LA FRONTERA DEL ABSURDO

Por Hugo J. Byrne

“La esencia del gobierno es el poder y ese poder, como es natural en manos de los hombres, puede siempre ser fuente de abuso”.

James Madison

Hace unos días recibí un correo de Luis Marín, amigo venezolano, abogado y profesor de leyes, con quien mantengo correspondencia electrónica desde hace varios años. Su mensaje trajo a colación ciertos elementos de juicio sobre las consecuencias muy negativas de la masiva inmigración ilegal a través de la frontera sur de Estados Unidos.

El tema de la inmigración clandestina al que dediqué muchos comentarios en el pasado reciente, surge de las muchas infortunadas acciones y especialmente omisiones por parte de Washington, en lo que se refiere a la necesidad de aplicar las leyes. Otro ejemplo de ello es la demanda que nunca cesa por nuevas ordenanzas contra la “proliferación” de armas de fuego. Hace muchos años, cuando podía dedicarle más tiempo a la investigación sobre esos temas, comprobé que había más de 22,000 leyes federales vigentes relativas al control de armas de fuego, su venta y uso legal. ¿Cuántas habrá hoy?

Los individuos que intentaron adquirir un arma de fuego falsificando información en la solicitud federal en 2012, fueron unos 80,000. Falsear una declaración jurada es un crimen supuestamente penado con gran severidad. ¿Cuántos de ellos cree el amigo lector que el ex testaferro de Obama, Eric Holder, ordenó enjuiciar? El número es 44. No tengo idea cuál fue la cifra de falsificadores de su pasado penal o mental al adquirir un arma en este país durante el año pasado, pero ninguno fue enviado a los tribunales: cero. ¿Para qué sirve un código penal que no se aplica?

El tema de la inmigración clandestina, por supuesto, adolece de idéntico mal. Durante décadas el problema migratorio ilegal ha sido ignorado con indiferencia olímpica por las autoridades federales. Aunque este desastre no se inició con Obama, no es un secreto que durante la actual administración el incesante flujo clandestino ha degenerado en invasión masiva. Tampoco lo es que Washington hoy por hoy estimula esa invasión con acciones ejecutivas imprudentes que en la práctica subvierten nuestras leyes.

El sociólogo Víctor Davis Hanson describió durante la década pasada en su formidable “Mexifornia”, cómo la ola ilegal ha devastado económica y socialmente este estado donde resido. Texas, New Mexico y Arizona, enfrentan el mismo azote, que ya se extiende a casi todos los demás estados de la Unión Americana. De acuerdo a Hanson las consecuencias terribles para California se iniciaron a principios de los años setenta, cuando la economía estatal era ya incapaz de absorber el influjo ilegal.

En su mensaje el profesor Marín encontraba incongruente que el galardón civil más alto de los Estados Unidos, la “Orden de la Libertad” fuera otorgado a la socialista Isabel Allende, el mismo honor con que fuera honrado antaño el dirigente sindical César Chávez, quien se caracterizó por oponerse con uñas y dientes tanto a la inmigración legal como a la clandestina a través de la frontera con Méjico.

Comparto la confusión de Marín. Otorgar la Orden de la Libertad a un socialista tiene tanta lógica como regalarle caramelos o licores a un diabético. Socialismo es por definición una doctrina que trata supuestamente de imponer igualdad a costa de libertad. Realmente, aún esa igualdad económica que en teoría ofrece el estado social es un sofisma. Es imprescindible para el sistema desarrollar una clase “dirigente e ilustrada” que organice la sociedad y haga posible la igualdad entre quienes no dirigen la vida pública. Esto crea el régimen totalitario del llamado socialismo “científico”, entelequia que trataron de construir sin éxito Lenin, Mao, Ho chi Min y Castro. Marx no trató de construir nada. Se limitó a escribir tontadas y a vivir de sus familiares, de su amigo Federico Engels y del cuento.

El único caudillo revolucionario-socialista que siempre emuló en estilo de vida a Marx fue Castro: primero vivió a costa de su padre, después de su suegro. Más tarde del subsidio soviético, después a expensas de su hijo putativo, el desaparecido macaco llanero Hugo Chávez y, a la muerte de éste, del gordo ex conductor de autobuses quien confunde penes con peces. Ahora gracias a los buenos oficios del “Mesías” de Washington quizás tengan los Castro la oportunidad de culminar sus execrables vidas a expensas de quienes pagamos impuestos federales.

No estoy seguro qué es Obama y probablemente tampoco lo sabe él. Su política doméstica se basa en la redistribución arbitraria del capital mediante un mayor control de la economía por el estado. Tiene el crédito por haber sido fiel a su promesa populista y ruinosa de “cambiar radicalmente a Estados Unidos”. El descrédito es sólo para los votantes. El interés de Estados Unidos y su futuro no entran en la agenda de Obama y las acciones del presente Ejecutivo sólo contemplan la posible ganancia política demócrata: su “legado” consiste en consolidar esa ganancia con miras al futuro con un partido único.

No puedo evaluar su política exterior. No puede juzgarse lo que no existe. No hay nación sobre la tierra que pueda sobrevivir con fronteras abiertas. Intentarlo equivale a renunciar a la soberanía, desafiar el sentido común y abrazar el absurdo. También lo abrazan quienes emigran clandestinamente a nuestro país para, conscientemente o no, crear una sociedad reflejo de la misma que abandonaran por las decenas de miles y a cualquier precio.

A pesar del título de este trabajo, el absurdo no conoce fronteras. La Fundación del Premio Nobel confirió a Obama el de la Paz, inmediatamente después de su primera elección presidencial en 2008 y cuando el “organizador comunitario” y Senador junior por Illinois aún no había tomado posesión de la presidencia. No puede demostrarse en buena ley que en esa fecha Obama hubiera hecho algo en favor de la paz del mundo o la de los sepulcros. Lo que sí quedó demostrado de nuevo y más allá de toda duda, es la naturaleza política de ese galardón.

La reciente confrontación entre el candidato presidencial Trump y el activista por la inmigración clandestina Jorge Ramos durante una conferencia de prensa del primero, es otra legítima expresión del absurdo. El gran villano de esa jornada, en la opinión de un servidor, es la prensa de “main stream”. Mientras el futuro holocausto nuclear se garantizaba mediante el “tratado” entre Obama y los fanáticos criminales de Teherán, cuyo historial en convenios diplomáticos es no cumplir ninguno, el cuarto poder se dedicaba por entero a esa ridícula ópera bufa.

El convenio entre la administración y los santones corta cabezas de Irán es la burla postrera de Obama hacia el pueblo norteamericano. La prensa “liberal”, con su desdén cotidiano por la objetividad, apenas hizo referencia al tema. Mientras tanto todo continúa y continuará igual en la frontera del absurdo.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image