EL CRISTIANO Y LA GUERRA

Rev. Martín N. Añorga

No creo que Dios quiera la guerra, pero mucho menos quiere una paz degradada que nos convierta en esclavos desprovistos de esperanza. Lo que quiere Dios es la justicia. Y si el paso para conseguirla y preservarla es la guerra, pues que sea santa la guerra.

El tema de hoy día es el de la guerra, y ante esa realidad nos hacemos muchas preguntas que tienen que ver con la ética, la moral, la economía y la política; pero también, y de manera fundamental, con la religión.

En nuestro recorrido por varias iglesias nos hemos encontrado con la misma temática que es profusa en el mundo secular. Hay quienes se oponen a la guerra porque creen que la diplomacia y el pacifismo son la respuesta a los problemas del mundo, y en otra posición están quienes estiman que la guerra es el único modo de rescatar la justicia, conservar la paz y preservar la libertad.

Hace algunas tardes en un programa radial de micrófono abierto alguien me preguntó si la guerra puede justificarse desde una perspectiva religiosa. Como parte de la pregunta hubo, como suele ser, un preludio de exposición personal en el que el oyente hizo referencia a los Diez Mandamientos, la identificación de Cristo con la paz y el propósito de Dios de preservar su propia creación. Evidentemente se hace claro que los cristianos estamos programados para oponernos a la guerra.

La guerra es una repulsiva realidad para millones de seres humanos. Los terroristas la promueven basados en una ideología distorsionada y perversa, y los aspirantes a dictadores para controlar el poder y surtirse de riquezas. Cuando los cristianos y líderes de ideas democráticas emprenden una guerra, los objetivos son diferentes. No buscan la exaltación fanática de un dios demoníaco ni se nutren de ambiciones mancilladas. Lo triste es que para defender y preservar nuestros valores tengamos que transitar por los deplorables caminos de la confrontación bélica.

En un país como el nuestro nadie quiere la guerra; pero necesario es entender que la misma es inevitable para que mantengamos la paz, Hoy día estamos amenazados por una implacable ideología foránea ante la cual no tenemos otra alternativa que la de defendernos. Los que se opongan ante tal realidad, sin proponérselo están actuando en favor de los que quieren destruirnos.

¿Qué dice La Biblia acerca de los cristianos y la guerra? Esta es la pregunta que muchos creyentes se hacen. Los que se oponen a la guerra pueden encontrar suficiente respaldo en los libros sagrados; pero los que la apoyan tienen también argumentos disponibles para sustentar sus puntos de vista. Nuestra convicción, y anticipamos que está sujeta a un análisis polémico, es que La Biblia no condena la guerra, es más, la autoriza cuando se trata de defender principios, valores y derechos, y en especial cuando se adopta la seguridad de que estamos cumpliendo con la voluntad soberana de Dios.

Los que se oponen a la guerra aluden al sexto Mandamiento de la Ley de Dios: "no matarás" (Exodo 20:13). Sin embargo, en las versiones en inglés el mismo texto es totalmente diferente: "you shall not murder". Hay una diferencia entre "matar" y "asesinar", y no vamos entrar en la semántica ni en la semasiología. El hecho es que en el hebreo se hace una clara distinción, Asesinar es un crimen punible, matar es una acción que se debe a una reacción defensiva.

El Antiguo Testamento no es, en manera alguna, un ejemplo de pacifismo. Aunque en el mismo se hable de "convertir las espadas en arados", eso es después de haberlas usado en la destrucción de los enemigos. No en balde Dios se llama "Jehová de los ejércitos".

Si miramos a La Biblia en su totalidad pudiéramos afirmar que casi la tercera parte de su contenido tiene que ver con la guerra. Desde los principios de la historia del "pueblo escogido", la guerra es experiencia constante del mismo. En el Pentateuco se nos narra la confrontación dirigida por Moisés y estratégicamente preparada por Dios contra los egipcios. Una vez que el pueblo tras cuarenta años de penoso peregrinaje por el desierto llega a la llamada "tierra prometida", se narra el periplo de las intensas guerras conducidas por Josué, quien actúa bajo las directas órdenes de Dios.

Pudiera pensarse que después de la unidad de las tribus e instaurada la monarquía, la guerra no tendría razón de ser, pero lo cierto es que las continuas amenazas intervencionistas de los imperios babilónico y persa forzaron a los hebreos a rearmarse y lanzarse a los campos de batalla. La lista de los héroes bíblicos involucrados en guerras incluye nombres tan respetados como los de Moisés, Josué, Elías, Eliseo, Daniel, Esdras, Nehemías y muchos otros, cuyos actos heroicos se exaltan en el texto sagrado.

Siempre habrá los que argumenten que las historias de guerra en La Biblia son temas propios del Antiguo Testamento, anteriores a las enseñanzas de Jesús; pero ése, estrictamente, no es el caso. Leamos estas palabras dichas por Jesús: "no penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada", (San Mateo 10:34). Desde la aparición de Jesús su figura ha estado asociada a la guerra. Todavía hoy, en el siglo XXI hay persecución, abusos, torturas y crímenes que sufren millones de seres humanos por el solo hecho de proclamar fe en Jesucristo. En muchos lugares del mundo los cristianos tienen que defenderse contra ataques crueles y despiadados.

En el evangelio de San Mateo (24:6) Jesús hace esta patética advertencia "y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca". El Señor predice a sus seguidores que "serán entregados a tribunales y sufrirán la muerte y serán aborrecidos" (San Mateo 24:9). Dios quiere que vivamos en paz, pero hay hombres malvados y feroces que provocan las guerras. Ante esta realidad no podemos permanecer pasivos ni permisivos. El cristiano tiene el deber de defender su fe aunque esa defensa implique la guerra.

En la carta universal de Santiago Apóstol tenemos acceso a una breve explicación de los orígenes de las guerras: "De dónde vienen las guerras y los pleitos…, no es de vuestras pasiones…? Ciertamente en toda guerra hay atacantes y hay víctimas. Hoy, gracias a la facilidad con la que se publican las noticias, hemos visto a verdugos que en nombre de una adulterada religión, invocan a un dios sanguinario para decapitar a jóvenes por el delito de profesar la fe cristiana. Hemos observado aterrorizados la quema de templos llenos de feligreses, hemos sabido de niños asesinados al nacer, de mujeres brutalmente violadas y de ataques suicidas perpetrados por fanáticos que mueren por el mórbido placer de asesinar a decenas y centenares de víctimas inocentes. Frente a estas degeneradas acciones el cristiano tiene que surtirse de valor para enfrentarlas, confiando que en el empeño cuenta con la bendición de Dios.

No quisiéramos dejar la impresión de que La Biblia es un manual de guerra; pero tampoco podemos afirmar demagógicamente que sea un documento a favor de la paz, cuando la paz sea la sumisión cobarde y la aceptación humillante de afrentas y criminal dominio.

No creo que Dios quiera la guerra, pero mucho menos quiere una paz degradada que nos convierta en esclavos desprovistos de esperanza. Lo que quiere Dios es la justicia. Y si el paso para conseguirla y preservarla es la guerra, pues que sea santa la guerra.

 

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