¿ES OBAMA EL ANTICRISTO?

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Anticristo: "Aquel hombre perverso y diabólico que ha de perseguir cruelmente a la Iglesia Católica y a sus fieles al fin del mundo", Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Reconozco que a algunos podría parecerle exagerada la pregunta sobre Barack Obama que me formulo en el título de este artículo. A pesar de mi obvia y abierta hostilidad hacia el sujeto, hace una semana quizás no me habría hecho esta desconcertante pregunta. Pero, después de leer el texto de su discurso ante los congregados en la reunión anual del Desayuno Nacional de Oración, la pregunta está más que justificada. Porque, cuando ya creíamos que este hombre había roto todos los parámetros de la decencia en su manipulación de los hechos, su ocultación de la verdad y su renuencia a confrontar a los enemigos de los Estados Unidos, se aparece con esta barbaridad de emprenderla contra el cristianismo para desviar la atención sobre el terrorismo islámico. Un terrorismo que, a pesar de pruebas irrefutables de su naturaleza diabólica, Obama se niega a reconocer como tal.

Me inclino a pensar que ningún otro orador en los 63 años de tradición del Desayuno Nacional de Oración se había atrevido hasta ahora a desatar un ataque tan artero contra una religión y sus feligreses. Estoy convencido de que escogió el lugar a propósito porque siempre ha demostrado que su objetivo y su forma de operar es vituperar y desafiar a quienes no compartimos sus opiniones. Sobre todo cuando dijo: "Y antes de adoptar una posición arrogante y pensar que este fenómeno (el terrorismo) se aplica únicamente a otros lugares, recordemos que durante las Cruzadas y la Inquisición, la gente cometió actos terribles en nombre de Cristo".

Asimismo, en uno de sus acostumbrados despliegues de hipocresía, procedió a darnos clases de humildad diciendo que"existe una tendencia en todos nosotros, una tendencia pecaminosa que puede pervertir y distorsionar nuestra fe". El arrogante en jefe dándonos clases de humildad y acusando a los cristianos de pervertidos cuando los únicos pervertidos son los musulmanes de ISIS que degüella, violan y crucifica en nombre de Mahoma. Repitió su ritornelo de que los diablos de ISIS habían secuestrado la religión islámica y afirmó que el 99.9 por ciento de los musulmanes son gente razonable y pacífica.

Sin embargo, un estudio efectuado en 2013 por el prestigioso Pew Research Center derrumba su argumento. Residentes de países con grandes poblaciones musulmanas como Egipto, Pakistán, Nigeria, Irán y Afganistán oscilaron entre el 13 y el 47 por ciento en su apoyo a los ataques suicidas con explosivos. Si tomamos en cuenta que los 2,000 millones de musulmanes constituyen el 28 por ciento de la población del globo tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos. Ahora bien, simplifiquemos el argumento y reduzcamos el porcentaje. Digamos que solamente el 2 por ciento de los musulmanes apoya el terrorismo como medio de propagación de su fe. La cifra alucinante de 40 millones de fieles islámicos que, aún cuando no formen filas en los ejércitos de ISIS, Al Qaida o Boko Haram, apoyan con financiamiento, logística y propaganda el holocausto desatado por estos endemoniados. Un número suficiente como para paralizarnos por el terror, estremecer los cimientos de nuestra civilización judeo-cristiana y desestabilizar al mundo occidental.

Pero esa es una amenaza que Obama no sólo ignora sino trata de encubrirla con argumentos carentes de toda base en la realidad. Por eso apela a soberanas tonterías como equiparar a las Cruzadas y a la Inquisición--instituciones perdidas en pasados de 900 y 500 años respectivamente-- con los bárbaros de ISIS que están crucificando niños, violando mujeres, degollando periodistas y quemando rehenes en los mismos instantes en que ustedes leen estas líneas.

