COLETILLAS DEL DESTIERRO CUBANO

Hugo Byrne
hugojbyrne@aol.com

“Carta que en pleno verano

escribe un sietemesino,

que destruye el castellano

confundiéndolo con chino.”

(Parodia a una poesía de Vital Haza, poeta español del siglo XIX).

La mayoría de mis lectores pasan de la “media rueda” (cincuenta años de edad o bastante más). Trato de escribir para todas las edades, pero sería muy tonto si creyera que muchos jóvenes leen con regularidad esta columna. Muchos de mis lectores pertenecen al exilio histórico cubano y recuerdan bien la época antes de 1959 cuando Cuba tenía una prensa libre y cómo los nuevos tiranos la suprimieron.

El primer paso que dieron para abolir el derecho a la expresión e información libre, fue crear lo que el mordaz público criollo dio en llamar la “coletilla”. Esa coletilla era una nota al final de cualquier editorial o artículo de fondo contrario a las medidas arbitrarias impuestas por el estado. La coletilla supuestamente estaba escrita por los trabajadores del periódico. La redactaban, naturalmente, los esbirros del régimen y sus lacayos. Así fueron las primeras acciones para terminar con la libertad de palabra e imponer la propaganda oficial (si nos recuerda al “Fairness Doctrine” no es pura coincidencia).

Por regla general la llamada coletilla se ceñía a declarar que todo cuanto afirmaba el artículo era un embuste propiciado por los patronos del medio publicitario para “promover contrarrevolución”, en contubernio “con el imperialismo yankee” y así desestabilizar el nuevo orden castrista. Las “coletillas” no aportaban pruebas: igual que en los llamados “tribunales” revolucionarios, en los que no se requerían evidencias para encarcelar a cualquier opositor indefinidamente, o incluso enviarlo al patíbulo.

La tiranía castrista ha ejecutado a decenas de miles de activos o pacíficos opositores durante más de medio siglo en tres continentes. De ello existen evidencias tan irrefutables como abundantes. Eso no impide que ahora politicastros de ambos partidos, acompañados de traficantes sin escrúpulos, se den cita en La Habana para tratar de incluir a la tiranía castrista entre los deudores al tesoro de Estados Unidos.

Entre los cómplices de esa estafa a los contribuyentes se cuentan algunos “inversionistas” de “café con leche” nacidos en territorio cubano. Entre ellos incluso hay algunos antiguos damnificados del castrismo. De más está decir que tienen poquísima vergüenza y menos madre (de existir en español una frase menos grosera describiendo su naturaleza, la usaría).

En la tierra de los libres y el hogar de los bravos también hay coletillas, pero estas sí son propiciadas libremente por la gerencia de los medios, de manera que se pueda sondear el criterio independiente de los lectores, además de establecer una tribuna libre a las opiniones responsables. Creo que eso puede contribuir a un intercambio inteligente y provechoso. Muchos sitios de la Red dedican una sección para publicar la opinión de los lectores. “Face Book” y “Twitter” nacieron parcialmente de la necesidad de un espacio mayor a la diversidad de opiniones.

Por otra parte, debo agregar que muchas veces los comentarios se tornan en un circo de vituperios. En esos casos el tema original del artículo se olvida en medio de un cretino “dale al que no te da” entre hasta cuatro o cinco “comentaristas” ajenos al tema original. Este se diluye en medio de una trifulca incomprensible. Los mutuos insultos son propiamente complementados con horrenda ortografía y peor gramática. Eso probablemente ocurre en los comentarios de todos los idiomas, pero garantizo que pasa muy frecuentemente en inglés y en español, las dos lenguas que conozco mejor.

Quienes no tienen idea de la acentuación y puntuación en español creen resolver ese problema utilizando mayúsculas. ¿De veras engañan a los lectores? Hace bastante tiempo la Academia de la Lengua decidió acentuar las mayúsculas utilizando las mismas reglas que antes solamente se aplicaban a las vocales minúsculas. ¿Gramática? En algunas ocasiones es preciso leer lo que escriben estos “coletilleros” varias veces antes de empezar a entender lo que parecen afirmar.

Una buena sugerencia para escribir correctamente en cualquier idioma es conocer el tema. El mensaje es siempre más importante que el vehículo en que se envía. No basta con repetir como una cotorra lo que leemos o lo que nos han dicho. Nadie encuentra oro escarbando la superficie.

Verificar la certeza en que se basa una información es el único proceder honesto. Durante la campaña presidencial del 2012 el entonces Presidente del Senado, Harry Reid de Nevada, hablando ante el pleno de ese cuerpo legislativo, acusó al candidato presidencial Mitt Romney de no haber pagado impuestos federales durante diez años. Interpelado sobre sus fuentes de información Reid invocó confidencialidad. Todo el miserable cuento había sido inventado por el propio Reid, quien lo admitió hoy a una periodista: Me pueden llamar lo que quieran, pero ¿no perdió Romney?.

Bueno, yo no puedo acusar a Reid de HP porque no conozco a su progenitora. Lo único que sí puedo afirmar es que es un hombre sin honor, bien capaz de vender barata a esa progenitora, si con ello “gana”.

No me importa su filiación política. El ex gobernador Ryan de Illinois, es republicano y hoy reside en prisión: Mr. Ryan es también un bandido. No está preso por sus notorias simpatías castristas, a las que tenía derecho, sino porque fue convicto de corrupción. Quizás su celda no esté muy lejos de la del infame Dragolovitch, quien lo substituyó en la gobernación de Illinois y ahora es también residente del presidio. “Drago” se diferencia de Ryan solamente en su filiación demócrata: ambos son vulgares delincuentes.

También puedo afirmar que Reid hizo su acusación de Romney en el Pleno del Senado porque sabía que desde allí estaba amparado contra demandas civiles por calumnia (“slander”), la que podía afectar muy negativamente su bolsillo. Así que además de deshonesto, el Senador Reid es una rata.

Durante la guerra de Irak se popularizó un pedestre lema contra la administración de entonces, que traducido literalmente decía Bush mintió y la gente murió. Quienes se beneficiaban de ese tipo deshonesto de propaganda, como los entonces senadores Hillary Clinton y John Kerry, tuvieron idéntico acceso a la misma información de inteligencia que usara el Ejecutivo para tomar la decisión de invadir Irak en el 2003. La misma que tenía el gobierno laborista de Tony Blair en el Reino Unido, los gobiernos de Italia, Francia y España, etc. Tanto fue así, que ambos Clinton y Kerry votaron en el Senado en apoyo a la resolución de invadir Irak. Las coletillas oposicionistas tuvieron después una orgía de sandeces. ¡Todo se debía a las mentiras de Bush”!

En resumen, las “coletillas” de aquí, tanto domésticas como exiliadas, pueden contribuir a preservar y avanzar nuestros derechos. Siempre y cuando no las convirtamos en una fábrica de idiotez e ignorancia.

 

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