OBAMA, RAÚL, DE BLASIO Y HISS

¿EN QUÉ SE PARECEN?

Por Hugo J. Byrne

He decidido en lo adelante sólo escribir las acciones de quienes transiten estas cuartillas. El uso de adjetivos no ayuda. También estoy mencionando menos las características físicas, pues algunas aunque cien por ciento objetivas, en este ambiente son consideradas insultantes. Por ejemplo: “gordo” o “gorda”.

Hace muchos años un buen amigo, capaz de pulverizar cualquier báscula, me insinuó entre broma y veras que se sintió negativamente aludido cuando usé el adjetivo “gordo” para describir a un castrista que debatí en la televisión. La crítica era injustificada, pues mi contrincante apenas cabía en la pantalla: sólo lo describí. Sin embargo, su observación me hizo pensar.

Nunca seré “políticamente correcto”, pero para llegar a todas partes se necesita método. Siempre habrá quien me critique, no importa lo que escriba. No “canto para el coro” y trato de orientar para el presente y el futuro: el pasado nadie lo puede cambiar. Pero, ¿cómo aprender del pasado sin visitarlo?

A continuación una semblanza de cuatro “santos” que no son de mi devoción. No están en orden de importancia y empiezo por el quizás menos conocido de los lectores y único que desde hace muchos años reside en los predios de Satán. Su inclusión en este trabajo fue inspirada en un intercambio de correos electrónicos con un amigo lector. Narro sólo lo que me interesa de sus vidas para que los lectores puedan arribar a sus propias conclusiones.

Alger Hiss (1904-1996). Era un abogado norteamericano quien se involucró en la vida pública de Estados Unidos desde muy joven y en los años cuarenta fue quizás el funcionario más influyente de la Secretaría de Estado. Autor y conferencista, Hiss tenía más acceso a la Casa Blanca que el entonces Secretario de Estado Dean Acheson.

A pesar de un posible conflicto de intereses, Hiss fue funcionario de la organización diplomática “Naciones Unidas” y de la Secretaría de Estado simultáneamente. Hiss fue el individuo más importante en la creación de la ONU y redactó sus estatutos.

En el año 1948 Hiss fue acusado de espionaje por un viejo militante del Partido Comunista de Estados Unidos, Whittaker Chambers, quien había sido citado ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas de la Cámara. Cuando Hiss fuera citado ante el mismo Comité, negó todos los cargos bajo juramento.

Chambers hizo públicas sus acusaciones a través de la radio y Hiss lo demandó por difamación. Este paso fue negativo a los intereses de Hiss: su antiguo cómplice produjo evidencias documentales de que el primero había sido miembro encubierto del Partido Comunista y había espiado a su país para la U.R.S.S. Chambers obtuvo inmunidad.

Después de aprobar las mociones de la defensa sobre un “estatuto de limitaciones expirado” en el espionaje, en 1950 la corte condenó a Hiss a dos sentencias de prisión “simultáneas” de cinco años cada una por perjurio. Hiss fue liberado en tres años y por un tiempo se convirtió en el “poster boy” de la izquierda. Hasta su muerte y a pesar de la evidencia documental condenatoria, continuó negando todos los cargos. ¿Recuerdan a Obama y “donde dije digo, digo Diego”?

“Bill” De Blasio (1961- ) El actual Alcalde de New York cambió su nombre de Warren Wilhelm Jr. a Bill De Blasio (el apellido de su madre) en el 2002. No lo culpo. Su padre era alcohólico y lo abandonó cuando Bill tenía 7 años. Sin embargo conoció más paternidad que Obama, cuyo padre desertó mucho antes. La similitud entre De Blasio y Obama no termina aquí. Ambos tienen un íntimo amigo quien los visita con gran frecuencia, llamado “Al” Sharpton.

Las credenciales académicas de De Blasio, incluyen una maestría en “Asuntos Políticos e Internacionales” de la Universidad de Columbia, donde estudió el Presidente Obama. Previamente obtuvo un BA de la Universidad de New York. Allí empezó su carrera política como activista contra la subida del costo de la matrícula.

De Blasio es muy alto y está casado con otra activista de poca estatura llamada Chirlane McCray. McCray es una escritora izquierdista de la raza negra y, hasta casarse con De Blasio, era lesbiana y activista en favor de ese estilo de vida. Tienen un hijo y una hija.

Políticamente Bill pertenece a la extrema izquierda demócrata. En los años 80 fue partidario fuerte de los “Sandinistas” de Nicaragua. En 1983 recorrió la Unión Soviética. Su denominador común con Sharpton y otros es que detesta a la policía.

