EL POLVORÍN NUCLEAR DEL ORIENTE MEDIO.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Obama se ha convertido en un "llanero solitario" que cabalga un penco que sus enemigos no temen y sus aliados no respetan.

A mediados de 2014, Barack Obama presentó la supuesta pacificación de Yemen como uno de los grandes logros de su política internacional. Unos meses más tarde quedó demostrado que Yemen se había convertido en el epicentro de una encarnizada guerra civil entre dos facciones del Islam, los chiitas y los sunitas, que desde tiempos ancestrales se han jurado una destrucción mutua. Pero, para este creador de falsas realidades y mentiroso incurable, la ominosa realidad de lo que ocurre en Yemen no es realidad mientras él no la admita como tal. La intensificación de la crisis en Yemen, tampoco le impidió repetir a principios de este año, durante su discurso sobre el Estado de la Unión, la mentira de que el terrorismo islámico había sido derrotado en esa región del Oriente Medio.

La realidad en el terreno es tan distinta al cuadro optimista que nos presenta Barack Obama que mantiene despierto y hasta ha provocado perturbadoras declaraciones ante el Congreso de un funcionario que debe su nombramiento al propio presidente, el Director de Seguridad Nacional, James Clapper. La política de apaciguamiento a los enemigos de Estados Unidos promovida por Obama y su retirada festinada de Irak han creado un vacío que ha sido llenado por bandas terroristas como ISIS y naciones terroristas como Irán.

De hecho, muchos territorios de Irak que fueron liberados con la sangre de jóvenes norteamericanos cayeron recientemente en manos de los carniceros de ISIS. ¿Fueron estos territorios recuperados por fuerzas norteamericanas? De ninguna manera, porque Obama estaba ocupado haciendo campaña política, empecinado en mantener su promesa de campaña de acabar con las guerras sin importar las consecuencias o entretenido jugando al golf. Para eso tenía a sus nuevos amigos y presuntos aliados los clérigos fanáticos de Teherán.

Por una de esas ironías de la política apaciguadora de Obama, los enemigos norteamericanos de ayer han pasado a ser los aliados de hoy. De ahí que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos esté operando por estos días como cobertura aérea de las milicias chiitas enviadas por Irán a apuntalar a sus lacayos en Bagdad, el Primer Ministro al-Abadi y el ex Primer Ministro al-Maliki, ambos de la secta chiita.

¿Qué se propone Irán con estas incursiones militares dentro de territorios que una vez estuvieron bajo la influencia y hasta el control de los Estados Unidos? Pues simple y llanamente la restauración del Imperio Persa. Además del reciente incremento de su influencia en Irak, Teherán controla desde hace rato las acciones de su cliente Sirio, el Presidente Bashar al-Assad. Y lo más preocupante es que ha demostrado no estar conforme con su actual poderío en la región. Desde hace varios meses se ha involucrado en el conflicto tribal de Yemen con su apoyo financiero y militar a la Confederación Tribal Hashid, de confesión chiita. Esta especie de guerra civil amenaza con extenderse a otros países de la región y, potencialmente, podría convertirse en el detonador de una conflagración nuclear en el Oriente Medio.

Un eje de la secta chiita integrado por Siria, Irak, Yemen y un Irán en posesión de armas nucleares dejaría chiquito el poder de destrucción e intimidación de ISIS y de al Qaida. Tal como los alemanes contaron en 1939 con la indecisión de Neville Chamberlain, los iraníes cuentan en este momento con la indiferencia y la flojera de Barack Obama. Y ya sabemos cómo terminó aquel teatro macabro.

Ante la renuencia de Barack Obama a ejercer el papel de fuerte y equilibrado liderazgo que tradicionalmente han ejercido los Estados Unidos, los jefes de estado de Egipto, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos--todos de confesión sunita--han decidido confrontar la belicosa amenaza chiita con base en Irán. Todos han enviado financiamiento y recursos militares a los sunitas de Yemen, así como bombardeado desde el aire a los insurgentes chiitas patrocinado por Teherán. Egipto ha declarado su intensión de mandar tropas de tierra. Y lo más interesante es que, rompiendo una larga tradición, ninguno de estos gobernantes se ha molestado siquiera en informar a los Estados Unidos sobre sus operaciones militares. Obama se ha convertido en un "llanero solitario" que cabalga un penco que sus enemigos no temen y sus aliados no respetan.

