EL EJE WASHINGTON-LA HABANA-VATICANO

Por Hugo J. Byrne

Durante el siglo pasado trabajé por diez y seis años para “Bechtel”, un consorcio internacional de ingeniería y construcción que por entonces mantenía intercambios técnicos (“technology transfer”) con compañías clientes basadas en países de Europa y Asia. Estas naciones eran principalmente España y Corea del Sur.

A esas multinacionales se agregó brevemente otra cuyas oficinas ejecutivas estaban en Italia (creo que FIAT, si es que recuerdo bien). Aunque esas iniciales abrevian “Fabrica Italiana Automobile Torino”, en realidad denominan una empresa involucrada en inversiones diversas a través del mundo, no necesariamente relacionadas a la industria del auto. Eso ha incluido, en años más recientes, a Estados Unidos.

Por entonces Bechtel ocupaba un nuevo edificio en Norwalk, California, que ahora aloja el “Hall of Records” del Condado de Los Ángeles, no muy lejos de mi residencia de aquella época. Yo trabajaba en el ala este de uno de sus siete pisos y una vez oí una conversación que identifiqué como italiano.

Eran dos ingenieros quienes obviamente aprovechaban un receso para comunicarse en su lengua nativa. Ocupaban dos mesas consecutivas al norte del departamento de “Sub Stations”, donde estaba la mía.

En la primera oportunidad que tuve me presenté a ellos chapuceando mi “troppo povero” italiano, aprendido “nel cinema”. Aunque la comunicación era una endiablada mescolanza de inglés e italiano (“terribile”) en seguida se percataron de mi acento español, provocando la consabida pregunta.

¡De Cuba! En seguida se animó la conversación y se empeoró (aunque suene imposible) la comunicación. Uno de ellos se identificó como sobrino del entonces Nuncio (embajador) del Vaticano a La Habana, “Monsignore Cesare Sachi”.

El Papa Pablo VI, quien alcanzara el papado a la muerte de Juan XXIII, trató infructuosamente de mejorar las relaciones con Castro a través de Sachi. Este último cortó caña voluntariamente y se retrató junto al sátrapa del Caribe abrazándolo mientras se fumaban sendos puros.

Pablo y Sachi fracasaron en su esfuerzo rastrero por mejorar esas relaciones por esa época. ¿Por qué? En este mundo casi todo puede mejorarse amigo lector, pero una de las notables excepciones es el detrito.

Sin embargo, las semillas de una eventual reconciliación entre el Vaticano y Satanás fueron sembradas en el mismo surco abonado con la sangre de tantos mártires cubanos quienes eran católicos prácticos y fervientes. Conocí a muchos de ellos y nadie puede decirme que no fueron leales a su fe y a su patria. Esas semillas fructificaron hace ya muchos años, pero mostraron sus flores fétidas el 17 de diciembre del 2014.

Ahórrense todos de las admoniciones sobre los deberes evangélicos de una Iglesia que pacta con criminales poderosos quienes no se arrepienten de sus pecados mortales. Es una muy pobre excusa para ejercitar esos deberes. Si soy cismático y soberbio, seré castigado dentro de muy poco. Espero el fallo de Dios serenamente y con una conciencia limpia.

Los enemigos de mis enemigos mortales no son necesariamente mis amigos, pero los amigos de ellos son sin duda mis enemigos. No necesito muchos detalles para enfatizar que el terrorismo islámico es el azote declarado de la vida humana cuando ella no está sometida a su evangelio de odio.

No necesito presenciar sus ejecuciones arbitrarias, ni su crueldad hacia quienes no los acatan, ni su desprecio hacia las mujeres, quienes ni siquiera pueden orar junto a sus padres, esposos, hermanos e hijos. No puedo comulgar con energúmenos que se destripan para exterminar a inocentes en nombre de una miserable fe de violencia y salvajismo.

Para combatir a quienes no creen en las leyes humanas y tratan de imponer otras para esclavizarnos a su capricho no bastan proclamas, lemas y manifestaciones por masivas que estas sean. Nos enfrentamos con quienes sólo creen y respetan violencia total. Ayudémoslos a encontrar su destino donde quiera que se encuentren. Esta es una declaración formal de hostilidad vitalicia contra ellos y de profundo desprecio hacia sus cómplices.

Entre estos últimos, el nuevo Eje del mal, el mismo que coopera con el crimen mediante la liberación de asesinos a cambio de rehenes y muy frecuentemente a cambio de nada: el Eje Obama-Castro-Bergoglio.

 

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