HILLARY SE AFERRA A SU CORONA.

Por Alfredo M. Cepero

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Los demócratas tienen, por lo tanto, que tomar una decisión terminante: Hundirse con los Clinton o arrancar la corona de las manos de Hillary. Y eso, como ya sabemos, no será una tarea fácil.

Cualquier político con un adarme de honor que confrontara una crisis de credibilidad buscaría alguna salida elegante y dejaría el camino abierto para que otro abanderado de su partido aspirara a la presidencia de los Estados Unidos. Pero esos no son ni Bill ni Hillary Clinton. Ellos parecen sentirse una aristocracia política a la cual no se le aplican las mismas reglas que a los demás mortales. Tampoco caben dudas de que son expertos en capear temporales y en superar escándalos que a otros políticos los habrían enviado al baúl del olvido.

Su arma más eficaz ha consistido en vituperar a sus adversarios hasta pulverizarlos y su escudo ha sido una absoluta falta de principios morales. Que se lo pregunten a Gennifer Flowers, Mónica Lewisnky, Paula Jones, Juanita Broaddrick, Kathleen Willey y a otra media docena de mujeres a quienes Hillary, auto proclamada defensora de los derechos femeninos, les hizo la vida un infierno.

Desde el episodio turbio de Whitewaters hasta nuestros días, estos personajes, unidos más por la avaricia y la obsesión de poder que por lazos de fidelidad conyugal, han dado muestras de ser un par de sinvergüenzas. Ella ha aguantado "cuernos con publicidad" sin inmutarse por la humillación y él ha cometido perjurio para esconder las violaciones y ataques a mujeres que han sido víctimas de su incontrolable lujuria. Su meta común ha sido y sigue siendo la acumulación de poder y dinero sin ningún tipo de inhibición o pizca de remordimiento.

Ante los recientes escándalos, los demócratas tiemblan pero a los Clinton les importa un bledo porque ellos se sienten más importantes que su partido. Un partido que cometió el error de poner todos los huevos en una canasta perforada por la corrupción y ahora no cuenta con una alternativa viable para enfrentar el tsunami de una sólida bancada republicana en las presidenciales del 2016. En estos momentos la coronación de Hillary y el descarrilamiento del partido demócrata parecen dos hechos interconectados e inevitables.

Los dos episodios más recientes de la turbulenta novela política protagonizada por esta pareja amenazan con descarrilar las aspiraciones presidenciales de la multifacética Hillary. Primero la revelación de cuantiosas sumas donadas por gobernantes extranjeros a la "Fundación Clinton" mientras Hillary desempeñaba el cargo de Secretaria de Estado. Segundo el descubrimiento de decenas de miles de correos electrónicos desde un correo electrónico privado de la Secretaria en flagrante violación de diversas legislaciones que se remontan a 1950.

El primero denota una obvia compra de influencia a unos personajes que, en su desbocada carrera hacia el enriquecimiento ilícito, han llegado al extremo de robar fondos donados a su fundación para ayudar a los míseros haitianos. El segundo es otra muestra de la obsesión de los Clinton por el secreto y por el uso de la mentira para encubrir la verdad, las dos herramientas favoritas de estos dos delincuentes. Cosas que una prensa alineada con los demócratas y complaciente con los Clinton nunca se ha ocupado de revelar.

Cito, sin embargo, una honrosa excepción. El periodista William Safire, asesor de presidentes y brillante articulista del rotativo The Washington Post, en un ensayo publicado el 8 de enero de 1996, cuando Hillary era primera dama, escribió: "Hillary Clinton es una mentirosa congénita". Y agregó: "Ella tiene el hábito inveterado de mentir y nunca se ha visto obligada a reconocer sus mentiras o las mentiras que ha hecho decir a sus subordinados".

Irónicamente, estos dos escándalos han sido descubiertos en el proceso de desenredar la madeja con la que Obama y Hillary trataron de eludir responsabilidades en los brutales asesinatos de cuatro diplomáticos norteamericanos en Benghazi, Libia, en la noche del 11 de septiembre de 2012. El joven y tenaz congresista por Carolina del Sur, Trey Gowdy, quien preside el Comité de la Cámara que investiga los hechos, descubrió la existencia de los correos electrónicos enviados desde la cuenta personal de Hillary.

Una cuenta abierta por Hillary aún antes de tomar posesión de su cargo, cuando su nombramiento era considerado por un Comité del Senado y era operada desde un servidor privado ubicado en el sótano de su residencia particular. Ella controla esos correos y es una hipocresía característica de esta mujer sin escrúpulos que haya enviado un tweet donde dice que "quiero que el público lea mis correos y he pedido al Departamento de Estado que los de a la publicidad". Ella es quien los controla y quien tiene la obligación de proporcionárselos al Congreso. Pero si alguien creyera en esta posibilidad, tengo una finca en Cuba que puedo venderle.

Dichos correos revelaron que fueron subalternos de Hillary en el Departamento de Estado quienes echaron a rodar la bola de que los actos terroristas habían sido motivados por un video editado en Estados Unidos donde se atacaba al Profeta Mahoma. El mismo video que Hillary mencionó a los familiares de las víctimas cuando los cadáveres fueron recibidos en la Base Aérea de Andrews y al que hizo referencia Obama durante un discurso ante las Naciones Unidas. Con el transcurso del tiempo ha quedado demostrado que todo fue otra mentira de estos dos mentirosos incurables.

Ahora, Benghazi regresa a los primeros planos, esta vez acompañado de otros escándalos potencialmente dañinos para la ambiciosa ex Primera Dama. Esta turbulencia política ha desatado una plétora de retos a la coronación de Hillary como candidata del Partido Demócrata a las próximas elecciones presidenciales. Desde hace unos meses se notaba un cierto cansancio entre los demócratas por el secuestro de su partido por los Clinton. Una puerta que estaba entreabierta se ha abierto de par con estas últimas revelaciones de los procedimientos torcidos de los Clinton.

Se escuchan los nombres de figuras respetables y populares dentro de las bases del partido como el ex Gobernador de Maryland, Martin O'Malley y el ex Senador por el Estado de Virginia Jim Webb. Pero, según experimentados analistas políticos, la peor amenaza para Hillary es la niña mimada de la izquierda, la Senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren. Esta mujer podría obligar a Hillary a moverse en dirección izquierda para salvar su precaria postulación por el Partido Demócrata, al mismo tiempo que prolongaría el proceso y le sacaría sus trapos sucios. Se especula que hasta el bufón de Joe Biden podría sumarse al elenco, aunque sólo sea para disfrutar el circo.

Si estuviéramos hablando de gente honorable existiría la posibilidad de que Bill y Hillary se hicieran a un lado para dejar camino abierto a otro candidato por el bien de su partido y el bien del país. Yo vaticino que, por el contrario, se mantendrán en la trinchera y utilizarán los fondos acumulados con promesas de favoritismo a donantes nacionales y extranjeros para destruir a sus enemigos políticos. Los Clinton han demostrado que, como el Don Corleone del Padrino, para ellos todo es "cuestión de negocios". Los demócratas tienen, por lo tanto, que tomar una decisión terminante: Hundirse con los Clinton o arrancar la corona de las manos de Hillary. Y eso, como ya sabemos, no será una tarea fácil.

12 de marzo de 2015.

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