¿DÓNDE ESTÁ GUADALCANAL?

Por Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

A fines de los años 40 se popularizaron aquí las mesitas de juegos eléctricos en bares y vestíbulos públicos tales como hoteles, teatros, etc. Cuba no se quedó atrás. En los portales del teatro Martí en La Habana había muchas estimulando a los muchachos a vaciar en ellas sus bolsillos. En Matanzas aparecieron dos o tres en el frente del Hotel Velasco colindante al cine del mismo nombre. Una era un “tiro al blanco” con pistola amarrada a la máquina, pero con movimiento. No recuerdo cuánto había que insertar en el “slot”, ni mi edad por esa época, pero calculo que tendría unos doce años.

Siempre curioso, observé un adulto en el tiro al blanco. Acertó a “tumbar” las figuras en movimiento muchas veces. Al terminar dijo “Es muy fácil, pero hay que tirar bajo”. No hice caso: con la suficiencia de la inmadurez apunté a la cabeza. Fallé como cinco o seis veces seguidas. Después apunté al centro sin mejores resultados. Los obstinados nunca aprenden.

Resignándome, apunté a la base: ¡Eureka! El truco consistía en apuntar a la base del blanco, mientras se halaba ligeramente la pistola para estabilidad: así era imposible fallar. Alcancé el “score” máximo dos veces consecutivas y sin más monedas “que tirar”, me fui a casa. Al día siguiente regresé a la máquina, acerté por supuesto desde el primer tiro y continué haciéndolo hasta darme cuenta que estaba rodeado de gente admirando “mi puntería”: estuve algo incómodo, pero sólo por unos segundos.

“Mira como tiembla”, dijo uno. Otro contestó: “Tiembla, pero le da”. Vanidoso como un pavo real, alcancé de nuevo el “score” máximo dos veces consecutivas. Quise seguir, pero había una cola detrás de mí. Cuando me iba uno entre ellos bromeó: “Oye muchacho, ¿estuviste en Guadalcanal?”, “¿Dónde está eso?”, le contesté serio. Todos rieron. Enseguida aprendí qué era Guadalcanal y donde estaba. Eventualmente me haría familiar también con armas de fuego reales.

Guadalcanal es una isla de algo más de 3000 millas cuadradas de extensión, una las más extensas de las Solomon, archipiélago del Pacífico Occidental al este de Nueva Guinea y, entonces, posesión británica. En ella y en Bougainville, la otra grande de ese grupo, ocurrió una de las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial. El día 7 de agosto de 1942, exactamente ocho meses después de Pearl Harbor, Estados Unidos lanzó su primera ofensiva de la guerra, desembarcando infantes de marina en el noroeste de Guadalcanal.

Existe la impresión de que Midway fue la batalla que cambiara el curso de la guerra en el Pacífico. El resultado de Midway fue impedir la invasión nipona a la estratégica isla. Fue una gran victoria sin la menor duda, en la que cuatro portaaviones enemigos fueron hundidos, pero allí la suerte intervino en el éxito, tanto como la habilidad y agresividad de de los Almirantes Fletcher y Spruance. El Japón todavía dominaba cada palmo de tierra conquistado desde Pearl Harbor. Incluso la Armada japonesa aún era un enemigo formidable.

En Guadalcanal el Imperio del Sol Naciente había logrado desembarcar fuerzas bien apertrechadas y aguerridas, incluyendo ingenieros y materiales destinados a la instalación de un aeropuerto militar, cuya pista de aterrizaje estaba casi terminada. Mirando un mapa de esa zona puede entenderse cómo la consolidación de una base aeronaval enemiga allí cortaría el abastecimiento norteamericano a todos los puertos de Australia. Eso habría imposibilitado su defensa. Sin apoyo americano Australia habría sido fácilmente invadida y conquistada por el Japón.

¿El Sol Naciente flotando sobre Sídney, Melbourne y Brisbane? ¿Se imagina el lector la pérdida de Australia en el verano de 1942? Eso implicaba el dominio por Tokio de todo el Océano Pacífico y la línea defensiva americana replegándose a las costas de California, Oregón, Washington y Alaska.

Como ninguna guerra se gana sólo con acciones defensivas, el alto mando aliado del Pacífico decidió correctamente desembarcar los 19,000 hombres de la Primera División de Infantería de Marina en la costa noroeste de Guadalcanal. Los efectivos vendrían en embarcaciones de transporte de tropas integradas al “Task Force” 61, al mando del Vicealmirante Frank Fletcher, totalizando 82 unidades de superficie.

