DE MITOS Y REALIDADES

Hugo Byrne
hugojbyrne@aol.com

"Que allá, para morar como los brutos,
basta ser del oprobio indiferente,
llevar a Claudio César los tributos,
postrarse humilde y doblegar la frente.
Basta seguir de la lisonja el gremio
para gozar imperturbable calma,
por torpes vicios merecer un premio
y de una vez sacrificar el alma".
Juan Clemente Zenea

Para muchos cubanos del destierro nuestra nacionalidad es sinónimo de élite. Tampoco faltan algunos quienes prefieren esconderla, como quien huye de la peste. Va siendo hora ya de que empecemos a apreciar nuestro verdadero lugar en el universo. Este lugar no es siempre la cima, pero tampoco pertenecemos al abismo.

Sin ser capaces de perfección, siempre hemos tenido y tendremos (como el resto de la humanidad) la habilidad de procurarla. Como entidad social tenemos infinidad de talentos y virtudes que se hicieran manifiestos muy especialmente en la última parte del siglo XIX y durante los primeros veinte años del destierro que ocasionara el castrismo. También tenemos vicios y debilidades y a menudo las revelamos abiertamente.

Durante las primeras fases de la guerra de Corea, las tropas americanas se apretujaban en el reducidísimo perímetro de Busán y las apuestas se ceñían, no a si serían empujadas al océano como los británicos en Dunquerque, sino cuándo. En esos días de grandes dudas nacionales recordamos leer un artículo producto de la pluma "liberal" de un conocido cronista político de Estados Unidos titulado "Los Norteamericanos no son los mejores". El ensayo describía de forma repetitiva y obtusa como las armas norteamericanas fueran históricamente de calidad inferior a las de los adversarios, los generales norteamericanos menos capacitados que sus oponentes y la producción industrial de esta nación solamente superior en números. De acuerdo a ese artículo los norteamericanos prevalecían sólo cuando la ventaja les respaldaba abrumadoramente.

La "autocrítica" exagerada, como podemos comprobar, no es privativa de los cubanos, sino que representa un vicio universal. ¿Acaso los norteamericanos tenían ventaja numérica cuando vapulearon a los japoneses en Midway y Guadalcanal? Aún siendo derrotados en Wake Island, los infantes de marina que la defendían demostraron ser infinitamente superiores militarmente, hombre por hombre, a los soldados japoneses que finalmente los abrumaron.

Cuando el desembarco en Inchón “virara bruscamente la tortilla” en la península coreana atrapando a las hordas de Kim Il Sung en un genial movimiento de pinzas, el autor del artículo de marras no admitió que a veces y, como todo el mundo sólo a veces, los norteamericanos son los mejores. A menudo la llamada autocrítica esconde un sentimiento mucho más perverso.

Analicemos a Michael Moore, el bien alimentado y artificialmente publicitado productor de "Hombres blancos estúpidos", "Boleando por Columbine" y "Farenheit 9/11". El autor de estos supuestos "documentales" no es solamente enemigo de las armas de fuego y de la filosofía conservadora. Moore odia a los Estados Unidos. Algunas de sus declaraciones allende los mares, en las que se reconoce partidario de una sangrienta victoria del terrorismo sobre su país, no dejan lugar a dudas en este extremo. A Moore no le agradan las instituciones norteamericanas ni su sistema económico. Moore llaga al extremo de regocijarse con cada norteamericano muerto en acción de guerra contra el terrorismo musulmán.

Sin embargo, el obeso y en apariencias desaseado productor de propaganda subversiva, no es el único ni el primero. El difunto Andy Rooney soplaba idéntica trompeta desde su espacio supuestamente satírico de "60 Minutos" de CBS. En una ocasión Rooney caracterizó a George S. Patton Jr. como un "general muy malo".

El General Patton tiene el record de victorias al frente del Tercer ejército de U.S.A. en término de muertos, heridos y prisioneros tomados al enemigo, ciudades liberadas y terreno conquistado en mínimo tiempo entre todos los escenarios de la Segunda Guerra Mundial. Esas cifras incluyen tanto a los aliados como el "Eje". Cabría preguntar, ¿qué criterio usó el mezquino "humorista" para clasificar a Patton como un general muy malo?

Los cubanos del "exilio histórico" que se escandalizan hoy por las actitudes asumidas por los "cubanitos de café con leche" ante las nuevas medidas a favor de la tiranía castrista que pusiera en vigor la presente administración norteamericana, demuestran no conocer realmente la naturaleza de "la bestia". No debemos sorprendernos por estas vilezas ni las de organizaciones otrora presuntamente identificadas con los intereses de Cuba Libre.

De acuerdo a los historiadores españoles Gabriel Cardona y Juan C. Losada, biógrafos laudatorios de Valeriano Weyler, más de ochenta mil nativos cubanos formaban filas entre los "voluntarios" y otras unidades paramilitares de la colonia española dedicadas a luchar contra la independencia de Cuba en 1895. Nuestra propia verificación histórica arroja una cifra menor, pero no mucho menor.

Por contraste, un estimado extremadamente liberal de las fuerzas de la insurrección cubana de ese entonces fija el total de alzados en el campo en poco menos de quince mil, durante el período de tres meses llamado "la invasión". En esta época las fuerzas de la independencia cubana habían alcanzado su cénit numérico.

Basándose en esas muy desalentadoras cifras, Cardona y Losada afirmaban razonablemente en su libro que el conflicto cubano "presentaba características indiscutibles de una guerra civil". ¿Quién puede sorprenderse de la reacción de esa gentuza de hoy, o de las "serias" organizaciones del "exilio" cubano batiendo palmas por Obama?

Las buenas noticias son que la historia no la hacen las "masas", como tan demagógicamente cacarean los Castro, sus esclavos y algunas de sus víctimas. La historia la forjan individuos voluntariosos y capaces, cuando se deciden a cambiar el signo de los tiempos.

Individuos tales como Washington, Jefferson, Agramonte o Martí. En carrera larga estos últimos siempre prevalecen, estableciendo la diferencia fundamental entre la realidad y los mitos.

 

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