¿QUIÉN ES HILLARY RODHAM CLINTON?-

Por Hugo J. Byrne

“Esto es para beneficio de aquellos que aspiran a cambiar el mundo de lo que es a lo que ellos creen que debiera ser. El Príncipe fue escrito por Maquiavelo para que los ricos supieran como mantener el poder. Las Reglas para los Radicales está escrito para que los pobres sepan como arrebatárselo”.

Saul Alinsky (1971).

La presente situación nacional puede hacer crisis más pronto de lo que nadie se imagina y es básico para los votantes conocer a los candidatos. La ignorancia siempre es dañina, pero en el tema electoral puede volverse trágica cuando no conocemos suficientemente a los probables aspirantes.

En nuestro caso la candidatura en disputa es nada menos que a la presidencia de los Estados Unidos. Mucho mejor que averiguar en la superficie si este aspirante es “malo” o si la otra es “peor” sólo a través de sus declaraciones públicas, es adquirir el conocimiento verdadero, objetivo e histórico de la trayectoria política y académica de cada uno.

Aunque en buena ley los cubanos nunca elegimos dictador a Fidel Castro, no cabe duda que, como Hitler en la Alemania de los años treinta, el futuro tirano era inmensamente popular entre nosotros durante los primeros meses de 1959. Un servidor lo recibió entre un grupo armado y delirante el día 8 de enero en la Calzada de Columbia, varias cuadras al oeste del río Almendares. Castro se dirigía lentamente a los cuarteles de la llamada “Ciudad Militar”, con el propósito de pronunciar su primer discurso público desde el poder. Estaba sentado en un vehículo militar rodeado de otros barbudos, saludándonos con la mano. Lo mirábamos desde la acera sur.

Yo portaba una pistola Mauser “Broom handle” en la cintura y en mis manos tenía un rifle militar cal .3006 con cinco plomos en el cargador, pero lo único que hice con éste fue levantarlo en la mano derecha sobre mi cabeza, a guisa de saludo al “líder de la revolución triunfante”. Nunca viviré lo suficiente para agotar mi arrepentimiento por la oportunidad perdida. Tenía entonces veinte y cuatro años de edad, era soltero y totalmente ignorante de quién era Castro. Sólo me animaba entonces la rebeldía ciega contra un gobierno ilegítimo, producto de un golpe militar al sistema constituido. Lo único que me consuela hoy es la certeza de que sin mi ignorancia de entonces no existirían mis hijos, nietos y bisnietos.

De todas formas estimo trágico no haber sabido algo más detallado sobre el personaje objeto de la universal bienvenida. En eso los amables lectores me aventajan hoy respecto a Hilaria Clinton.

No pretendo escribir una biografía de Hilaria en el muy limitado espacio que dispongo. He leído tres de ellas, incluyendo una laudatoria y otro libro sobre la familia Clinton cuando Bill era presidente. Además he leído “Year of the Rat” (“Año de la Rata”) sobre los manejos de los Clinton con la “Nomenklatura” china a expensas de esta nación. He leído también el intenso capítulo que sobre Hilaria escribió el brillante periodista de Fox, Jonah Goldberg en su incisivo libro “Liberal Fascism”. Sugiero al amigo lector preocupado con el destino de esta república, que verifique por sí mismo cuanto narro aquí.

Me limito a analizar un tema académico muy revelador sobre la candidata Clinton: su tesis de grado de 92 páginas en 1969 del “Wellesley College”, privada y carísima universidad para mujeres de Massachusetts, no lejos de Boston. El apellido de Hillary era entonces Rodham.

En mi opinión lo más importante de esa tesis de grado es que tiene una historia que trasciende los conceptos enunciados en ella: en 1993 esa tesis fue vedada al escrutinio público a pedido de la Casa Blanca y mantenida fuera de ese dominio hasta el 2001. Que ello ocurriera simultáneamente a los dos períodos de Bill Clinton como presidente, es una “coincidencia”, absolutamente improbable.

Hillary Rodham tituló su tesis de grado “There is only the Fight…: An analysis of the Alinsky Model” (“Existe solo una pelea…: Un análisis del modelo Alinsky”).

Saul Alinsky era, como su otro conocido discípulo Barak Obama, un Organizador Comunitario” en Chicago cuando publicara su “Reglas para Radicales en 1971. En un principio eran sólo doce y posteriormente las duplicó. Traduzco casi literalmente a Alinsky, en su primera edición. De cada regla escojo lo esencial pues la alternativa haría esto interminable y hasta podría violar derechos de autoría.

