LA CARAVANA DE LA VANIDAD.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Desde la distancia, parecería ser un enorme y amorfo campo de candidatos; pero las encuestas más confiables indican que hay nada más que tres de ellos con altas probabilidades de ser postulados por los republicanos: Marco Rubio, Scott Walker y Jeb Bush.

Nos encontramos escasamente a 500 días de distancia de las elecciones presidenciales de 2016. En esta primera etapa de la campaña los aspirantes a ser postulados se concentran en lograr la atención de la prensa y en atraer a posibles donantes. Es la estación de la tontería en que los activistas políticos pueden soñar sobre las posibilidades de su candidato preferido y los expertos pueden darse el lujo de especulaciones carentes de fundamento. De hecho, con 10 candidatos ya declarados y 10 que amenazan con declararse en las próximas semanas las primarias republicanas podrían convertirse en las más numerosas desde la fundación del partido.

Un número limitado de estos candidatos se las arreglará para ganar algunas primarias, aún cuando no tengan la más mínima probabilidad de ganar la postulación ni las elecciones generales. Algunos de estos aspirantes se encuentran demasiado a la derecha para salir victoriosos en estados donde predominan los electores independientes, otros son conflictivos y divisivos aún dentro del propio partido. Muchos de ellos son novatos que jamás han desempeñado un cargo por elección y algunos son momias políticas pasadas de moda. En otras palabras, candidatos como Ted Cruz, Rand Paul, Ben Carson, Mike Huckabee, Rick Santorum y Lindsey Graham, todos gente de talento y preferidos sin dudas por minorías extremistas dentro del partido, no tienen la menor probabilidad de ser postulados y muchos menos de ganar unas elecciones generales. Son globos desinflados que no se dan cuenta de que hacen el ridículo porque los ciega una vanidad enfermiza.

Algunos analistas hablan de una competencia cerrada por la postulación republicana pero están equivocados porque esto no es otra cosa que un espejismo. La realidad es muy diferente. Desde la distancia, parecería ser un enorme y amorfo campo de candidatos; pero las encuestas más confiables indican que hay nada más que tres de ellos con altas probabilidades de ser postulados por los republicanos: Marco Rubio, Scott Walker y Jeb Bush. Cualquiera de ellos, sobre todo Marco Rubio, podría barrer el piso con la dama camaleónica de Hilary Clinton. Ese es el dictamen del grupo liderado por un analista con una larga trayectoria de aciertos en sus vaticinios electorales: Larry Sábato, Director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Virginia.

Después de perder dos elecciones presidenciales seguidas y del circo deplorable de sus primarias de 2012, el Partido Republicano parece haber aprendido la lección. Se ha remangado las mangas y cortado por lo sano. En este 2016 no habrá 27 debates en las primarias republicanas como en 2012. Habrá sólo 12 y la participación estará limitadas a los 10 aspirantes que tengan los mejores números en las encuestas.

Y en cuanto a los debates para las elecciones generales, el Jefe del Partido, Reince Priebus, ha dicho que no caerán en la trampa como hasta ahora de aceptar como moderadores a periodistas de izquierda disfrazados de imparciales. Los republicanos ejercerán un derecho de veto en cuanto a los moderadores. Activistas como George Stephanopoulos y Candy Crowley no podrán inclinar la balanza hacia Hillary Clinton, tal como lo hizo la Crowley cuando interrumpió a Mitt Romnney y salvó a Obama del ridículo en el último debate de la campaña presidencial de 2012.

Por otra parte, este año los republicanos están hambrientos de ocupar de nuevo la Casa Blanca y los más realistas entre ellos saben que, si no logra reunir a sus diferentes vertientes ideológicas, el partido no cuenta con la menor probabilidad de resultar victorioso. En este momento no habrá un único delantero en la contienda por la postulación; pero hay un número muy reducido de políticos que cuentan con los recursos, la posición moderada y el potencial de aumentar la base del partido. Ellos son el Senador Marco Rubio, el Gobernador de Wisconsin, Scott Walker y el ex Gobernador de la Florida Jeb Bush, no necesariamente en ese orden.

A pesar de las cantidades siderales de donaciones que ha logrado acumular, es obvio que Jeb Bush está teniendo un pobre desempeño en esta contienda. Jeb está en una posición peor que su padre en 1987 o su hermano en 1999. Este Bush parsimonioso y melancólico no intimida a nadie. Sus habilidades políticas están deterioradas, es un terrible orador y sus posiciones en cuanto a inmigración y Common Core le han ganado la hostilidad de muchos ideólogos dentro del partido.

Rubio por su parte ha sido una sorpresa que ha socavado el potencial de Jeb Bush. Hace un par de meses muy pocos, incluyéndome yo, pensábamos que Marco podría enfrentarse con éxito a Jeb y retarlo en el estado del sol. Pero esto no es un milagro sino un hecho que tiene una explicación lógica. Marco tiene el potencial de reducir la ventaja del Partido Demócrata entre los hispanos y puede presentar un contraste generacional frente a la veterana Hillary Clinton. Un paso de progreso hacia el futuro contra un salto de retroceso al pasado.

Y en cuanto a Scott Walker, aunque con menos dinero que Jeb Bush y menos carismático que Marco Rubio, cuenta con las credenciales y el potencial suficientes para figurar en esta lista exclusiva de los tres delanteros. En un artículo que escribí sobre Walker en enero de este año dije: "… en junio de 2012, se convirtió en el primer gobernador en la historia de los Estados Unidos en sobrevivir una elección revocatoria, obteniendo incluso un mayor número de votos que en su elección para gobernador". Y después apunté: "En su libro "Nunca Intimidado"--"Unintimidated" en inglés--Walker nos cuenta como salvó a Wisconsin de la bancarrota transformando un déficit de 3,600 millones de dólares en un superávit de 500 millones".

Por mi parte, me siento optimista de que en estas presidenciales los republicanos ganarán la partida porque llegan a ellas desesperados por ganar y fortalecidos por haber aprendido de los descalabros del pasado reciente. Saben que estas elecciones no serán un concurso de Miss Universo, una premiación de "Oscares" o una ceremonia del "Premio lo Nuestro". Que éste será un combate "duro y sin guante" en que se juega tanto el destino de los Estados Unidos como la supervivencia de su propio partido.

Saben además que, por no jugar con esa intensidad, perdió Romney frente a un Obama con un desempeño horrible como administrador y como comandante en Jefe. Que cuando se pelea contra una mafia como la de los Clinton y los Obama hay que presentar una contraofensiva demoledora como demandan las intrigas y calumnias con las que estos mafiosos hacen campaña. Vaya a casa toda esa caravana de vanidosos que amenaza con debilitar a aquellos con sólidas probabilidades de recuperar la Casa Blanca. Porque en esta hora de grandes peligros y decisiones pragmáticas no hay espacio para quienes antepongan la vanidad personal al bienestar de su patria.

6-14-2015

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