UN HÉROE ENTRE NOSOTROS

Rev. Martín N. Añorga

He leído en estos días un libro y decena de extraordinarios boletines informativos, y puedo asegurar que la emoción ha exaltado mis sentimientos de patriotismo, admiración y gratitud. Los boletines son impresionantes piezas históricas del Miami Medical Team y el libro es una colección de relatos vibrantes de vida y breves biografías que su autor, Angel de Fana, ha titulado “Protagonistas de un Ideal”.

Recuerdo, en mis días de joven pastor en el querido pueblo de Placetas, al Dr. Angel Manuel Alzugaray, un profesional respetado por todos los placeteños y muy reconocido en ciudades vecinas. Su hijo Manuel era un inquieto jovencito amante de todos los deportes, practicante de judo y boxeo entre otros. Sin embargo, su vida de prometedor estudiante partícipe de cacerías, paseos y aventuras deportivas, como la de otros incontables jóvenes, cambió dramáticamente con el asalto al poder de Fidel Castro.

Las peripecias de Alzugaray en La Habana en sus tiempos de estudiante son propias para armar el argumento de una película de Hollywood. Hay que leer el libro de Angel de Fana para descubrir que el médico inquieto y servicial de hoy, combatiente y proclamador de la libertad en diferentes países del mundo, se hizo líder, guía y ejemplo en los arriesgados trajines que asumió cuando emprendió la lucha clandestina contra el régimen comunista impuesto en Cuba por las fuerzas del mal.

Líder universitario, miembro distinguido del Movimiento Revolucionario Estudiantil y hábil estudiante de medicina, Manolo Alzugaray, colaboró con los alzados del Escambray, y se destacó en la capital de la Isla como arriesgado combatiente contra la incipiente tiranía castrista. Tuvo que pernoctar en decenas de casas de huéspedes para estudiantes y llevar a cabo proezas para eludir a los feroces agentes del castrismo. En cierta oportunidad fue apresado y sometido a tortuosos interrogatorios. Sobre él pesaban serias acusaciones. Aprovechando un inesperado momento de descuido, escapó de sus captores. En su huida recordó su entrenamiento de judo, desarmó a un guardia arrebatándole su ametralladora y dejándolo tendido en el piso. Corrió velozmente por calles y avenidas hasta deshacerse de sus perseguidores. Se convirtió en un errante en la bulliciosa ciudad habanera, protegido por amigos y leales compañeros de lucha.

A sabiendas del peligro que corría Alzugaray en Cuba, sus padres lo alentaban a que tramitara su salida de la Isla y sus compañeros del MRE le pidieron que optara por el exilio para continuar su tarea anti revolucionaria. El 26 de enero de 1962, desde el puerto de Isabela de Sagua, en una embarcación de pescadores, sale de la Isla el joven batallador. En uno de los cayos adyacentes fue trasladado a una nave mayor que lo condujo a Cayo Anguila, en Bahamas, y de allí llevado a Cayo Hueso por el servicio de guardacostas de Estados Unidos. Al día siguiente, sin reponerse de cansancios e inquietudes, fue recibido por los líderes del DRE, queridos compatriotas Julio Hernández Rojo, Manuel Salvat y Luis Fernández Rocha. Alzugaray estrenó el exilio con intenciones de prepararse para llevar ayuda a sus hermanos del Directorio en La Habana; pero las circunstancias no le permitieron cumplir con tal propósito. Nunca volvió a Cuba, con excepción de sus viajes como médico a la base naval de Guantánamo.

Desde 1962 hasta hoy, cincuenta y tres años después, la historia del Dr. Manuel Alzugaray es de matices de novela. Tratar de resumirla en un artículo como éste es tarea imposible, siendo así que nos limitaremos a exponer detalles aislados que exalten la grandeza patriótica de uno de los líderes más destacado que ha producido la lucha contra el régimen castrista. Manolo, para llamarlo como sus amigos de siempre, es un médico capaz, trabajador incansable, generoso sin paralelos, audaz y dedicado a aliviar dolores humanos en los más remotos lugares del mundo, siempre con la bandera cubana ondeando a su paso.

Desde Miami, el joven Alzugaray se ubicó en Richmond, Virginia invitado por compañeros del DRE. Consiguió un incómodo trabajo de carpintero, pero aprovechaba la ocasión para aprender el idioma inglés. Cuando supo Manolo que en Miami sus amigos y compañeros se estaban reclutando en el ejército de Estados Unidos con la finalidad de liberar a Cuba regresó de pronto al sur de la Florida. Por seis meses recibió una sólida preparación militar, pero desencantado porque el objetivo en el que confiaba se disipó, obtuvo su baja. Le llegó el tiempo para reiniciar su carrera como estudiante de medicina. Obviamos comentar los hechos de su vida mientras estudiaba en España, y dedicamos el espacio que nos queda para mencionar sus heroicidades como médico en la base funcional del exilio en Miami.

Establecido en nuestro medio el Dr. Alzugaray a finales de la década de los 80’s reunió a un grupo de médicos para la creación de un equipo con el que crearía el Miami Medical Team, institución encaminada a servir a centenares de seres humanos en numerosos países. Menciona De Fana en su libro los siguientes: Nicaragua, Angola, Nigeria, Afganistán, Chile, El Salvador, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Perú, Paraguay, Ecuador, Polonia, Rusia, Nigeria, Haití, Belize, Guatemala, las Antillas Menores, Panamá, Islas Caimán, la base naval de Guantánamo y diversos lugares en Estados Unidos. Impedidos de ir a Cuba han enviado a la Isla cargamentos enormes de medicina e instrumentos médicos. Han colaborado con el programa misionero Fe en Acción establecido por el fallecido sacerdote Padre Francisco Santana, quien en cierta ocasión informó que había recibido de Cuba más de 46,000 cartas de gratitud y peticiones.

En los boletines del Miami Medical Team puede reconstruirse la legendaria labor de los médicos que con el Dr. Alzugaray hicieron bueno el lema de SALUD y LIBERTAD. Con el Dr. Armando Quirantes, otro héroe anónimo de la gesta patriótica del equipo de profesionales que sacrificaron tiempo y beneficios económicos, ambos fueron capaces de reconstruir las vidas de niños y niñas, jovencitos que iluminaron su futuro y luchadores de las guerrillas anti comunistas heridos en los campos de batalla, todos con serios defectos físicos que de no ser reparados los hubieran sumido en la mendicidad. Sabemos además, por experiencia propia, que por las oficinas de los doctores Alzugaray y Quirantes han desfilado centenares de personas necesitadas de atención médica que han recibido la atención profesional más dedicada sin la carga de pagar honorarios. En el libro de De Fana se mencionan los nombres de médicos de fama que se arriesgaron en peligrosas zonas selváticas a salvar las vidas de pacientes que nunca hubieran tenido la oportunidad de ver en persona a un profesional de la salud. Entre ellos se incluye al Dr. Heriberto Cabada Rubirosa, siquiatra de estatura, con quien compartí en el pasado numerosos programas radiales.

A título de una conclusión necesaria, es de destacar que el Dr. Alzugaray jamás ha abandonado la causa de la libertad de Cuba. Fue ejemplar presidente de los Municipios de Cuba en exilio y ha sido un militante que ha combinado el bisturí con la bandera de su patria.

Jamás podremos pagar la deuda de gratitud que le profesamos; pero le damos gracias a Dios por su vida.

Manolo Alzugaray es símbolo de valentía, coraje, bondad y sabiduría, un héroe que exalta los más altos valores del exilio cubano. Lleguen a él nuestras palabras de aprecio, admiración y gratitud.

 

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