SCOTT WALKER, LA ESPERANZA REPUBLICANA Y LA SALVACIÓN AMERICANA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Este país necesita desesperadamente un administrador eficiente que sea capaz de cuadrar la caja, dar rienda suelta a la producción energética, cortar las amarras regulatorias que asfixian a las empresas, multiplicar los empleos y reducir la carga impositiva sobre los ciudadanos productivos para financiar parásitos que cambian libertad por limosna.

Estamos a sólo 22 meses de unas elecciones presidenciales que los republicanos no pueden darse el lujo de perder si quieren salvar a los Estados Unidos del desastre político, financiero y moral desatado sobre este país por Barack Obama. De ahí que se hayan multiplicado en progresión geométrica los aspirante a la postulación por el partido del elefante. Hasta el momento se habla de hasta dos docenas de aspirantes, cualesquiera de los cuales haría un mejor trabajo que el actual inquilino de la Casa Blanca. Pero, si tomamos en cuenta las cantidades siderales que cuesta montar una campaña política exitosa en los Estados Unidos, sólo media docena de ellos cuenta con el talento y el carisma para resultar atractivo a los donantes con capacidad para determinar el resultado de las elecciones.

La realidad, sin embargo, es que vivimos en una democracia donde todos los ciudadanos, independientemente de su fortuna o de su talento, tienen derecho a aspirar a un cargo electivo. Y, desde un punto de vista ideal, es bueno que así sea; pero no desde un punto de vista pragmático. Vaticino que serán muchos los que, buscando notoriedad o cegados por la vanidad, continuarán adelante con aspiraciones irreales que complicarán el manejo de las primarias por los funcionarios del Partido Republicano. Todo ello para beneficio de unos demócratas cuyas primarias se vislumbran como un proceso aburrido que muy bien podría culminar en la coronación de la inepta y camaleónica Hilary Clinton.

Afortunadamente, esta situación no ha pasado desapercibida para el actual presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, y sus asesores en la organización de las primarias. En este 2016 están determinados a impedir que se repita el circo de tres pistas de las primarias presidenciales de 2008 y 2012. Ya sabemos cómo acabaron las campañas que las siguieron.

En aquellas primarias, una veintena de aspirantes, la mayoría de los cuales no tenían probabilidades de ser postulados ni de ganar las elecciones, se sacaron los trapos sucios para deleite del Partido Demócrata y de los periodistas de izquierda que moderaron los debates y se ensañaron contra McCain en 2008 y contra Romney en 2012. ¿Quién puede olvidar la forma extemporánea en que Candy Crowley interrumpió a Romney para convalidar una de las mentiras de Barack Obama? Priebus ha prometido que esta vez se aceptarán menos aspirantes, habrá menos debates y el Partido Republicano vetará a moderadores que cojeen de la pierna izquierda. Ya era hora de que los republicanos se pusieran los pantalones y dejaran de pelear a la defensiva.

En vista de la reducción del número de aspirantes republicanos que podrán acceder a los debates de las primarias del partido y de mi derecho a opinar, y hasta a equivocarme, me arriesgo a expresar mi predilección. Los republicanos necesitan un candidato con el carácter, los principios y, sobre todo, la hoja de servicios de un gobernante exitoso. Alguien cuyos hechos sean más elocuentes que su retórica. Alguien con las habilidades para convertirse en un presidente con la capacidad de sacar al país de este atolladero en que lo ha metido el charlatán de Barack Obama.

Este país necesita desesperadamente un administrador eficiente que sea capaz de cuadrar la caja, dar rienda suelta a la producción energética, cortar las amarras regulatorias que asfixian a las empresas, multiplicar los empleos y reducir la carga impositiva sobre los ciudadanos productivos para financiar parásitos que cambian libertad por limosna. En mi libro ese administrador es el joven gobernador de Wisconsin, Scott Walker.

Como es lógico, no tengo idea si será postulado, pero sé que, de ser postulado, no haría campaña por él porque sólo haría campañas en una Cuba democrática y, para colmo, ni siquiera lo conozco. Pero mi análisis de los candidatos, de sus ejecutorias, de sus logros, de sus programas y hasta mi olfato político me dicen que Walker es el más calificado para ganar y para gobernar. Y recordemos que, para gobernar, hay que ganar primero. Cosa que no supieron hacer ni McCain ni Romney. Paso a respaldar con hechos mi juicio que algunos considerarán atrevido hasta la temeridad de haber seleccionado a Walker como el mejor candidato. Yo, sin embargo, me mantengo en mis cuarenta.

