LA ALUCINACIÓN DE LOS TIRANOS

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Alucinación: "Sensación subjetiva que no va precedida de impresión en los sentidos". Alucinar: "Confundirse, ofuscarse, desvariar". Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Cuba es un país en ruinas que no es la sombra de lo que fue y cuyo gobierno se mantiene en el poder a base de palos, plomo y represión. Cualquiera con el más mínimo sentido común o ínfima percepción de la realidad lo consideraría un volcán a punto de hacer erupción. Pero esa no es la forma en que lo perciben los responsables de haberlo llevado a esta deplorable y explosiva situación. Actúan como si sus prebendas, sus privilegios y su poder tuvieran carácter de perpetuidad. Pero, al igual que otros tiranos que les han antecedido, el futuro podría reservarles una sorpresa en la forma de un amargo despertar. Porque, según una ley constante de la naturaleza, la realidad se impone siempre a la alucinación.

Antes de que los defensores del régimen me acusen de sufrir de la misma alucinación que atribuyo a los tiranos, dejo claro que no estoy diciendo que el dinosaurio está muerto, ni vaticinando que su heredero está a punto de salir corriendo o que el régimen caerá en un futuro inmediato. Me niego a caer en la trampa con la que los Castro han martirizado y desprestigiado a sus adversarios. Ahora bien, quienes hemos seguido el vía crucis de Cuba sabemos que el régimen es un árbol con un tronco carcomido por medio siglo de mentiras, fracasos e injusticias. Un análisis objetivo de la realidad me indica que ese tronco no puede resistir a perpetuidad los vientos de libertad que traerán aparejados los cambios que los tiranos se han visto obligados a tomar para sobrevivir. Hasta ahora, han comprado tiempo pero el tiempo se les acaba.

Si llegara a cumplirse el vaticinio de los expertos sobre un petróleo a 25 dólares el barril, el régimen tambaleante de los mafiosos del chavismo podría verse obligado a retirarles las regalías a sus chulos decrépitos de La Habana. La última tabla de salvación que le ha lanzado su compinche Barack Obama tiene un tiempo limitado a los 22 meses restantes de su mandato. Otro motivo de preocupación para los Castro es que las encuestas indican que el pueblo norteamericano, cansado de la ineptitud del presidente y de la demagogia de su partido, podría decidir mandar a un republicano a la Casa Blanca en noviembre de 2016. Y, en la remota probabilidad de que eligiera a un demócrata, me aventuro a vaticinar que ninguno, ya sea demócrata o republicano, pondría su ideología o su partido por encima de los intereses de los Estados Unidos como lo ha hecho el fanático ideológico de Barack Obama.

Pero los tiranos cubanos no parecen haberse dado por enterados del abismo al que están asomados. Compensan la percepción de debilidad que trae consigo la súplica de ayuda al odiado enemigo del norte aumentando las amenazas y la represión. Actúan con la prepotencia y hablan con el triunfalismo de quienes se sienten dueños absolutos del futuro. Su alucinación los hace sentirse invencibles e intocables. En ella está precisamente el germen de su perdición y la puerta a la libertad de nuestra patria.

Esa mentalidad explica por qué el burro sanguinario que heredó el poder del caballo ya convertido en penco haya rebuznado contra Washington y el Presidente Barack Obama en la reciente conferencia de la CELAC en Costa Rica. Estos rufianes no sienten gratitud ni siquiera hacia sus propios benefactores. Al contrario, siempre suben la parada porque solo están satisfechos con la rendición incondicional de sus enemigos. Y Obama se les ha rendido sin pedirles nada a cambio, ni siquiera respeto a los derechos humanos. Por eso le han exigido el levantamiento del embargo, la autorización del turismo norteamericano, la devolución de la Base Naval de Guantánamo y, como si todo esto fuera poco, una compensación de 100 MIL MILLONES de dólares por supuestos daños sufridos a causa del embargo norteamericano. Esta última exigencia es una cantidad descomunal, sobre todo para un ignorante como Raúl que nunca terminó la secundaria y probablemente tenga dificultades para entender las cuatro reglas. Pero que ha demostrado que, lo que le falta en preparación académica, le sobra en maldad.

Por otra parte, en un extremo galáctico de la alucinación se consideran tan amados por sus víctimas que se hacen ilusiones de ser recordados después de muertos. En los últimos días se han filtrado rumores sobre un gigantesco mausoleo que está siendo erigido en el Cementerio de Santa Efigenia, cerca de Santiago de Cuba, para honrar la memoria del casi ya difunto Fidel Castro. Este sujeto corrupto, narcisista y cobarde pretende ser enterrado junto al incorruptible José Martí y el valiente Antonio Maceo.

Este tipo de conducta indica, además, una ignorancia supina de la suerte corrida por los déspotas a través de la historia. Julio César fue ultimado por el puñal de su discípulo Bruto. Nerón fue asesinado por los mismos centuriones que se suponía debían protegerlo de sus enemigos. Napoleón vio desaparecer su imperio en Waterloo y murió solitario, quizás envenenado, en la remota isla de Santa Elena. Mussolini, después de haber sido fusilado y de que su cadáver fuera objeto de humillaciones truculentas, terminó colgado patas arriba en un farol del alumbrado público de la ciudad de Milán. Adolfo Hitler se envenenó y se disparó un pistoletazo para no correr la suerte de su apandillado Mussolini. Y recientemente hemos visto las muertes de miserables como Ceausescu, Saddam Hussein y de Gadafi. Todos se creyeron omnipotentes e hicieron alardes de valientes mientras usurparon el poder pero murieron como ratas y suplicando clemencia a sus ejecutores. Raúl Castro haría muy bien en mirarse en ese espejo porque podría correr la misma suerte si sigue empecinado en aferrarse al poder.

Si no estuviera cegado por su arrogancia y su prepotencia, éste cobarde hace tiempo que habría hecho las maletas. Su cobardía y la de su hermano es un elemento ampliamente documentado. Primero echaron por delante y mandaron a la muerte a Abel Santamaría y a medio centenar de sus compañeros durante el asalto al Cuartel Moncada mientras ellos dos se quedaron en la retaguardia. Después mandaron a Camilo, Guevara y Matos a atacar ciudades en los llanos e invadir el occidente del país mientras ellos se mantenían a buen resguardo en sus madrigueras de la Sierra Maestra. Fidel Castro demoró más de una semana en llegar a La Habana después de la fuga de Batista. De hecho, la mayor parte de las muertes tuvieron lugar en la clandestinidad donde combatieron militantes del 26 de Julio, del Directorio Revolucionario y de la Organización Auténtica.

Unos días después del asesinato del dirigente opositor Oswaldo Payá escribí un artículo que titulé: "Los monstruos matarán hasta el final". En una de sus partes dije: "La única verdad que han dicho los miserables es que únicamente abandonaran el poder de la misma forma en que se lo robaron, a fuerza de plomo y sangre. Pero, como bien dice el refrán, "en el pecado llevaran la penitencia". Hoy más que nunca me temo que ese es el horrible destino que espera a nuestro pueblo. En cuanto a los tiranos, no importa el número de estatuas, bustos y mausoleos que erijan durante su orgía de poder y odio para perpetuar su memoria después de muertos. En la muerte, como en la vida, serán condenados por la historia y aborrecidos eternamente por su pueblo.

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