DISTANCIA Y CATEGORÍA

Por Esteban Fernández

La idea original es la correcta, es decir que derrocar a la tiranía a través de las armas era y es la única solución, según yo. Pero, como no se ha triunfado entonces cualquier diletante con ideas y métodos diferentes está a la misma altura de gente como Guillermo Novo Sampol, Pedro Remón, Félix Rodríguez Mendigutía, Henry Agüeros, Luis Posada Carriles, Horacio Minguillón, Virgilio Paz, Aldo Rosado, Alvin Ross, Ernesto Díaz Rodríguez, Reinol Rodríguez, Osiel González, Armando Valladares o Tony de la Cova.

Vamos a hacer un símil: Usted puede tener una idea magnífica, ponerla en práctica, tratar de crear con ella un negocio, trabajar 50 años, 15 horas diarias los siete días de la semana, pero si la empresa fracasa entonces cualquiera pone un puesto de vender fritas en una esquina y si el negocito se llena de clientes el fritero está a la misma altura, o mucho más acertado, que usted.

Y en la causa cubana pasa exactamente igual. A algunas mujeres dentro de Cuba y visitantes que no han hecho absolutamente nada tratando de liberar a Cuba- a no ser criticar algunas cosas y recibir premios y dinero- las ponen a la par de La Niña del Escambray, de Polita Grau, Cary Roque, Nelly Rojas, Iliana Curra, Ana Lazara Rodríguez, Alicia del Busto, mi coterránea Olga Marrero y cientos más...

Lo cierto e inquebrantable es que el remedio para el cáncer castrista ayer, hoy y mañana, es la tea incendiaria de Máximo Gómez, pero como ya no se lucha verdaderamente, los combates que se hicieron se perdieron y muchos verdaderos luchadores por la plena libertad lucen cansados y desilusionados, entonces -desgraciadamente- a esos antiguos guerreros los colocan en igualdad de condiciones con un Guillermo Fariñas, por poner un buen ejemplo.

Mientras, los valientes de Alpha 66, de la Brigada, del Movimiento Nacionalista, del MRR, de Comandos L son medidos con la misma vara que los que reciben dos pescozones en Santiago de Cuba. Porque ni unos ni los otros han resultado victoriosos. Y ante las derrotas, y en la oscuridad de los fracasos, todos son parecidos.

La mayoría sabe que se perdió la gran guerra del Escambray y entonces si uno de esos alzados heroicos -como Agapito “el Guapo” Rivera- llega a comer al Versailles le hacen mucho menos caso que a cualquier disidente que va y viene, y dice que “aquello está muy malo” sin tirarle ni un hollejo a un miliciano dormido en su posta.

Y actualmente se ven cosas increíbles como que a uno de los verdaderos creadores de esa disidencia llamado Ricardo Bofill Pagés ha estado muchos años enfermo e ignorado y ninguno de los opositores actuales lo visita. Es más, muchos ni lo conocen y nadie me puede decir si está vivo o muerto. Si no fuera por las menciones que le hace Roberto Luque Escalona nadie supiera de él.

La causa cubana es la primera del mundo donde no existe antigüedad ni escalafón. Ante tantos descalabros, repito, todos los gatos son pardos. En la misma escala están un héroe de Playa Girón como Hugo Sueiro, un caballero mutilado producto de la lucha como Luis Crespo, o un preso eterno como Eduardo Arocena, y hoy los equiparan a cualquiera que diga que la solución reside en las visitas de turistas norteamericanos. Parece que la nueva teoría absurda es que acariciándoles los senos en las cristalinas aguas de Varadero a unas jineteritas de 16 años van a derrocar al castrismo.

La historia la escriben siempre los que ganan la pelea. Esa es una premisa famosa, aceptada y comprensible. Lo inaudito es que en la actualidad cubana la historia la están contando los que no han participado durante más de 50 años en esa contienda. Y la están redactando también los que aplauden a los que pacíficamente no cambiarán esa historia.

Ahora tal parece que todos están en igualdad de condiciones producto de que no se ha podido ganar este conflicto. La señoría en la lucha ha sido aplastada. La única buena noticia es que los que saben de verdad conocen y admiran a los verdaderos paladines de esta epopeya y saben quienes son los advenedizos.

Y a todos esos combatientes del pasado glorioso que algunos tratan de asemejar con la mansa plebe yo les sugiero que ante la presencia de la resaca que inunda al exilio repitan 20 veces al día: “¡Distancia y categoría!”

 

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