El transbordo de los infantes de marina en los transportes a las barcazas de rampa al frente, se realizó usando redes de soga, método en el que es casi inevitable pisar los dedos del que está más abajo y sufrir los pisotones del que está más arriba. Además dependiendo del oleaje, el casco de las barcazas podía chocar contra el casco del transporte de tropas, o estar a más de tres pies del mismo: las primeras bajas ocurrieron a causa de ese método arcaico que fuera repetido en el resto de las islas del Pacífico, como también en el Norte de África, Sicilia, Italia y Normandía.

El desembarco ocurriría al principio con poca o ninguna oposición del enemigo: fue una sorpresa total. El jefe expedicionario era el Mayor General Alexander A. Vandergrift, curtido y agresivo infante de marina, quien después comandaría la misma división en la vecina Bougainville. En Fort Jackson conocí a un sargento cuyo padre había servido en la Infantería de Marina con Vandergrift. Me prestó un libro muy maltratado con el título de “A Ribbon and a Star”, sobre la batalla en Bougainville. Se me olvidó el autor, pero recuerdo haberlo leído en pocas semanas. Eso inició mi interés en el tema de la otra isla.

Vandergrift no las tenía todas consigo. Antes de empezar la operación afirmó que “podía pensar en cien razones para esperar el fracaso”: la velocidad necesaria a detener la construcción del aeropuerto reñía con la capacidad de hacerlo. Hombres, equipos y vituallas eran embarcados desde la costa oeste de Estados Unidos en transportes inadecuados al combate.

El transbordo a barcos capaces de desembarcar tanques y camiones en la orilla de las playas se hacía en la ciudad portuaria de Wellington, capital de Nueva Zelandia, a cientos de millas al sureste de Guadalcanal. Como si esto fuera poco, la rivalidad entre el Almirante Chester Nimitz y el General Douglas MacArthur nunca ayudó a la estrategia del Pacífico. MacArthur se oponía al desembarco en Guadalcanal y proponía en cambio atacar directamente la base japonesa de Rabaul, en Nueva Guinea. ¿Quién tenía razón?

No soy estratega. En el Ejército de los Estados Unidos apenas fui “Private First Class”. Sólo puedo afirmar que aunque la Flota Norteamericana del Pacífico llegó a ser superior en número y calidad a todas las marinas combinadas de ambas partes durante la Segunda Guerra Mundial, en el verano de 1942 eso pertenecía al futuro. En tierra, Japón estaba invicto excepto, muy brevemente, en la isla Wake. En el mar, Japón era aún un oponente formidable a pesar del desenlace favorable de Midway.

Al norte de Guadalcanal, cruzando el estrecho llamado “Ironbottom Sound”, están los islotes Tulagui, Tanambogo y Gavutu, ocupados entonces por las fuerzas japonesas. En Tulagui se enfrentaron los marines por la primera vez en una acción ofensiva contra guerreros del Japón. A pesar de la mucha sorpresa, los defensores resistieron bravamente por 31 horas a 6,000 marines: pocos fueron hechos prisioneros.

En Guadalcanal los hombres de Vandergrift no perdieron un instante consolidando la cabeza de playa, sino que corrieron hacia el oeste hasta Lunga Point, donde se hallaba la casi finalizada pista. Rechazaron contraataques nipones desembarcados al noreste y noroeste de la isla. La pista fue tomada y asegurada el día 8 de agosto. En ese momento “Task Force” 61 había desembarcado unos 10,000 marines en Guadalcanal y más de 6000 en Tulagui.

Súbitamente Vandergrift recibió la noticia increíble de que “Task Force” 61 retiraría los transportes de tropas antes de que todos los infantes de marina y equipos pudieran desembarcar. En ellos estaban todavía casi 2000 hombres y esencial material bélico.

El Vicealmirante Turner, al frente de los transportes de tropas no tenía alternativa: su jefe, Fletcher, ya había retirado los portaaviones a causa de las serias bajas sufridas por sus cazas durante la operación, dejando a Turner sin cobertura aérea alguna. En consecuencia, Vandergrift y sus hombres quedarían aislados en Guadalcanal.

Dos circunstancias fortuitas sin embargo beneficiaron a Vandergrift, la primera fue la subestimación japonesa del total de invasores. Creían que el desembarco era sólo de quizás 2000 hombres o menos. Al ver la inexistente cabeza de playa, concluyeron que Vandergrift había sido abandonado a su suerte. La otra era el botín de vituallas y medicamentos que encontraron en la pista aérea, que los marines bautizaran como Henderson Field, en honor póstumo a uno de sus héroes. Estos últimos incluían equipo quirúrgico que en la opinión del oficial a cargo del hospital de campaña, era superior al norteamericano.

