NUESTRO PATRIMONIO

Por Hugo J. Byrne

A la memoria de Mario Muxó (1941-2015), compatriota, amigo y soldado de la patria.

A medida que vamos creciendo en años a veces vamos también creciendo en capital, pero la riqueza humana no se mide cuantitativamente, o en propiedades materiales, sino en la virtud moral del esfuerzo. El éxito en la nuestra vida depende de cuánto luchemos por alcanzar nuestros objetivos.

Empezando con aspiraciones modestas, creía ingenuamente que mi vida sería relativamente fácil y terminaría en éxito. Enseguida encaré mi incapacidad para planificar el destino: todo es efímero y mayormente fuera de nuestro control.

Mientras más pesado sea el objeto que golpea la superficie del agua, más lejos llegarán las ondas concéntricas que generó el golpe. El destino humano sin embargo, no funciona como las leyes naturales.

Eso lo confirmamos los cubanos libres quienes marchamos al destierro forzados por nuestra hostilidad hacia la tiranía castrista. Hostilidad que nos impusiera la honradez y nuestro amor a la libertad de Cuba. Carente de falsa modestia, estimo que si todos los cubanos que emigraron hubieran tenido esa motivación, el castrismo habría sido derrotado desde hace mucho tiempo.

¿Significa eso que aramos en el mar? En lo absoluto. Tengo la evidencia de que no es así. Si yo fuese inofensivo o incapaz de hacer mella, sería ignorado olímpicamente por los tiranos cobardes y soberbios. Por el contrario, me han dedicado varios artículos calumniadores y abusivos. Me han atacado implacablemente a través de sus quintacolumnistas en Estados Unidos y sus esclavos plumíferos en Castrolandia. Me denuncian e insultan en "emails" y en páginas electrónicas.

Me llaman "terrorista", entre otros piropos menos peligrosos en esta hora de incertidumbre y "political correctness". Pero, anoten bien los amables lectores: para un servidor con cada insulto o amenaza de "Granma", Jiribilla, New York Times y otros libelos de la misma ralea, crecen mis méritos nacionales. Mi capital de virtudes cubanas gana puntos en la bolsa de valores morales. Hermanos del destierro, no es prudente esperar más: ¡Es hora de comprar acciones de Cuba Libre!

En un ensayo viejo que titulé "Menciones Honoríficas", hacía referencia a estas condecoraciones que me dedicaban Granma y Jiribilla. Las catalogo junto a los mensajes de solidaridad hacia esta columna por parte de mis hermanos del destierro. Ambos contribuyen al gran capital que he amasado durante mi paso por la vida. Ese capital es enteramente mío: ni la muerte me lo puede arrebatar.

Francisco Vicente Aguilera cambió una de las fortunas mayores en la Cuba de los tiempos coloniales por otra aún mayor, pues todavía le pertenece. Aguilera murió en un hospicio de New York, como pobre de solemnidad. Antes de la "Guerra de los Diez Años", cuando sus latifundios abarcaban casi la cuarta parte de la región oriental de Cuba, afirmaba que nada poseía: Nada tengo mientras no tenga patria". No me comparo con Aguilera, pero a Cuba he ofrendado todo lo que realmente poseía: el tiempo de mi vida.

Los integristas peninsulares se burlaban del prócer del 68 llamándolo "Pancho Aguilera, el del cañón de madera". En la Guerra Grande perdió todo su peculio, parte porque lo usó para financiarla y el resto porque las autoridades coloniales se lo confiscaron. Perdió posesiones materiales que no podía llevarse a la tumba. En compensación ganó una gloria nacional que siempre será suya. Durante los primeros años de la era de los Castro, el sistema propagandístico-educacional marxista intentó pintar a la insurrección de Yara como la intentona de un grupo de terratenientes acaudalados, con más interés en proteger sus negocios con Norteamérica que en lograr la independencia cubana de España.

Aunque todavía mal disimulan una comprensible antipatía por el anticomunista Ignacio Agramonte, los "historiadores" de Castrolandia se vieron forzados por sentido común a renunciar al propósito malvado de ensombrecer las vidas ejemplares de los próceres del 68. Se puede tergiversar la historia, pero no convertirla en caricatura, porque nadie toma en serio a quien lo haga. Los colonialistas del 68 saquearon el peculio de los patriotas cubanos. Sus legítimos descendientes castristas fracasaron ruidosamente en mancillar su gloria.

Nuestra cubanía está a salvo y completamente fuera del alcance de los bandidos que confiscaron el poder político en enero de 1959. Nos podrán despojar de propiedades o incluso de nuestras vidas, pero jamás podrán hacernos sus esclavos ni cómplices de sus intereses.

Esa actitud representa nuestro verdadero capital. Nos hace ricos el amor inquebrantable a la libertad y a nuestra patria, junto a la capacidad de sacrificio que tenemos para avanzar ese ideal inmarcesible. Ese sentimiento noble es lo único que de verdad tenemos, pero siempre será nuestro.

 

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