PANAMÁ Y LA AUSENCIA DE LOS FUERTES

Por Esteban Fernández

Todo el mundo sabe que soy un acérrimo discrepante de las actitudes pacifistas y de poner la otra mejilla después de recibida la primera galleta. Han habido muchas quejas sobre la actitud de los que fueron a Panamá y les sirvieron de “pushing bag” a los esbirros de la tiranía. Dicen que los dos principales combatientes, Orlando Gutiérrez y Jorge Luis “Antúnez”, parecían unos luchadores de Sumo que entre los dos pesaban más de 550 libras. Pero lo cierto es que ellos y otros de los que estaban allí frente a la embajada se batieron en defensa propia y desigualdad de condiciones.

Y antes de criticar a los que fueron a poner la ofrenda floral al Apóstol debemos preguntar: “¿Dónde estaban los forzudos, indestructibles, boxeadores, judocas, levantadores de pesas, jóvenes cubanos "anticastristas" que brillaron por su ausencia en Panamá y en todas partes? Y antes de atacarme a mí por exponer esta gran verdad que averigüen lo que hacíamos en California los integrantes de la gloriosa "Juventud Cubana de Los Ángeles" y los Nacionalistas en la Zona Norte del país y en Miami. Nosotros fuimos los que repartimos palos a diestra y siniestra contra los comunistas locales.

Actualmente si ustedes ven a los que protestan contra las visitas de los artistas, de los Van Van, de la Charanga Habanera, lo que notarán es un enjambre de bastones, de canas y de arrugas. ¿Y esos chamacones robustos y atléticos -hijos y nietos de los exiliados- dónde diablos están? Bueno, se pasan la vida en los gimnasios de Miami, de Los Ángeles, de New York y de New Jersey.

¿No les dará pena enterarse que un grupo de compatriotas fueron atropellados en Panamá y todos los días son abusados en Cuba y en las calles del destierro cubano mientras ellos andan exhibiendo sus musculaturas y dando clases de Zumba?

Esta es la única causa del mundo que tienen que ser los más débiles los que den la cara por los fortachones. Yo detesto el pacifismo de los disidentes, sin embargo más me molesta que los guapos que andan presumiendo su fortaleza física no los vemos ni en los centros espirituales.

Hasta la coronilla estoy de ver a los abuelos junto a los promotores de la tesis de Gandhi y Martin Luther King al frente de esta lucha, mientras valientes jóvenes que han sido capaces de realizar varios “tours” en Irak y Afganistán, que pueden fajarse con cinco en un bar de Hialeah, pero no van a partirle el hocico a las sabandijas del régimen en Panamá, ni tan siquiera enfrentarse con el cantante Pedrito Calvo.

A mi me parece que cada vez que veamos a un corpulento físico culturista cubiche caminado orondo por las calles del exilio debemos preguntarle: “Chico ¿qué tu esperas para enfrentarte con los castristas cubanos?” Vergüenza les debía dar que sean sus bisabuelos los que con una pancarta en sus temblorosas manos intentan hacerle frente a la invasión de apapipios disfrazados de cantantes, deportistas y músicos que invaden los predios del destierro.

Ya es hora de que los viejitos cubanos les digan a sus descendientes: “¡No alardeen más de sus títulos universitarios, ni de sus carros, ni de sus hercúleas figuras, y salgan a fajase por la libertad de Cuba y por la preservación de los Estados Unidos!”. Vamos a dejar de ser yunque para convertirnos en martillo.

 

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