BARACK OBAMA LE PASA LA CUENTA A BOB MENÉNDEZ

Por Alfredo M. Cepero

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Mientras Bob Menéndez leía la "Declaración de Independencia" de Thomas Jefferson, Barack Obama leía "Reglas para Radicales" de Saul Alinsky. Mientras Bob Menéndez se inspiraba en James Madison, Barack Obama se embriagaba con el veneno de Frank Marshall Davis, un comunista con carnet del partido No. 47544 y amigo íntimo de su abuelo materno Stanley Armour Dunham.

Cuando Bob Menéndez nació el primero de enero de 1954 en la Ciudad de Nueva York, Barack Obama todavía no había nacido. Cuando el adolescente Bob Menéndez, hijo de un carpintero y una costurera con sólidos principios cristianos y profundas raíces familiares, contribuía al presupuesto familiar haciendo todo tipo de trabajos; el niño Barack Obama trotaba por el mundo de la mano de una mujer abandonada por su marido, carente de principios religiosos y desdeñosa de sus raíces americanas. Cuando el joven Bob Menéndez con apenas 20 años de edad, era elegido para la Junta Escolar de Union City, el niño Barack Obama crecía primero en Hawái sin conocer a su padre biológico--al que sólo vio una vez y por un mes en su vida--bajo la influencia de un abuelo comunista y después en Indonesia guiado por un padre musulmán en la Yakarta de las mezquitas y de las madrazas.

Cuando Bob Menéndez, producto de unas escuelas de New Jersey donde la Revolución Americana era asignatura obligada, era un abogado exitoso y un político con un futuro prometedor, Barack Obama se graduaba de una secundaria de Hawái donde la Revolución Americana era un tema casi foráneo, sin connotaciones de orgullo nacional y carente de sentimientos patrióticos. Cuando Bob Menéndez debutaba como Representante a la Cámara Federal por el Estado New Jersey, el "americano" Barack Obama se graduaba de abogado como becario "extranjero" y, según sus propias confesiones, después de haber consumido considerables cantidades de "alcohol, marihuana y cocaína". No en balde, hasta ahora ha sido imposible lograr una transcripción fidedigna de las notas del estudiante Obama.

Cuando, desde su curul de la Cámara Baja, Bob Menéndez formaba filas junto a los pocos "halcones" de su partido y los muchos del Partido Republicano en la confrontación con el "imperio diabólico", Barack Obama aceptaba la postulación y firmaba contrato para aspirar a un cargo como miembro del Nuevo Partido, una organización abiertamente marxista. Cuando Bob Menéndez patrocinaba un proyecto de ley contra la Proliferación Nuclear Iraní y votaba a favor de utilizar la fuerza militar en Kosovo, Barack Obama era un diletante organizador comunitario que se lanzaba a la vida pública desde la casa del terrorista Bill Ayers y era apadrinado por la mafia política del ominoso Alcalde Richard Dailey de Chicago, el mismo que, comprado por el viejo Joseph Kennedy, falsificó los votos que le dieron a John Kennedy la victoria trapera sobre Richard Nixon en 1960.

Mientras Bob Menéndez leía la "Declaración de Independencia" de Thomas Jefferson, Barack Obama leía "Reglas para Radicales" de Saul Alinsky. Mientras Bob Menéndez se inspiraba en James Madison, Barack Obama se embriagaba con el veneno de Frank Marshall Davis, un comunista con carnet del partido No. 47544 y amigo íntimo de su abuelo materno Stanley Armour Dunham. En sus memorias, Obama escribe más tarde que respetaba la lucha de Davis "reconociéndola como mi propia lucha". Una confesión reveladora de un hombre mestizo, mitad blanco y mitad negro, que reniega de la raza de los abuelos que lo criaron y abraza la cultura y la lucha de la raza del padre que lo abandonó a su suerte.

No perderé el tiempo en argumentar si Obama nació en Hawái, como dicen sus defensores, o en Kenia, como dicen sus detractores. A los efectos de este análisis eso es irrelevante. Lo que sí es importante es que Obama no piensa y actúa como un joven americano que siente el orgullo de ser heredero de una pléyade de patriotas que echaron los cimientos y formularon los principios sobre los que se basa la gran democracia americana. Para Barack Obama, un joven que no tuvo contacto con "lo americano" hasta los 18 años de edad, los padre fundadores que se reunieron en Filadelfia en 1776 eran una banda de ricachos blancos que habían acumulado fortuna explotando a sus esclavos negros y que no tuvieron el coraje de barrer en aquel momento con la odiosa institución de la esclavitud.