En el 2011, las probabilidades de mantenerse en el cargo para el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, parecían ser muy escasas. Furiosos manifestantes--encolerizados por su posición frente a la intimidación de gobernantes y empleados públicos por los sindicatos del sector público--invadieron el capitolio en Madison e intentaron bloquear la aprobación de las leyes propuestas por el gobernador. Los sindicatos de maestros lo acusaron de ser enemigo de la educación. Sus niveles de popularidad se fueron al piso y la prensa nacional alineada con la izquierda escribió el epitafio de "Walker es hombre muerto". El gobernador se vio luchando por sus reformas, desafiando amenazas de muerte y confrontando una elección revocatoria financiada desde fuera del estado con el estímulo de la Casa Blanca.

Pero entonces ocurrió algo inesperado, el muerto resucitó, no por intercesión divina sino por obra de su política pública. Sus votantes se dieron cuenta de que su liderazgo los beneficiaba y, en junio de 2012, se convirtió en el primer gobernador en la historia de los Estados Unidos en sobrevivir una elección revocatoria, obteniendo incluso un mayor número de votos que en su elección para gobernador.

En su libro "Nunca Intimidado"--"Unintimidated" en inglés--Walker nos cuenta como salvó a Wisconsin de la bancarrota transformando un déficit de 3,600 millones de dólares en un superávit de 500 millones. Nos describe la forma en que se mantuvo firme en sus convicciones contra enormes presiones políticas y ataques personales. Todo ello porque, basado en su experiencia como funcionario en gobiernos locales, estaba convencido de que sus reformas serían efectivas.

Más adelante en su libro nos muestra el éxito de sus reformas. El hecho de que, en este momento, hay 7,600 más empleos en Wisconsin que cuando él fue electo gobernador . Y como la tasa de desempleo, que alcanzo un nivel de 9.2 por ciento en enero de 2010, se redujo a 5.2 por ciento bajo su gestión.

Estas estadísticas muestran un marcado contraste con el deplorable desempeño de Barack Obama como administrador. Un hombre que disfruta hacer y ganar campañas electorales a cualquier precio por sucio que sea pero que detesta el trabajo de gobernar. Al riesgo de repetir lo obvio y lo discutido hasta la saciedad, bajo su presidencia la deuda nacional de los Estados Unidos se ha más que duplicado alcanzando un nivel superior a los 18 millones de millones de dólares(18 trillones en inglés).

Parte de esa deuda es ocasionada en gran medida por el pago de casi 2 millones de millones (2 trillones en inglés) en programa de beneficios sociales--entitlement programs en inglés--que serán adjudicados en este 2015. Y precisamente en este 2015, el gobierno utilizará 251,000 millones de dólares de nuestros impuestos sólo para pagar los intereses sobre la deuda nacional. Los beneficios son bienvenidos por quienes los reciben, en muchos casos sin habérselos ganado con su trabajo. Las cifras son descomunales, alucinantes y aterradoras para quienes pagamos impuestos y no queremos dejar a nuestros hijos y nietos una injusta deuda en que ellos no tuvieron responsabilidad alguna.

Cierro con una nota personal. Algunos se preguntarán: ¿Cómo es posible que Cepero, siendo cubano, no exprese predilección por candidatos talentosos y honorables como Marco Rubio, Ted Cruz o cualquier otro republicano de origen cubano? Mi respuesta es "clara y al grano", como el título de mis comentarios en la antigua Cadena Azul de Miami.

Soy uno de esos cubanos que se fue de Cuba pero de cuyo corazón Cuba jamás se ha ido. Que siento una profunda gratitud por el país donde he prosperado y criado familia. Pero al cual me ha sido imposible amar con la intensidad rayana en idolatría con que sigo amando a mi Isla esclavizada y depauperada. Por eso sentiría un profundo orgullo de que alguno de mis compatriotas fuera presidente de los Estados Unidos.

Pero esta no es hora de emociones sino de raciocinio que garantice la supervivencia de un mundo amenazado por fuerzas fanáticas empeñadas en la destrucción de nuestra cultura occidental. Los Estados Unidos son el factor más importante en la ecuación con la capacidad para derrotar esa amenaza. Una vez escribí "no habrá paz mundial sin Pax Americana". Ahora lo repito. Para ello, los Estados Unidos tienen que ser fuertes en lo económico y en lo militar, pero primero que nada en lo económico y en su cohesión interna. Por eso, a la hora de escoger presidente, pienso con la cabeza y no con el corazón. Scott Walker, aunque no sea cubano, es la esperanza republicana y la salvación americana.

26 de enero de 2015

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