Independientemente de los fallos en los homicidios justificados de dos hombres de la raza negra que resistían arresto en Ferguson y Stanton Island, De Blasio eliminó la política de “search and frisk”, utilizada por el Departamento de Policía de New York. En el poco tiempo desde la suspensión de esa medida, el crimen con armas de fuego aumentó en 7%, resultando en fricción entre la administración De Blasio y el NYPD.

Después de las manifestaciones apoyando subversión y asesinato de policías en la misma ciudad de New York, el presente Alcalde hizo unas declaraciones sobre sus consejos a su hijo de usar prudencia en caso de tener que hablar con la policía. La prudencia es un buen hábito tratando a cualquiera y eso incluye a la policía.

Pero el Alcalde subrayó impropiamente que se refería a ese tema porque su hijo es mulato. La obvia inferencia de racismo por las fuerzas del orden en las declaraciones de De Blasio ofendió a NYPD. Poniendo árnica en la herida, el Alcalde hizo referencia a una supuesta agresión a dos policías en un centro comercial de la ciudad. El problema era que un video de seguridad visto por De Blasio enseñaba a una turba agrediendo a los guardias. He aquí otra similitud de De Blasio con Obama y Sharpton (y Clinton): nada es mentira. Todo depende de la interpretación.

Finalmente, el asesinato traicionero y premeditado de dos agentes de NYPD por un hombre de la raza negra, colmó la copa. En el sepelio de una de las víctimas y durante el discurso de De Blasio, una gran parte de los agentes del orden presentes volvieron sus espaldas al Alcalde. Los arrestos por violaciones menores han disminuido radicalmente y la población demanda ser protegida. De Blasio declaró que se le ha faltado el respeto. Como reza el adagio, esto no se queda así; se hincha.

Raúl ¿Castro? (1930- ) Los signos de interrogación denotan que la paternidad de Raúl por el gallego Ángel Castro ha sido puesta en duda. Por supuesto, no tenemos el DNA de este “Presidente”, electo por su hermano mayor. Menos aún el del antiguo soldado de Weyler. En un trabajo anterior hice referencia a unos versos de Martí en los que critica la maledicencia hacia las mujeres: prometo tener mucho cuidado.

No he repasado recientemente las biografías de Fidel Castro en mi posesión, pero considero a la de Robert Quirk una de las más completas y la recorrí con la mirada hace un par de días. Cuando Ángel inseminó a su sirvienta Lina Ruz González con la semilla de “Mongo” Castro, esta tenía quince años de edad. La esposa legítima del gallego, llamada María Argota, tuvo dos hijos con éste; Lidia y Pedro Emilio. Esa familia despareció del panorama hace muchos años.

Todo indica que las relaciones entre el gallego y Lina continuaron por bastante tiempo antes de que la señora Argota decidiera poner tienda aparte. De acuerdo a Quirk, Fidel fue el tercer hijo de Castro con Ruz. Raúl vino después. Pero a diferencia de Fidel y de Ramón quienes eran altos y fuertes como Ángel (antes que la artritis retorciera a “Fifo”), Raúl es más bien de estatura mediana. Lo he visto relativamente cerca hace muchos años y soy más alto que él. Notablemente, las facciones son distintas a las de la mayoría de sus hermanos, excepto una hermana, que como él se parece sólo a su madre. Por supuesto, el parecido físico no prueba parentesco a menos que sea con el lechero.

Existe una foto de Batista con un niño cargado que muchos identifican como Raúl Castro. La cara del niño está parcialmente oculta y no soy experto en fotos. Sin embargo, cuando se observan los otros personajes se concluye que por esa época el entonces único hijo de Batista, Rubén (“Papo”), ya no era de brazos. La amistad entre Ángel Castro y Batista era conocida.

Raúl no siempre quiso ser militar: cuando joven deseaba ser torero. Su impopularidad aún entre sus supuestos incondicionales, es notoria. Esta impopularidad ha creado rumores sobre homosexualismo, incluyendo el mote de “la china”. No hay evidencias, pero sí de su debilidad por el alcohol: una vez se cayó al suelo mientras leía un discurso. Ese incidente no debe confundirse con la caída de Fidel, quien había terminado de hablar y caminaba cuando “sacó un boniato” y se fue de nariz.

Raúl tiene que leer todo cuanto dice y a diferencia de su hermano Fidel, ávido lector, sus discursos escritos por otros son casi todo lo que lee. Aún consulta diariamente con “Fifo”, supuestamente senil y al menos impresentable.