Por nuestra parte, los cristianos hemos evolucionado de la violencia a la tolerancia. Ya no marchamos en Cruzadas ni juzgamos herejes ante Tribunales de Inquisición. No degollamos, violamos, crucificamos o quemamos a otros seres humanos. Los musulmanes, por su parte, se mantienen congelados en el Siglo VII. Andan enfrascados en una constante marcha atrás y están dispuestos a imponer su visión del mundo sobre el resto de la humanidad por medio de la sangre, la violencia y el terror. Su objetivo manifiesto es devolver al hombre a las cavernas. De ahí que la lucha más urgente de este momento de la humanidad sea la erradicación del terrorismo islámico. Porque mucha gente inocente está muriendo y mucha más morirá si el mundo occidental no reacciona con firmeza.

Para vergüenza del pueblo norteamericano, que lo puso nada menos que dos veces en la Casa Blanca, Barack Obama se niega a confrontar este reto gigantesco. Este hombre nació y creció rodeado de símbolos, enseñanzas y preceptos de la religión islámica. El padre que él adoraba a pesar de haberlo abandonado era musulmán, su padrastro Lolo Soetoro lo envió a las "madrazas" de Indonesia y su introducción al cristianismo se produjo en la iglesia distorsionada por el racismo y el rencor del infame Jeremiah Wright.

El mismo Obama ha dicho que no existe nada más emocionante que el canto de la oración del crepúsculo (Maghrib) de la religión islámica y cuando se refiere al Corán siempre especifica el Santo Corán. Jamás lo he escuchado referirse en los mismos términos a la Santa Biblia. Este es el estado mental por el cual este hombre hace el ridículo negándose a llamar terrorismo al terrorismo y niega que sean islámicos los bárbaros de ISIS.

Pero aún en las noches más oscuras se filtra algunas veces un rayo de luz, hasta desde los lugares más inesperados. Dos jefes de estado con poblaciones donde predominan mayorías musulmanas han decidido confrontar el reto. El presidente de Egipto, Abdel Fattah el-Sisi, un militar de religión musulmana que puso fin a la pesadilla en su país de la extremista Hermandad Musulmana, le dijo a los clérigos egipcios que entraban por el aro o los pondría a buen resguardo. Resultado: Egipto está tranquilo.

El Rey de Jordania, Abdulla II, otro militar de religión musulmana, decidió confrontar el brutal asesinato en que convirtieron en antorcha humana a un piloto jordano caído en territorio dominado por ISIS incrementando los bombardeos aéreos contra los diablos. Ninguno de estos dos hombres cuenta con el poderío militar de los Estados Unidos pero tienen el poderío de las convicciones y de los pantalones de que carece Barack Obama. Como militares, saben que las guerras no se ganan con palabras ni el campo de golf sino en el campo de batalla y con las armas que sean capaces de derrotar al enemigo.

Por otra parte, la entereza y el coraje no han estado limitadas a militares dentro del mundo musulmán. El cristianismo ha tenido a su gran campeón en la persona del pastor evangélico Franklin Graham, hijo del gigantesco Billy Graham. Harto de un gobierno arrodillado y de una prensa silente ante los horrores del terrorismo islámico, el pastor Graham literalmente se quitó los guantes para pegarle a ISIS y a los musulmanes que callan sus fechorías. En una frase poco característica de un pastor religioso y que bien puede ser calificada de lapidaria dijo: "Mi Dios vino al mundo a morir por mis pecados. Los musulmanes tienen que morir por su Dios para ser aceptados en su cielo".

No creo necesario esgrimir más argumentos para demostrar la ignorancia y la maldad del señor Obama al trazar un paralelo entre el cristianismo y el islamismo, entre Cristo y Mahoma. El primero vino al mundo a salvar a la humanidad con su inmolación en la cruz. El segundo se puso a la cabeza de un ejército para exterminar a sus enemigos, reales o supuestos. El segundo esgrimió la espada que aterroriza y mata. El primero una rama de olivo tanto para quienes le amaron como para quienes le odiaron al punto de crucificarlo. Para quienes no estén cegados por el fanatismo religioso o los resabios ideológicos la decisión es fácil. Nos enfrentamos a los vándalos o nos resignamos a morir en sus manos.

9 de febrero de 2015

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