LA LECCION DEL PRIMERO DE ENERO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Trece millones de cubanos, unos en Cuba esclavos de la tiranía y otros peregrinos atormentados por la falta de patria, asistimos incrédulos al quincuagésimo segundo aniversario del primero de enero que arrasó con nuestras libertades y puso fin a nuestro incipiente proyecto de nación. Aquel día de 1959, un dictador corrupto salió huyendo para salvar sus mal habidos caudales y un consumado manipulador se hizo del poder prometiendo democracia pero instaurando en cambio la tiranía más prolongada y sanguinaria que ha conocido América.

 

No voy a cantar loas a nuestras virtudes ciudadanas ni a exagerar nuestros indiscutibles logros en economía, educación y asuntos sociales. Ya lo han hecho otros antes que yo con exhaustivos análisis y documentadas estadísticas. Pero si digo a todo pulmón, aunque les moleste a quienes nos llenan de vituperios para descargar su odio o justificar su indiferencia, que la Cuba de 1959 era el país equivocado para la instauración de la primera dictadura comunista en nuestro continente. Todos los indicadores con los que se miden el desarrollo de las naciones la ponían entre los tres primeros países de América Latina y hasta por encima de países europeos como Italia, España y Portugal.

 

Desgraciadamente, eso no nos exonera de nuestra culpa colectiva en la pesadilla que ha erosionado por medio siglo las fibras más íntimas del alma nacional cubana. Una lista prolongada de nuestros errores sería un ejercicio en masoquismo que he dejado en el largo camino de mi exilio pero, para ilustrar este trabajo, me veo obligado a señalar algunos.

 

Empecemos por nuestra renuencia a tomar las riendas de nuestros destinos nacionales a pesar de todos los alardes de nacionalismo de nuestros más consumados demagogos. Prueba al canto. Como todos sabemos, fue solamente una minoría de visionarios la que expresó preocupación ante muestras de un sistemático asalto comunista al poder en los primeros meses del proceso totalitario. La respuesta mayoritaria fue: “Los ‘americanos’ no van a tolerar un régimen comunista a 90 millas de la Florida”. Los últimos 50 años se han encargado de demostrar la falacia de esa afirmación.

 

Estábamos, después de todo, acostumbrados a que nuestros poderosos vecinos del norte nos sacaran las “castañas del fuego” con sus periódicas intervenciones militares o sus interferencias solapadas en nuestros asuntos internos. Cuando Washington se mostró cauteloso y no nos llegó la libertad de regalo muchos optamos por salir del país, una mayoría para salvar el pellejo y una minoría para organizar algún tipo de rebelión armada. Pero, aún este número ínfimo de patriotas entre los cuales me incluyo, acatamos sin suficiente energía u oportuna protesta que fueran nuestros aliados norteamericanos quienes determinaran la forma, lugar y hora de la empresa libertadora.

 

Los resultados trágicos y desastrosos fueron las traiciones de Girón y de la Crisis de Octubre de 1962 con el agravante del Pacto Kennedy- Khrushev, la persecución por Washington de los patriotas que, desde costas de otros países se proponían llevar la guerra a las playas cubanas, la invasión demográfica del Mariel, la impunidad ante el derribo de los aviones tripulados por jóvenes de Hermanos al Rescate, la política de apaciguamiento de los demócratas y la política de indiferencia de los republicanos. Si, a todos los culpo. Y lo lamento por aquellos amigos que siguen creyendo que la libertad nos llegará cabalgando en un elefante.

 

Todavía por estos días, nos hacen el regalo de navidad de perseguir a ese anciano benemérito, valiente, vertical y patriota por partida doble, porque ha defendido tanto a Cuba como a los Estados Unidos, que es mi amigo Luís Posada Carriles. Si mi amigo, para que tomen nota la repulsiva Seguridad del Estado y sus agentes que vienen a Miami bajo la cubierta de intercambio artístico y cultural.

 

Otro ángulo de nuestra sicología de dependencia ha sido la esperanza que una vez depositamos en la solidaridad de nuestros “hermanos latinoamericanos”. Quienes hemos acumulado años y millas en este proceso recordamos las peripecias, engaños y vericuetos de las Asambleas Generales y Conferencias de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos en el primer decenio de nuestro exilio.

 

Muchos de nosotros tuvimos que soportar la burla de amigos latinoamericanos quienes, además de insinuar que éramos cobardes porque no derrocábamos al tirano, nos decían: “En mi país jamás habrá un Fidel Castro”. Los últimos quince años se han encargado de producir varios hijos putativos del monstruo de Biran en unos cuantos países al sur del Río Grande. Es verdaderamente lamentable que, como nosotros un día, ellos estén pagando hoy un precio tan alto por su ceguera, su arrogancia y su falta de solidaridad.

 

Pasando a un plano constructivo, albergamos la firme esperanza de que estos cincuenta y dos años de universidad del dolor para el pueblo cubano nos conduzcan a graduarnos como ciudadanos responsables, trabajadores, vigilantes y dueños de nuestro destino. Nunca más lideres providenciales ni tablas de salvación extranjeras. Siempre el pueblo en control del gobierno y nunca el gobierno en control del pueblo. Siempre el ciudadano ganando su propio sustento y nunca la limosna como instrumento de control por parte del gobierno. Siempre la paz por la fuerza de la ley y nunca el terror por la ley de la fuerza. La fórmula para esa Cuba esta contenida en el lema de nuestra Nueva Nación: “Tarea de todos, pedestal de nadie”. 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


Amigo Cepero, ( permitame considerarme como tal ) No resulta frecuente encontar artículos como este,que comparto en su totalidad y le felicito por el mismo. Quzás, solo me atreveré a señalizar algo que vengo argumentando, cada vez que se suscita el tema de Cuba. Quiero entender que el pueblo cubano, casi en su totalidad carecía de una verdadera consciencia politica y mucho de politequería,tan es así que, la generalidad del pueblo cubano tomó la figura de Castro, como una cosa de novela. Triste y bien triste es, que a pueblos hermanos no les ha servido para nada la realidad cubana y más triste es que naciones que se autotitulan democráticas (logicamente entre parentesis ) sigan apoyando a la más cruel de las dictaduras que existe y ha existido jamás. Esperando ver con el favor de Dios en este año a nuestra Cuba gozar de la Libertad y Democracía que merece, reciba Ud. un afectuso saludo.- Jesús Carrasco
Hace 2940 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image