UN “SINMIGO” NORTEAMERICANO

Por Hugo J. Byrne

 

El lector puede reconocer fácilmente a un disertante con real conocimiento de lo que habla y diferenciarlo de otro improvisado, cuya ignorancia se hace manifiesta más tarde o más temprano, a pesar de todas las precauciones y triquiñuelas que use para disimularlo. En el folklore político cubano, tan rico en anécdotas burlonas, existía un personaje al que llamaban “Sinmigo”. 

 

Este político de fábula, quien sin duda se origina en un personaje real (o quizás en más de uno), en toda probabilidad es del conocimiento de mi viejo amigo (no viejo por viejo, sino como amigo), José Platas. El habanero Platas (“Joe Siver”), brillante periodista de raíces gallegas, cuya columna “Hechos y Curiosidades” nos entretiene semanalmente, es la máxima autoridad en materia de anécdotas cubanas que conoce un servidor de los lectores. 

 

Por eso espero que Platas no tenga el menor titubeo en educarme sobre la real identidad de Sinmigo, a quien, como al famoso literato Francisco de Quevedo, sospecho adjudican un anecdotario tan apócrifo como los mendaces y sucios cuentos atribuídos al genial autor de “El Buscón”. Sepa pues el amigo lector, que lo que escribo a continuación relativo a Sinmigo, es sólo lo que he oído de una generación pretérita y nó necesariamente la realidad histórica.

 

De acuerdo a la versión que me fue contada, Sinmigo era un palurdo que fuera electo concejal en Matanzas y debía su apodo a que en un discurso afirmara que “aquellos que están conmigo, están conmigo y los que nó, están sinmigo”. En otra ocasión y durante la ceremonia inaugural del Parque de la Libertad, en el centro de la Ciudad de Matanzas y viendo la estatua que lleva ese nombre con sus brazos extendidos y las cadenas rotas, excamó: “Que pena que la estatua se rompiera durante el viaje desde La Habana”.

 

Se dice que Sinmigo participó de una sesión del municipio matancero en la que se debatía la construcción de un paseo pavimentado en la ribera norte del San Juan, el más caudaloso de dos ríos que desembocan en la Bahía de Matanzas. Entre los ponentes había uno que sugería darle a ese “promenade” un ambiente exótico, que fuera atractivo al turismo. A esos efectos propuso comprar góndolas en Venecia. Ni corto ni perezoso, Sinmigo de inmediato aconsejó que debían comprar machos y hembras para que pudieran hacer cría. 

 

En otra ocasión, mirando la lista de los sueldos que devengaban los miembros del ayuntamiento, se afirma que Sinmigo le preguntara a su más cercano colega que quién era el último, llamado “Total”, que ganaba tanto como todos los demás juntos. Otra versión es que sinmigo, en este caso con minúscula, existió solamente en un desliz verbal del Gobernador de la Provincia de La Habana Antonio Ruiz Álvarez (de 1924 a 1933), a quien en un discurso se le trabó la lengua de manera insólita.

 

Sea lo que fuere, sepan los lectores que existe un legítimo “Sinmigo” por estos lares y si alguno lo duda, debe referirse a las afirmaciones emitidas por la persona a la que me refiero, las que constan en sus discursos, aunque la prensa trate ridículamente de silenciarlas, o ignorarlas. El Sinmigo norteamericano no es otro que nuestro Presidente Barak Hussein Obama, al que algunos medios de comunicación refieren como a un orador incomparable. Eso es evidente: Obama sin “teleprompter” es un orador incomparable. A continuación escribo una lista parcial de sus increíbles barbaridades orales. No están necesariamente en orden cronológico. Las ocasiones y los lugares en que las dijo pueden muy fácilmente encontrarlas en la Red todos aquellos lectores que tengan especial curiosidad por los disparates. Todas fueron expresadas cuando Obama ya era presidente.

 

“Los miembros de La Corte Suprema están encargados con la tarea vital de aplicar principios escritos hace más de veinte siglos para resolver algunos de los más difíciles problemas de nuestros tiempos.

 

“En este Memorial Day, mientra nuestra nación honra su ininterrumpida línea de héroes caídos... y puedo ver muchos de ellos presentes aquí hoy...”

 

“Las reformas a que aspiramos traerían mayor competencia, opciones, ahorros, e ineficiencias a nuestro sistema de salud.”

 

He visitado 57 estados. Creo que me queda uno por visitar

 

“Déjenme ser absolutamente claro. Israel es un fuerte amigo... de Israel”.

 

“No sé cuál sería la traducción de eso al idioma austriaco

 

Y la que creo obtiene el premio mayor: “He tomado buenas decisiones en el pasado y las he tomado en el futuro.

 

Esos son ejemplos extremos. No existe nadie que nunca cometa errores al hablar y estos por regla general ocurren precisamente cuando más se requiere exactitud en juicios y pronunciamientos. Algunas veces las peores barbaridades son dichas con la mejor de las intenciones, como en el caso de un maestro de ceremonias en una reunión política de una plaza de toros en Madrid, durante el período republicano entre 1931 y el inicio de la guerra civil. El anunciador trató de suavizar el vocabulario ofensivo de varios disertantes, haciéndolo más moderado y decente: “Es necesario que los oradores cuiden su forma de expresarse, ya que hay mujeres presentes y algunas pueden ser honradas”.

 

Con esta nota ligera saludo a todos los lectores, deseándoles de corazón todo lo mejor en las más importante efemérides cristiana del año: ¡Muy felices Pascuas!  

 

     

 

 

 

 

 

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