La conducta de este hombre, cuya misión principal en su calidad de primer mandatario de este país es proteger la seguridad nacional de los Estados Unidos, puede tener sólo dos explicaciones. Es un ignorante incapaz de percibir el peligro real e inminente que representa el terrorismo islámico o es un ideólogo que antepone su agenda de apaciguamiento a la seguridad nacional de la nación que juró defender contra enemigos domésticos y foráneos durante su toma de posesión como presidente.

Porque no le crean ustedes a los fanáticos de la izquierda que esconden la cabeza en la arena con tal de evitar cualquier guerra por justa que esta sea o a los apologistas de Obama que argumentan que un conflicto tan lejano no amenaza la seguridad nacional de los Estados Unidos. La negligencia de los gobernantes norteamericanos, tanto demócratas como republicanos, de no llevar a cabo una política enérgica de independencia energética mantiene a este país a merced de conflictos como éste del Oriente Medio. Las implicaciones estratégicas y las consecuencias económicas para los Estados Unidos de un Yemen controlado por los apocalípticos clérigos iraníes podrían resultar desastrosas. Veamos.

El territorio yemení está ubicado en el sureste de la Península Arábiga, entre el Estrecho de Ormuz y el Canal de Suez. Según analistas de la industria del petróleo, más de 21 millones de barriles de petróleo (treinta por ciento del consumo mundial) son transportados a diario por vía marítima a través del Golfo de Adén y de áreas aledañas. ¿Se imaginan la pesadilla de que estos embarques estuviesen en el futuro al alcance de un belicoso Yemen controlado desde Teherán? Siguiendo con la lectura de esta bola de cristal del futuro, imaginemos la caída vertical de las acciones petroleras en las principales bolsas de valores del mundo y, con ellas, las de acciones de industrias subsidiarias del petróleo y de compañías que lo utilizan como combustible en sus procesos de manufactura.

Esa preocupación parece estar ausente del desesperado empeño de Obama por alcanzar un acuerdo con unos diablos que han declarado como su principal objetivo pulverizar al estado judío y destruir más tarde al Gran Satán que son los Estados Unidos. En contra de la opinión del Congreso de los Estados Unidos, de numerosos miembros de su propio partido y del pueblo norteamericano Barack Obama va a firmar este acuerdo. Esta desesperado por dejar un legado de izquierda aún más drástico que el que nos dejó el iluso de Jimmy Carter. Todo parece indicar que la seguridad nacional de los Estados Unidos es menos importante que la satisfacción de su narcisismo enfermizo.

Todo eso lo han evaluado los gobernantes musulmanes de la región que se sienten amenazados por Teherán. Por eso han creado esta coalición para confrontar la borrachera imperialista de Irán. Aunque hasta ahora no hay pruebas concluyentes, es altamente probable que muchos de estos estados estén muy cerca de contar con un arsenal de armas nucleares. No tienen otra alternativa si quieren sobrevivir los planes apocalípticos de sus enemigos chiitas de Teherán.

Porque, en un momento de reveses en campos de batalla con armas convencionales, los locos de Irán podrían desencadenar un holocausto nuclear de proporciones gigantescas en el Oriente Medio. Y aún cuando no lleguemos a esos extremos, ya estamos abocados a la misma política de Mutual Assured Destrucción (MAD) o Destrucción Mutua Asegurada que nos mantuvo en vilo durante medio siglo de conflictos con la Unión Soviética. Esta vez es peor porque los soviéticos querían destruirnos y hacer el cuento. Estos fanáticos religiosos quieren destruirnos y, en el proceso, no les importa morir con tal de ganarse un pasaje al cielo. Todo un regalo del empecinado y falso Mesías de Barack Obama.

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