QUEJAS Y GRACIAS

Por Hugo J. Byrne

Primero las quejas.

Me quejo con amargura del catastrófico problema humanitario creado artificialmente por la voluntaria ausencia del liderazgo norteamericano y de su inmoral justificación política. Sin la mil veces burlada “línea roja” de Obama en Siria, no habría hoy millones de infelices desplazados, huyendo por sus vidas y abrumando las fronteras de Europa.

Me quejo a gritos del acuerdo de Washington con el hediondo Régimen terrorista de Teherán, quien nunca ha cumplido un convenio internacional en su miserable historia y quien es el contribuyente número uno al terrorismo islámico internacional. La cobardía de la presente administración hacia los enemigos jurados de nuestras libertades fundamentales y de nuestros intereses de ultramar, no conoce límites.

Hace sólo unos días, cuando se hizo evidente que la minoría izquierdista-demócrata en el Senado respaldaría ese llamado acuerdo con sólo cuatro defecciones, el piojoso santón Kamenei prometió de nuevo el exterminio de Israel y de su “aliado” Estados Unidos, el “Gran Satán. De acuerdo a las encuestas, el 49% de los votantes norteamericanos se opone al convenio y un 21% lo apoya, aunque otro 30% no sabía de qué se trataba, increíble ignorancia que por sí sola justifica protestar a gritos.

La política exterior de Obama consiste en aplazarlo todo sin encarar nada. Su estrategia se basa en dejar que futuras administraciones hereden el problema y lo resuelvan si pueden, cualquiera sea el resultado nocivo que el futuro inmediato depare a nuestros descendientes. Obama es el epítome de la irresponsabilidad. ¿Acaso no tiene dos hijas jóvenes?

Me quejo con evidentes y válidas razones por el completo abandono militar de Irak, cuando todas las fuerzas terroristas habían sido decisivamente aplastadas. No existe ni un solo militar de alto rango del Ejército de Estados Unidos, retirado o en activo, que esté o haya estado de acuerdo con esa movida política. No existe ni siquiera uno quien la aconsejara. Se puso en marcha sólo para cumplir una promesa electoral a la izquierda política, sin que importara un comino si era o no beneficiosa a la seguridad de esta nación.

Me quejo con legítima indignación de la llamada “apertura” al Régimen Castrista por Washington, planeada desde mucho tiempo antes de la inauguración del presente inquilino de la Casa Blanca a su primer período. Hacerlo en las postrimerías de su mandato y como “lame duck”, subraya una vez más la naturaleza furtiva y corrupta de Obama.

En el momento presente la “agenda de discusión” en esas llamadas “reuniones diplomáticas” entre los representantes de la tiranía castrista y los tarugos que envía Kerry se reducen solamente a las demandas de la primera, como la devolución de Guantánamo, “reparaciones por los daños causados por el bloqueo” y la garantía de créditos para La Habana por el Tesoro de Estados Unidos.

Nada hay en el tapete sobre algún requerimiento de Washington en beneficio de Estados Unidos, de su seguridad o intereses económicos. No lo hay ni lo habrá: Obama entregó todas sus posibles demandas en aras de un mezquino “legado político” izquierdista. Si algún lector duda esa afirmación debe hacerse a sí mismo el gran favor de asesorarse.

Me quejo de la ignorancia peligrosa de tantos votantes quienes ingenuamente apoyan para presidente a un demagogo vulgar y bocón, capaz de juzgar la cara de otra candidata del mismo partido como “demasiado fea para la presidencia”. En este asunto no comparo a nadie con nadie, sino sencillamente uso el sentido común. Si la belleza fuera un requerimiento necesario para gobernar a un país, Golda Meir, por ejemplo, debió ser concursante para Miss Israel. Sin embargo en Israel veneran su memoria con sobrada razón, aunque su cara no fuera muy estética.

Detrás de todo esto se esconde una intolerable ignorancia. Ignorancia de un género exclusivo en esta sociedad: el absurdo cultivo del “celebrity. Negarlo es cerrar los ojos a la realidad. Trump es un negociante de gran éxito, pero también un payaso ególatra, quien ha utilizado los medios de difusión para promover su grotesca candidatura presidencial.

El señor Trump recientemente sumó su venia a la pantomima izquierdista de Obama con los Castro. Muchos de mis hermanos del exilio quienes parecían respaldarlo, ahora están haciendo largas colas delante de ferreterías para comprar cubos con los que cubrir sus avergonzadas cabezas. Sean bienvenidos al “club del desengaño”. Sé cómo se sienten, pues a un servidor le pasó igual durante el primer trimestre de 1959.

Ahora las gracias.

Tengo infinitos motivos para dar gracias. Primero doy gracias humildemente a Dios, quien me permite levantarme aún cada mañana y saludar sonriente al nuevo día, a pesar de que ya cuento más de 80 otoños. Después por mi mujer, gracias a cuyo café matutino puedo escribir esto y gracias a cuyo amor, dulzura, bondad y cuidados todavía respiro. Doy gracias por nuestros hijos, nietos, bisnietos y sobrinos, a quienes no puedo ver tan a menudo como quisiera, pero con quienes me comunico periódicamente. Doy gracias a cuantos publican estas cuartillas y a la bondad de ustedes, quienes me honran leyéndolas.

Doy gracias por mi libertad y dignidad personales, las que siempre he defendido celosamente a costa de lo que fuera. Doy gracias por haber nacido en Cuba y especialmente en Matanzas. Doy gracias por mis padres y tíos y por la colmada infancia que me regalaron, pero mucho más por inculcarme estrictas enseñanzas y amor. Doy gracias por mi hermano mayor, quien fuera en muchos casos mi segundo padre y quien partiera temprano. Doy gracias por los otros hermanos y hermanas del destierro.

Finalmente doy gracias a este gran país en que resido. Aquí ha decursado mi vida. Por eso lo he servido sin interés, pero con celo y denuedo.

 

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