Algunos se preguntarán ¿por qué he invertido tanto tiempo en trazar este paralelo entre estos dos hombres? Muy sencillo. Porque, en mi opinión, los hombres somos y actuamos en concordancia con los valores y principios que nos fueron infundidos en nuestra adolescencia. Me explico. Me refiero a la formación de nuestro carácter, no al desarrollo de nuestro intelecto. Barack Obama es un hombre inteligente cuyo carácter fue deformado por el bombardeo de ideas y consignas sobre ancestrales injusticias y permanente lucha de clases y de razas. Y no hay nada más dañino que una inteligencia al servicio de una causa peligrosa, divisionista y destructiva como la predicada por Saul Alinsky y promovida por Frank Marshall Davis. Para estos agentes del odio y profetas del Armagedón la guerra es un medio permanente de promover su agenda y la paz es un anatema.

Por eso, como buen discípulo de sus maestros, Barack Obama le declara la guerra a muerte a todo el que se atreva a discrepar de su ideología o convertirse en un obstáculo a su agenda. Con esa gente, Obama no dialoga sino los destruye soltándoles sus perros de presa, el más rabioso y confiable su hermano de ideología Eric Holder. El mismo Holder que se negó a investigar los escándalos de Rápido y Furioso y de la persecución de miembros del Tea Party por el Servicio de Rentas Internas, así como ordenó el espionaje de periodistas de Fox News y de la Prensa Asociada. El mismo Holder que se presentó en Ferguson, Missouri, no como un Fiscal Federal sino como un fiscal federal negro. ¿Se imaginan ustedes los titulares del New York Times si John Mitchel, Fiscal Federal bajo Richard Nixon, hubiera proclamado que no era un fiscal federal cualquiera sino un fiscal federal blanco?

Al mismo tiempo, otros ejemplos notorios del ensañamiento de Obama contra sus adversarios reales o imaginarios son David Petraeus, Benjamín Netanyahu y ahora Bob Menéndez. En el caso de Menéndez entra en funciones el sicario Eric Holder. En una bajeza característica de esta gente, el Departamento de Justicia de Holder, sin contar con pruebas concluyentes contra el veterano senador por New Jersey, filtra a la prensa rumores de que Menéndez será investigado por supuestos delitos de corrupción. Parece una novela de viejas chismosas pero esto es parte del acostumbrado modo de operación de la Casa Blanca de Barack Obama en su misión de destrucción de adversarios.

Bob Menéndez ha cometido el pecado capital de oponerse a la política fallida y apaciguadora seguida en Cuba y en Irán por el autoproclamado Mesías, adorado por los negros, los mejicanos y las élites de la izquierda blanca, muchos de los cuales lo siguen apoyando a pesar de que les ha mentido y los ha hecho más pobres y más dependientes. El Mesías, defendido a ultranza por la prensa mayoritaria infiltrada por la izquierda vitriólica que persiste en su misión de transformar a la sociedad norteamericana en un rebaño de corderos mantenidos por el estado. Una sociedad al estilo de las sociedades que han hecho de Europa un basurero de regímenes socialistas quebrados en lo económico y arrodillados en lo internacional ante las incursiones imperialistas de la Rusia de Vladimir Putin.

Estoy, sin embargo, convencido de que Bob Menéndez será una "fruta difícil de pelar". Podría muy bien transformarse en una naranja agria atragantada en la garganta de Barack Obama. Este hombre tiene principios, es valiente, tiene una historia de defensa de los humildes y de la sagrada misión de los Estados Unidos como faro de la libertad en el mundo. Tiene, sobre todo, muchos amigos dentro del Partido Demócrata porque Bob Menéndez era "demócrata de la cabeza a los pies" antes de que Barack Obama fuera catapultado al estrellato por una élite de blancos desesperados por ganar credenciales de paladines de la igualdad racial.

Desde luego que no voy a vaticinar el desenlace de esta confrontación entre estos dos hombres, ambos poderosos e inteligentes pero diametralmente opuestos en formación y principios. Sólo estoy convencido de que no será el último escándalo al que nos someterá Barack Obama antes de que termine su mandato presidencial. Porque, como Jalisco, este hombre empecinado en imponer su agenda, "cuando pierde arrebata". Él sabe que ha perdido y su misión parece ser la de amargarnos la vida y aferrarse a un legado que se le esfuma ante sus propios ojos.

3-20-2015

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