Por encima de todo eso está su historial de crimen. Por propia confesión y en un antiguo video VHS que poseo, Raúl Castro se ríe rememorando cuando “operaba de apendicitis” con una navajita de afeitar a indefensos patitos en la finca del viejo Ángel. Hay una fotografía tomada por sus propios seguidores en las lomas de Oriente, en la que se le ve participando de la ejecución de un infeliz campesino. El 30 o el 31 de diciembre de 1958 dirigió en persona la ejecución en masa de oficiales, soldados y otros partidarios del antiguo gobierno, quienes nunca fueron sometidos a “juicio revolucionario”. Los ametrallaron a noche cerrada, con reflectores cegando sus ojos y a espaldas de una larga zanja cavada expresamente para recibir sus cadáveres. Estas víctimas se habían rendido a los rebeldes cumpliendo órdenes de sus superiores. Pienso que habrían actuado de manera muy diferente de saber el destino que les esperaba.

Aunque nunca participó de una batalla o de una simple escaramuza, este “General del Ejército” de Castro, fungió como “Vicepresidente” del régimen de su hermano y es responsable intelectual de genocidio en tres continentes. Su función oficial era de Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La prensa de Estados Unidos, con honrosas excepciones, pretende ignorar esa narrativa cruel y criminal. El Presidente Obama, quien a pesar de todo el daño que ha hecho a esta nación ha ganado once puntos porcentuales recientemente y tiene ahora 51% de aprobación de acuerdo al respetado sondeo de Rasmussen, ahora llama a Raúl “President Castro” . Eso me lleva al último de quienes describo hoy: Obama.

Presidente Barak Hussein Obama. (1961- ) Antes de que fuera electo presidente en el 2008 yo sabía quién era BHO y hacia donde iba. Esa información estaba al alcance de cualquier votante interesado en el futuro del país. Desde hace muchos años voto por correo y lo había hecho semanas antes de enterarme del resultado electoral desde Sevilla, en noviembre de ese año. Aparentemente no muchos americanos sabían quién era el Presidente electo. Muchos de mis compatriotas (aunque votaran en contra) consideraron muy positiva la elección de un negro a la presidencia.

Este país no llegó a la posición cimera que ocupa en el mundo mediante el uso de un criterio tan estrecho y frívolo como ese: votaría por el Dr. Ben Carson para presidente, pero para otorgar ese voto su raza me importa un bledo.

“La falta de seriedad es característica sólo de las incultas masas al sur del Río Grande”, dicen algunos. Tengo noticias para ellos: a la ruinosa corrupción moral en la sociedad se llega por distintas rutas y todas entrañan aceptación sumisa a la dependencia del estado. En un régimen totalitario como el de Cuba, la corrupción moral se fuerza por decreto: ergo, la creación del “hombre nuevo”. En Estados Unidos los votantes son corrompidos con promesas de “free stuff”: estímulo extraordinario a la haraganería y el crimen.

El pasado de Obama antes del 2008 debe ser a estas alturas conocido de todos y en todo caso no tengo espacio para ese tema escabroso. Simplemente expongo un contraste entre algunas de sus promesas electorales y su cumplimiento.

Obama prometió “unir a la nación”. Es indiscutible que la sociedad norteamericana está hoy más fragmentada que nunca. Obama culpa de ello a la mayoría parlamentaria republicana. Esa mayoría surgió en el año 2011, dos años después de su inauguración y como expresión del desencanto popular con su “Obamacare”.

Obama prometió “Transparencia”. La lista de acciones furtivas por parte de la presente administración no cabría en diez cuartillas. La más reciente es el contacto secreto de año y medio de duración entre su gobierno y el Régimen castrista. El prominente Senador demócrata por New Jersey, Bob Menéndez, hasta ayer Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, fue mantenido en completa obscuridad por Obama sobre esos conciliábulos, enterándose del chanchullo por la prensa. La ausencia de luz de la administración incluye, si es conveniente, ofender a partidarios.

Obama prometió reducir el déficit y la deuda nacional. De eso nada. Ambos han crecido exponencialmente desde su inauguración en el 2009, a pesar de reducciones drásticas sólo en material y efectivos de defensa nacional y el abandono de Irak.

Obama prometió trabajar en favor de la independencia energética. La reducción en los precios del crudo ha disminuido el costo del transporte, elemento muy positivo a la economía. Es el resultado directo del incremento en la producción de combustible, especialmente gas natural mediante el proceso llamado “fracking”, usado exclusivamente en áreas de propiedad e iniciativa privadas. Obama se ha opone a ello con uñas y dientes. Por el contrario, financia con nuestro peculio proyectos imposibles en la práctica y que han resultado en bancarrota. También ha prometido vetar el oleoducto desde Canadá.

Obama prometió terminar la guerra en Irak: abandonar el terreno no es lo mismo que terminar una guerra. En realidad Obama es el padre putativo de “Isis”.

Obama juró los preceptos de la constitución: ¿Hace falta mencionar la separación de poderes?

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image