LA CUBA QUE NO PUEDEN QUITARME

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"Solo pueden volver los que se han ido,

Y en suelos del destierro han sepultado

recuerdos, anhelos y pasados…

¡Yo no puedo volver, yo no me he ido !"

Emilio Cosío Romeu, e.p.d.

(Camagüey, Cuba 1926-Miami, EEUU, 2011)

Esta mañana me levanté embargado por la añoranza de mi patria, tan cerca en la distancia y tan lejana de la dignidad humana. Recordando a la Cuba donde nací, en la que se forjó mi carácter y se consolidaron mis principios. Experimenté una avalancha de recuerdos matizados por todo un caleidoscopio de músicas y fragancias que me transportaron en tiempo y espacio al pueblito donde di mis primeros pasos y a la Isla musical y alegre donde viví mis primeros años.

Mis pulmones se llenaron del fresco perfume de los cañaverales en la madrugada cubana y del intenso olor de aquellas vegas pinareñas que produjeron el mejor tabaco del mundo. Hasta mis oídos llegaron el canto sonoro del sinsonte y el susurro de las majestuosas palmas cubanas que apasionaron al cantor del Niágara. Músicas y fragancias que experimenté cuando pasaba mis vacaciones de verano en el conuco de "La Esperanza", propiedad de mi abuelo materno Sandalio Sotolongo. Un guajiro de origen humilde con una limitada instrucción formal pero guiado por una iluminada ética de trabajo, gobernado por un compendio de sólidos principios y motivado por la tenacidad de los hombres que se proponen labrarse su propio destino sin esperar por dádivas del gobierno. Esos fueron los hombres y mujeres que hicieron de Cuba orgullo de su pueblo y envidia de muchos pueblos del mundo.

Como se ha dicho con harta frecuencia ante una comunidad mundial plagada de indiferencia, en 1959 llegaron los vándalos "vestidos con la palma mambisa de los campos", tal como dije en uno de mis poemas sobre el calvario de mi patria. Se robaron todo lo que pudieron apresar con sus garras de depredadores de pueblos. Los cubanos fuimos despojados de tierras, viviendas, empresas y de todo tipo de pertenencias. Unos aceptaron ser esclavos donde antes habían sido amos, otros pagaron con la vida y con la cárcel la rebeldía ante los tiranos y otros nos lanzamos al mundo sin otro capital que nuestra indomable voluntad de triunfar en otras tierras y de labrarnos una nueva vida.

Sin embargo, los tiranos perdieron la partida. Porque, si bien es cierto que se robaron nuestros bienes materiales, más cierto aún es que no han podido robarse el alma de un pueblo que sueña con su libertad al mismo tiempo que los maldice y los aborrece. Quienes nos conozcan saben que, a pesar de nuestras diferencias, resabios y protagonismos, todos tenemos el denominador común de amar a la Cuba de nuestros ideales y de ser fieles a la lucha por su libertad.

Un ejemplo elocuente de esa mística que nos une a todos son los versos de un consumado patriota cubano que se llamó Emilio Cosío Romeu, hijo de la tierra heroica del Camagüey legendario de Ignacio Agramonte y de Salvador Cisneros Betancourt. En su poema "¿Volver?", Cosío describe los sentimientos y explica las razones por las que muchos cubanos seguimos trabajando por la libertad de nuestra patria a más de 56 años del inicio de su holocausto. Para nosotros no ha habido descanso ni habrá descanso mientras Cuba sea martirizada por sus tiranos. Los versos de Cosío tienen que ser el santo y seña de aquellos que hemos jurado que mientras haya tiranía no hay lugar para el olvido y que mientras haya tiranos no hay derecho al cansancio. En esos versos encontré el combustible para el camino que tenemos que seguir andando quienes trabajamos por una Cuba verdaderamente libre a pesar de todos los apaciguadores y contra todos los traidores.

Otra prueba concluyente del amor y la lealtad de los cubanos a la patria de nuestros antepasados la vemos a diario en la juventud cubana nacida en tierras extrañas. Aman sin dudas a la tierra donde nacieron pero exhiben con orgullo su herencia cubana. Ese es un testimonio de la educación y los sentimientos que transmitimos a nuestros hijos quienes renunciamos a efímeros bienes materiales con tal de preservar el bien irrenunciable de la libertad. Con la posible excepción de los judíos, no conozco otra inmigración en los Estados Unidos que haya permanecido por tanto tiempo fiel a su historia, su cultura y sus principios.

Es justo, sin embargo, reconocer que, como todas las reglas, esta tiene sus excepciones. Por ahí han proliferado autoproclamados eruditos e improvisados escritores cubanos que no sólo hablan de las cosas de Cuba con la frialdad de los extraños sino se abochornan de expresar cualquier sentimiento patriótico. Como si la expresión de intensos sentimientos patrióticos fuera un menester de los estratos bajos de una sociedad. Yo, por mi parte, no tengo respeto alguno por los intelectos sin sentimientos. Son como tierra baldía donde no crece otra planta que la mala hierba.

Esa Cuba inmortal y eterna es la que hemos llevado muchos cubanos por todos los caminos del mundo. Pero más importante aún, es el arsenal con el cual hemos de reconquistar nuestra libertad y reconstruir la nación soberana, libre y justa por la cual han ofrendado vidas y sacrificado haciendas muchas generaciones de cubanos. Esa patria de mis amores y mis dolores, con la cual me acuesto todas las noches y me levanto todas las mañanas, es la Cuba que no han podido quitarme y que jamás podrán quitarme los tiranos que hoy la saquean y la martirizan.

6 de marzo de 2015

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