Mientras tanto los japoneses lanzaban su contraofensiva y para ella utilizaron con gran éxito los siete cruceros y un destructor del Vicealmirante Gunichi Mikawa. Mikawa sorprendió a los barcos americanos alrededor de la Isla Savo, al norte de Guadalcanal. Cuarenta minutos después la Marina de Estados Unidos había perdido cuatro cruceros, más un crucero y un destructor masivamente averiados. Más de mil marinos australianos y norteamericanos perdieron la vida. La escuadra japonesa no sufrió daño alguno en su aplastante y última victoria naval de la guerra.

En tierra, fue harina de otro costal. El Japón usó primero un regimiento de tropas élite a las órdenes del comecandela Coronel Kiyono Ichiki. Ichiki desembarcó con sólo mil hombres, 20 millas al este de las posiciones norteamericanas y fue localizado rápidamente por estas. Por razones que Ichiki se llevó a la tumba, inició su ataque sin esperar refuerzos en desobediencia de órdenes superiores.

A las 3:00 am del día 20 de agosto, 200 de sus soldados cargaron a la bayoneta a los marines del Segundo Batallón del Primer Regimiento de Infantería de Marina. A estos los comandaba el Teniente Coronel Edwin A. Pollock. Pollock los esperaba y dio buena cuenta de sus marines, quienes estaban atrincherados detrás de alambre de púas. La carnicería fue considerable. De esta memorable carga existe una foto de los cadáveres enemigos parcialmente hundidos en un “sand bar” adyacente al río Ilu.

En algunos lugares donde no había alambre de púas los japoneses penetraron brevemente. Famosos por su habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo, los guerreros del Sol Naciente encontraron en los marines la horma de su zapato: el cabo Dean Wilson fue atacado por tres enemigos con bayoneta. Su M1 se trabó y tuvo que pelear con el machete reglamentario. El primer japonés se lanzó dentro de su “fox hole” y Wilson, hábil con arma blanca, casi lo corta en dos. Saltando fuera del hueco, Wilson también macheteó a los otros. Al final, el cabo estaba cubierto de sangre, aunque no era suya. La batalla terminó con 800 japoneses muertos. Los marines perdieron 40.

Finalizando el combate los nipones fueron presa del pánico y muchos corrieron hacia el mar. Vandergrift ordenó a varios tanques limpiar el campo desde las alambradas bordeando el río, hasta la playa. De acuerdo a lo que he leído no puedo determinar si eran Shermans, o los más pequeños Stuarts. Es terrible que pudieran pasar por encima de muertos, agonizantes o vivos. De acuerdo a Vandergrift la estera de esos tanques parecía por detrás una sangrienta moledora de carne: la guerra no es un juego. Ichiki pudo escapar junto a algunos sobrevivientes. Al llegar a la playa procedió a quemar su bandera regimental y suicidarse ritualmente (Hara-Kiri).

Los japoneses estaban heridos gravemente en Guadalcanal, pero no ultimados. El Almirante Yamamoto ordenó transportar refuerzos a la isla, escoltados por un crucero y tres destructores. También envió una escuadra de tres portaaviones, dos acorazados, once cruceros y 19 destructores en busca de los portaaviones norteamericanos.

Los encontraron el 24 de agosto. La batalla naval de las Solomons Orientales duró dos días y terminó en un empate. Por ese tiempo el nuevo Henderson Field, iniciado por los japoneses y terminado por los marines de Vandergrift era ya operacional, a pesar del continuo bombardeo japonés. Desde él los pilotos “leathernecks” contribuyeron decisivamente a que sus camaradas en la infantería prevalecieran.

Los nipones, guerreros por antonomasia, aún perseveraron. La decisión final estuvo en la balanza por algún tiempo. Pero entrado el otoño perdieron la esperanza de victoria y en febrero de de 1943 la enseña del Sol Naciente fue arriada para siempre. En una época el Imperio Japonés contaba con 36,000 soldados en Guadalcanal. En la derrota apenas evacuaron unos 13,000 macilentos y enfermos sobrevivientes.

¿Dónde está Guadalcanal? Geográficamente lo sabemos. Pero en términos históricos esa islita en apariencias insignificante, abrió el camino a la defensa de Australia, asegurando la victoria en el Pacífico. Los intereses norteamericanos prevalecieron y con ellos, como siempre ocurriera en el pasado, la bendita causa de la libertad.

 

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