ARABIA SAUDITA Y SUS REFORMAS

Por George Chaya

A pesar de que Arabia Saudita libra una guerra a lo largo de sus fronteras, el Reino ha logrado una mayor estabilidad interior al impulsar su estrategia de transferir energía a la segunda e incluso a la tercera generación de la Casa Saud.

Lo que está sucediendo fuera de las fronteras de Arabia Saudita no es importante para los saudíes, incluso si el conflicto con el ISIS o con Irán en Yemen llegara a la etapa de una guerra total. Esto se debe a lo que está sucediendo dentro de Arabia Saudita, que confirma día a día que el Reino es más que capaz de hacer frente a la inseguridad regional.

El liderazgo de Arabia Saudita ha confirmado que se puede confiar en una dirigencia que ha tomado decisiones equilibradas cada vez que se ha manifestado la necesidad. Esto se puede ver en las últimas decisiones emitidas por el Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, el Rey Salman Ben Abdulaziz, y particularmente en el nombramiento del príncipe Mohammed Bin Naif como príncipe heredero y el príncipe Mohammed Ben Salman como primer diputado sustituto a príncipe heredero.

Los decretos Reales de la última semana no fueron de rutina; decretos como esos se emiten una vez en varias décadas. El Rey Salman está reestructurando el estado saudí y regulando el trabajo del gobierno en una dirección menos conservadora.

El monarca saudí nombró un nuevo príncipe heredero y creo la figura del príncipe diputado heredero, así como una serie de otros nombramientos ministeriales en un momento en que Arabia Saudita se encuentra en medio de una guerra y luchando junto a una coalición internacional para restablecer la seguridad y la estabilidad regional. Al tiempo en que sus enemigos están tratando de poner en peligro sus fronteras.

Los enemigos del reino envidian su capacidad de emitir decisiones revitalizantes y cada vez que ellos piensan que el Reino está a la defensiva, el liderazgo saudita acepta el reto y toma decisiones históricas como estas.

En algún artículo de años atrás, escribí que la estabilidad regional es “un producto de creación saudita”. Por tanto, ante todas estas decisiones importantes e históricas, la calle árabe no está sorprendida por la capacidad del Reino de manejar diferentes variables y emerger con decisiones como éstas a pesar de que algunas personas ven la tarea como imposible.

El problema básico con los análisis incorrectos que son invocados por los think tanks, los tecnócratas y los autodenominados expertos occidentales es que “ellos creen que saben de Arabia Saudita más que su propio pueblo”.

Muchos analistas exponen sus puntos de vista sobre el Reino al igual que lo hacen sobre el problema palestino con sus críticas al Estado de Israel, cuando en realidad lo hacen a miles de kilómetros de distancia con un alarmante desconocimiento de los hechos sobre el terreno y de la posición árabe islámica. Por ejemplo, un periodista francés, días pasados hizo la afirmación de que la razón de estos cambios en el liderazgo Saudita se debe a lo que está sucediendo con el ISIS, cuando en realidad, cualquier evaluación al respecto debe situarse en los acontecimientos que se desarrollan en Yemen en relación con la expansión de la República Islámica de Irán y no con un grupo de matones criminales que desaparecerá en el mediano plazo, al igual que desaparecieron los talibanes o la potencialidad de Al Qaida. Ese ha sido el destino inexorable -más allá del mal que están causando- de todos los grupos terroristas regionales y de los regímenes y líderes que les brindaron logística, como Saddam Hussein o Muhammad Khadafi.

Todos estos puntos de vista y análisis ilógicos se repiten con diferente énfasis aquí y allá. A veces puedo comprender su falta de visión de la realidad y de la situación más allá de su determinación de seguir adelante con sus impresiones equivocadas porque ellos no pueden entender que un país que se encuentra rodeado por todo tipo de amenazas de aquellos que se dicen sus propios hermanos y no por Israel pueda tomar este tipo de decisiones sin precedentes, sin sufrir ningún efecto negativo.

Por los últimos cinco años, diferentes partes del mundo árabe se han incendiado por cientos y miles de sujetos que alimentan estas llamas pidiendo a los jóvenes de sus países sacrificarse a muerte en guerras inter-árabes. Sin embargo, estas estrategias de los sunnitas que adhieren a la violencia terrorista o la grandiosa expansión chiita persa con todos sus costos es un objetivo no logrado en cuanto al Reino de Arabia Saudita, y ello ha sido así porque su juventud se ha empoderado en un corto período de tiempo sin que el país pague un precio por ello.

Arabia Saudita demostró ser un Reino naturalmente progresista, a pesar de su dirigencia monárquica que bien puede ser incomprendida estructuralmente o criticada en occidente y el mundo árabe. Y ello, en un lugar del planeta donde capean las dictaduras teocráticas o laicas siempre sujetas a temblores y sacudidas no solo regionales sino cada vez con mayores problemas internos porque sus pueblos han perdido la confianza en sus dirigentes y están comenzando a descreer lo que sus dictadores han tratado de incrustarles en sus venas y cerebros por años sobre el enemigo israelí para mantenerlos enervados y ocupados observando al Estado judío como el enemigo mortal.

En una entrevista de la cadena estadounidense FOX News, un periodista me preguntó ayer sobre la importancia de los cambios realizados por el monarca saudí, su pregunta era si las decisiones del Rey Salman están marcando la dirección y el ritmo del estado saudita en las próximas décadas. La respuesta es bien sencilla para quien la quiera comprender, y es que El Reino confirma, una vez más que puede ser progresista y renovador en una región donde ni los propios árabes vecinos logran entender esto, y tal vez, lo que más confunde a los demás es que esta inyección de sangre nueva se produce en un momento en el que el sonido del fuego de las armas aún no ha quedado en silencio.

En otras palabras, el Reino de Arabia Saudita está rejuveneciendo y proyectando políticas de estado como nadie en Oriente Medio. Si Irán, Siria, Yemen o Irak y sus grupos terroristas satelitales creen lo contrario, están incurriendo en un grosero error estratégico que el mediano plazo se encargara de mostrar y que no estará exento de costos políticos, económicos y militares.


Prof. George Chaya (BA) in History, Canterbury University, UK. Consultant on Middle East and Latin America.

 

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