EL GENOCIDIO IGNORADO

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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El mundo está literalmente envuelto en llamas y bañado en sangre por unas hordas fanáticas encabezada por ISIS, al-Qaida, Hezbollah, Boko Haram y los clérigos iraníes. Su denominador común es la creencia en los dogmas atávicos plasmados en el Corán. Sin embargo, el mundo occidental no se da por enterado y permanece paralizado ya sea por ignorancia o por terror. Las consecuencias podrían adquirir proporciones sísmicas si estos guerreros de Alá llegaran a consolidar cabezas de playas en numerosas sociedades de occidentes. Porque se ha demostrado que en el seno de aparentes migraciones pacificas se han infiltrado minorías fanáticas empeñadas en transformar en forma radical las sociedades de los países donde han sido acogidos.

Esos inmigrantes musulmanes llegan como huéspedes que no han sido invitados y, acto seguido, quieren convertirse en dueños de la casa. En los países anfitriones exigen el derecho a practicar su religión, construir mezquitas y hasta a dirimir sus disputas por su Ley de Sharia, aún por encima de las leyes civiles del estado. Una ley que significa "el camino recto", proviene directamente del Corán y regula con mano de hierro hasta la vida familiar, desde el nacimiento hasta la sepultura.

En muchos países anfitriones se ha llegado al extremo de conceder derechos especiales a sus hijos en las escuelas, como alimentos acordes con los dictados del Corán y tiempo para la práctica de su religión. En contraste, en los países de religión musulmana no se permiten iglesias, sinagogas o templos de otra religión que no sea la oficial. De hecho, esta falsa "religión de paz" persigue cristianos con un ensañamiento brutal. En algunas zonas p.ej. en Sudan se les tortura y se les mata, y son vendidos como esclavos. Las mujeres son violadas, a los niños se les lava el cerebro y son reclutados al ejército del gobierno islámico.

Al mismo tiempo, la situación en la Europa actual debe ser motivo de especial preocupación. La nueva invasión de ese continente, hija de la misma ideología guerrerista y fanática de la desatada en el siglo VII, ya ha comenzado. En Francia y Holanda los musulmanes representan en la actualidad el 6 por ciento de la población y se pronostica que, para el 2050, los musulmanes serán mayoría en Holanda. En Alemania constituyen el 4 por ciento, en España el 3 y en Inglaterra el 5, con el pronóstico de que su número se duplicará en los próximos diez años en el Reino Unido.

Irónicamente, y aunque parezca un asunto lejano desde este lado del Atlántico, la crisis de Europa es un problema estratégico para los Estados Unidos. Europa se encuentra asediada en estos momentos desde cuatro frentes. Un envalentonado Vladimir Putin se traga territorios ante la parálisis de la OTAN y de los Estados Unidos, Rusia amedrenta a los países europeos con la amenaza de cortarles el gas y el petróleo que necesitan para sus industrias, las economías europeas se hunden bajo el peso de un socialismo desbocado y el yihad islámico ha echado raíces en sociedades permisivas y aterrorizadas. Una fórmula para el desastre destinada a tener repercusiones mundiales.

Por otra parte, si lo analizamos sobre la base de las cifras, la situación en los Estados Unidos, donde los musulmanes representan menos del 1 por ciento de la población, parecería ser menos urgente. Se espera, sin embargo, que esa cifra aumente a 6,2 millones (1,7 por ciento) en 2030, según un estudio del Pew Research Center. Además, si tomamos en cuenta la eficiencia de los terroristas musulmanes en el uso de los medios sociales en sus actividades de proselitismo y la porosidad de las fronteras de los Estados Unidos, los norteamericanos tienen suficientes motivos para no dormir tranquilos. Otro 9/11 podría sorprenderlos en cualquier momento.

Si quieren cumplir con su deber de proteger a sus ciudadanos, los líderes de esta nación, sobre todo el guerrero renuente que ocupa actualmente la Casa Blanca, están obligados a conocer e identificar al enemigo. En forma somera se lo presentamos con esta cita. En el Sura 5:33--uno de los 114 capítulos en que se divide el Corán, libro sagrado del Islam--se dice:"Retribución de quienes hacen la guerra a Alá y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra." A confesión de parte, relevo de cargos.

Vista desde otro ángulo, esta barbarie de seres humanos decapitados e incinerados ante los ojos del mundo va más allá del terrorismo islámico. Ellos se consideran dueños de la verdad absoluta según fue revelada por Ala al profeta Mahoma. Han demostrado no estar dispuestos a coexistir junto a otras religiones. Se trata nada menos que de una "supremacía islámica". Perciben al Islam como una religión superior a todas las demás religiones. En eso pueden ser considerados como la versión religiosa de la "supremacía racial" promovida por el nazismo. Si no los atajamos a tiempo, podrían conducirnos a un holocausto similar al desatado por Hitler y sus racistas fanáticos.

Sin embargo, si analizamos la indiferencia de los líderes, tanto políticos como religiosos, del mundo occidental tenemos pocos motivos para el optimismo. La historia de los últimos cien años, desde 1914 hasta la fecha, nos enseña que los grandes retos a la existencia civilizada han sido enfrentados con éxito gracias al liderazgo de los Estados Unidos. Ahora bien, ese liderazgo no lo vemos por parte alguna. Sin una posición firme y contundente por parte de Washington la vieja Europa se encuentra a merced de las fuerzas que hoy la amenazan. Se impone, por lo tanto, que este país convoque una "Cumbre Mundial contra el Terrorismo Islámico". Pero un hombre como Obama, que ni siquiera se atreve a identificar al enemigo por su nombre, no parece estar dispuesto a dar esa paso necesario y drástico.

Al mismo tiempo, ¿dónde está la cumbre de líderes religiosos convocada por el Papa Francisco para detener el holocausto desatado por ISIS contra los cristianos de Irak y Siria? Basta ya de poner la otra mejilla a unos bárbaros que quieren hacernos desaparecer de la faz de la Tierra si no renegamos de Cristo y nos sometemos a Mahoma. El Vaticano tiene el poder y la influencia para llevar a cabo una iniciativa que, a su vez, ejercería presión sobre unos líderes políticos paralizados por la cobardía. Pero, fuera de alguna que otra declaración esporádica, Francisco no ha dado señales de estar dispuesto a enfrentar el reto con la misma osadía con que lo ha hecho en otros asuntos. Prueba al canto, las relaciones homosexuales, el calentamiento global y el apuntalamiento de tiranos.

En conclusión, todo indica que, al menos en el futuro inmediato, el terrorismo islámico seguirá martirizando cristianos, judíos y hasta musulmanes que no comulguen con la versión apocalíptica de su religión. El problema consiste en que el tiempo se nos acaba y en que ignorar ese terrorismo podría desatar un holocausto como hasta ahora no ha conocido la humanidad.

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