que todos vimos y oímos ocurrir a pocos metros de su presencia.

Para hacer aún peor su prédica, la hace en una reunión masiva de infelices esclavos, hermanándose sonriente con los amos.

 

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