Regla #1: “El poder no reside solamente en lo que tienes, sino en lo que el enemigo cree que tienes. El poder emana de dos fuentes: la gente y el dinero”.

Regla #2: “Nunca recurras a un tema que tu gente no conozca. Ello resulta en confusión, miedo y retirada. Sentirse seguro ayuda a la firmeza de cualquiera”.

Regla #3: “Siempre que sea posible usa aquello con lo que tu enemigo no esté familiarizado. Busca la forma de aumentar su inseguridad, ansiedad e incertidumbre”.

Regla #4: “Fuerza al enemigo a que tenga que actuar de acuerdo a sus propias reglas. Ejemplo: si cada carta requiere una respuesta individual, envíale 30,000. Puedes destruirlo con esta práctica, pues nadie es capaz de obedecer todas sus propias reglas”.

Regla #5: “El ridículo es la más poderosa de las armas. No hay defensa contra él. Es irracional y enfurece”.

Regla #6: “Una buena táctica es aquella que tu gente disfrute. La siguen practicando sin necesidad de estímulo y recurren a ella naturalmente”.

Regla #7: “Una táctica que se usa por mucho tiempo sin lograr resultados se convierte en un lastre. Hasta los activistas radicales llegan a aburrirse”.

Regla #8: “Mantén siempre la presión. Nunca des pausa. Continúa usando nuevas formas de mantener al enemigo fuera de balance”.

Regla #9: “La amenaza es siempre más temible que su puesta en práctica. La imaginación y el ego son capaces de más terror que la acechanza de cualquier activista.

Regla #10: “Cuando se machaca una mentira fuertemente llegará a convertirse en verdad virtual”.

Regla #11: “El precio de un ataque victorioso es una alternativa práctica. Recuerda la moraleja de que si no eres parte de la solución, eres parte del problema”.

Regla #12: “Escoge el objetivo enemigo individualmente y aíslalo de apoyo. Los individuos son siempre más susceptibles que las instituciones. La crítica debe dirigirse hacia ellos (esto es cruel, pero efectivo)”.

No todas las reglas de Alinsky son despreciables ni en consecuencia desechables. No debemos ignorar la importancia de aquellas que no atenten contra nuestra ética. Hilaria Clinton aún sigue todas al pie de la letra y, a menos que sea acusada de violar la ley por el affaire de los correos electrónicos, puede convertirse en la próxima presidente de los Estados Unidos. No es racional criticar el éxito.

En fin de cuentas, ya hemos sufrido casi siete años de la presidencia de otro fiel discípulo de Alinsky: Barak Hussein Obama. El daño a esta nación perpetrado por Obama y sus compañeros de viaje es casi irreparable. El más importante eslabón en la cadena filosófica entre Clinton y Obama es que son hijos de un mismo padre dialéctico.

El resumen del extremo político personificado por Obama y H. Clinton se explica más simplemente en los ocho niveles de control que Alinsky recomendara como básicos para establecer un “Estado Social”:

No 1: Salud Pública: cuando se controlan los servicios de salud para la comunidad, se controla la comunidad.

No 2: Pobreza: es básico incrementar la pobreza al mayor nivel posible. La mayor medida de pobreza en una sociedad resulta en mayor capacidad de control por el estado. El estado debe ser proveedor de todo: así no habrá rebeldía ni protesta.

No 3: Deuda Nacional: la deuda nacional debe incrementarse a un nivel impagable. De esa manera se vuelve imperioso aumentar los impuestos y esto a su vez genera más pobreza y mejor control.

No 4: Control de las armas: abolir el derecho individual a usar armas de fuego excepto por las fuerzas del orden social. Esto destruye la habilidad de subversión contra el estado.

No 5: Bienestar Social: necesidad de controlar todos los aspectos de la vida en la sociedad (comida, vivienda, ingreso, etc.).

No 6: Educación: control absoluto de lo que la gente vea, lea o escuche. Control absoluto de lo que los niños aprendan en la escuela.

No 7: Religión: prohibir la creencia en Dios en las facilidades del estado y su enseñanza en las escuelas.

No 8: Lucha de Clases: dividir la sociedad entre pobres y ricos. Esto genera inquietud social y descontento. Esa situación hace más fácil subir los impuestos con el apoyo de la creciente clase pobre.

Todo lo expuesto explica la trayectoria pública de Hilaria Clinton mejor que ninguna biografía.

 

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