DONALD TRUMP Y GUILLERMO NOVO

por Esteban Fernández

Donald Trump es la antítesis de la clase de personas que a mí me caen bien. Es decir que me cae malísimamente mal. Puede tener todos los méritos del mundo, cierto que ha acumulado una inmensa fortuna y también acepto que dice -lleno de arrogancia- un montón de medias verdades, sin embargo, no lo soporto por engreído, zoquete y abusador. ¡Ñoooo, que clase de mequetrefe con ínfulas de Mesías es este tipejo!

Meterse con Megyn Kelly que es una mis favoritas en Fox News me cayó como una patada al hígado aunque ya Trump me caía mal desde su programa de televisión donde hacía alardes de botar de la producción a cajas destempladas y gritándole “You are fire” a cuantos él consideraba ineficaces que no debían seguir en su “reality show”. Siempre he considerado que echar de un empleo a una persona -a no ser que sea un ladrón- debe ser algo discreto y en privado pero él lo hacía barriendo el piso nacionalmente con el expulsado.

Y ahora en el debate poniendo su egolatría por encima del Partido Republicano y amenazando con servirle el país en bandeja de plata a Hillary Clinton le puso la tapa al pomo. Es un verdadero bofe. Desde luego, no les voy a mentir, si él fuera la única opción contra Hillary me quedaba con él.

Aunque lo cierto es que no hay una sola vez en que yo escuche a Donald Trump que no piense en mi amigo Guillermo Novo Sampol. Debían ponerlos en los diccionarios como antónimos. Usted busque su nombre en Google y ya verá que la tiranía le dedica miles de ataques a su persona y a sus actividades contra el régimen cubano, y ya eso debía ser suficiente para mí.

Pero lo grande de Guillermo Novo, por encima de haber sido uno de los mejores combatientes contra la dictadura castrista, es que (al revés que Trump) jamás hace un alarde, ni se las da de guapo, ni exhibe en ningún lugar sus merecimientos.

Para el ciudadano cubano común y corriente que no ha participado en esta contienda Guillermo Novo es uno más del montón porque no recibe medallas, ni premios, ni lanza discursos, ni suscribe proclamas, ni es recibido con bombos ni platillos en ninguna parte.

Se prodiga muy poco, casi no se ve en los lugares públicos, vive una vida humilde y tranquila. Mientras Trump aspira a la presidencia de los Estados Unidos, Guillermo Novo no aspira a nada, ni quiere ser jefe de nada, aunque a mí en lo particular a estas alturas él sería el único jefe que yo aceptaría. Seguro plenamente de que él multiplicaría por mil mis actividades.

Donald Trump es un alardoso, mientras Guillermo Novo Sampol es uno de los poquitos héroes que nos van quedando. Soy un firme admirador del militante anónimo mientras siempre he detestado a los petulantes. Algunos pensarán que estoy ligando “apples and oranges” pero yo considero que lo que estoy haciendo es el papel de criba separando el polvo del trigo. Estoy distanciando dos modos de ser, eso es todo.

El que quiera que vote por Donald Trump para presidente de este país -esa es una prerrogativa del ciudadano norteamericano- yo simplemente propongo y le ruego a Dios que Guillermo Novo Sampol asuma la dirigencia de los luchadores cubanos que todavía quedan sin rendirse, aunque muchos no lo crean ni lo sepan.

 

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