CONTRABANDISTAS Y PIRATAS

Por Hugo J. Byrne

Traficar con el producto del robo implica riesgo y quienes se apropian de lo ajeno por violencia o fraude, nunca son socios comerciales confiables. Además, quienes conscientemente persisten en negociar con los primeros son tan deshonestos como ellos.

Me quedo corto: son mucho peores. El salteador de caminos quien me despoja de mi propiedad, al menos en mi caso siempre corre el riesgo de que yo riposte con violencia a su violencia. El contrabandista quien lucra a través de transacciones deshonestas con un sangriento pirata, casi nunca asume peligro alguno. Hace posible que el peor crimen sea negocio próspero y es, además de ladrón, cobarde.

Respaldando a los piratas existen siempre otros quienes se benefician de sus crímenes. Se llaman contrabandistas. El contrabandista y el pirata tienen una relación simbiótica. Se complementan cual la soga y el caldero. No podría existir uno sin el otro. Para que un pirata subsista es necesario que alguien compre su botín y ese botín es con mucha frecuencia humano.

Ejemplo: la trata. Esa espantosa institución, que aún existe en África y Asia, fue el origen de la esclavitud negra en el Nuevo Mundo. Los negreros compraban esclavos capturados por nativos a tribus enemigas en las costas del oeste de África para revenderlos en América. La cacería de negros por blancos popularizada en obras como “Roots”, es una fábula.

Ejemplo: los llamados imperios europeos, macro-estados del siglo XIX, los que colonizaran a la fuerza partes de Asia, África y Europa. Pretensamente lo hacían con el propósito de civilizar esos territorios. Pamplinas. Salvo en raras excepciones el llamado “White man’s burden” era una patraña de piratas para obtener espacio vital, mano de obra barata y materias primas, compitiendo ferozmente con los imperios vecinos.

Ejemplo: la desaparecida Unión Soviética, versión leninista de las teorías de Marx, sólo que más cruel, más despótica, más totalitaria y más agresiva que los Imperios Otomano y Austro-Húngaro, pero también más ruinosa que ellos. Esos dos imperios carcomidos colapsaron por su propio peso en el epílogo de la Primera Guerra Mundial.

Ejemplo: los copiadores de Lenin, como Mussolini y, más tarde, Hitler. El nazismo, originalmente en alianza con los soviéticos, sumió a Europa en una conflagración mundial. Después tuvo la colaboración del fascismo italiano y el Imperio Japonés. La Segunda Guerra Mundial es el ejemplo histórico más perfecto de los desastres que originan las transacciones entre piratas y traficantes.

En nuestra época todavía existen piratas que prosperan beneficiándose esencialmente del contrabando: Castrolandia primero fue cliente de su madre putativa, la llamada Unión Soviética, hasta que ocurriera el merecido mutis de esta última. Más tarde fue cliente de los sucesivos regímenes de Chávez y Maduro, satrapías simultáneamente piratas y contrabandistas.

La Habana también recibió el incesante tributo miserable de repugnantes contrabandistas quienes hipócritamente pasaran durante años por exiliados cubanos. Estos han existido desde los albores del castrismo, pero ahora salen abiertamente del “closet”. La venta de la libertad de los cubanos a cambio de ganancias políticas se inició en abril 17 de 1961 y concluyó el 17 de diciembre del 2014. ¿Una fijación con el número 17?

Hoy los más consumados pretendientes al contrabando están en los predios del poder ejecutivo en Washington. Obama adquiere ventajas a su agenda política y un “legado liberal”, a costa de la libertad de los iraneses, a quienes abandonó en el año 2009, a costa de la seguridad del Estado Israelita, al que vende con un acuerdo que garantiza no sólo la adquisición inmediata de armas nucleares por el régimen islámico-iranés, sino también los mecanismos necesarios a su lanzamiento, renglón que no aparecía en la minuta del acuerdo original. Esa condicional fue agregada por Teherán en el último momento, sin que el Secretario Kerry se inmutara.

 

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