LA TORTURA ES FEINSTEIN

Por Hugo J. Byrne

“De mujer,

pues puede ser

que mueras de su mordida,

pero no empañes tu vida

diciendo mal de mujer”

Martí (“Versos sencillos”)

Las damas que me conocen y son muchísimas, desde mi esposa hasta mi nieta más joven, todas pueden certificar que casi siempre me he comportado muy correctamente con ellas. Confieso que algunas veces perdí los estribos con mis hijas, pero también lo hice con mi único hijo. De esas injustas reacciones, todos los días me arrepiento.

¿Es la llamada caballerosidad congénita? No. Es un hábito. Por lo tanto se aprende de padres, de maestros y del medio ambiente. También es un elemento esencial de nuestra cultura cubana y me propongo observarlo estrictamente hasta el final. Si por eso alguien me considera “machista”, me importa un comino. Además, le garantizo al amigo lector que no perjudica.

Por supuesto, cuando Martí escribió “diciendo”, gerundio del verbo “decir” en esa estrofa, se refería sólo a la maledicencia. Si estoy equivocado y generalizaba, bueno, entonces amigo lector voy a “empañar mi vida” a continuación.

No dudo que otras personas atribuyan características positivas a Dianne Feinstein como legisladora, si es que las hay en sus respectivas experiencias de ella. Sucede que las mías no son buenas.

Sostengo que lealtad, virtud, pudor y otras cualidades individuales nada tienen que ver con el comportamiento político. No conozco nada sobre la vida personal de Golda Meir o de Margaret Thatcher porque ese no es tema de mi interés. Lo importante para mí es que como mujeres políticas, sus objetivos ideológicos o individuales siempre se supeditaron al progreso y a la defensa de sus respectivas naciones. De acuerdo a muchos historiadores Isabel I de Inglaterra fue bastante “sueltecita”, por lo menos durante su juventud. Lo que nadie disputa es que su reinado resultó positivo a los intereses británicos.

Nacida en 1933, Dianne Feinstein se graduó de enseñanza secundaria en 1951 y obtuvo un B.A. en historia en la Universidad de Stanford en 1955. Su vida personal no concierne a este análisis. En 1956 trabajaba para la Fiscalía General de San Francisco. En 1962 empezó una carrera política vitalicia con algunos descalabros iniciales. Sin embargo, perseveró.

Después del asesinato del Alcalde Mosconi, Feinstein fue electa y reelecta a la alcaldía de San Francisco. Esa ciudad, notoriamente ultraizquierdista dentro de un estado tan “liberal” como California, es la base política de Feinstein. De cómo Feinstein ha logrado hacerse de una increíble aureola “bipartidista”, “moderada” y hasta “centrista”, es un formidable testimonio a su naturaleza camaleónica y a su infinita capacidad para la demagogia.

Cuando nos referimos a una “carrera política exitosa”, Feinstein se gana el kake. Desde 1992 ha sido electa cuatro veces al Senado. No sé con exactitud meridiana cuales eran sus medios económicos al principio de su carrera, pero puedo afirmar categóricamente que en esa época Feinstein pertenecía a la clase media. No insinúo que se enriqueciera por medios ilegales, porque no es necesario incurrir en el crimen para beneficiarse con la influencia de una senaduría federal durante 24 años.

Corrupción oficial no implica necesariamente violación de la ley. Si el lector lo duda, debe consultar con un abogado experto en litigios políticos (preferiblemente uno retirado de la profesión). Es por eso muy necesario que la ley imponga estrictos límites de tiempo al desempeño de posiciones electivas.

En el año 2003 Feinstein era considerada como el quinto miembro del Senado con mayores riquezas y su fortuna se cotizaba ya en $26 millones. Dos años después esa cifra había crecido a cerca de $80 millones. Su declaración financiera oficial de acuerdo al rotativo “San Francisco Chronicle”, es un volumen de 347 páginas, que ese medio comparó en tamaño a “una guía de teléfonos”.

Como saben los lectores de esta columna, nada tengo contra el capital o en contra de que los ricos participen en política. Nadie tiene que “venderme” el capitalismo, lo compré hace muchos años, aunque irónicamente, sea pobre. Hay muchos miembros de ambas cámaras legislativas extraordinariamente acaudalados. Están en ambos partidos y no me molestan.

El Congresista Darrell Isa, Presidente del Comité de la Cámara que investiga la evidente corrupción partidista en el Departamento de Justicia, es quizás el más rico entre ellos. Sin embargo, hay que considerar que cuando Isa fue electo por la primera vez, ya poseía una fortuna multimillonaria y eso en mi criterio establece una significativa diferencia con legisladores como Feinstein. Lo que no resisto es la gran hipocresía de tantos magnates de la izquierda que conscientemente nieguen a futuras generaciones las mismas oportunidades que ellos disfrutaran.

Empezando en el año 1971 y hasta mediados de los 1990 fui miembro activo del Club de tiro con pistola de “City of Commerce”, propiedad de esa ciudad y hoy clausurado supuestamente para evitar “el envenenamiento con plomo”. Ese tiempo coincidió con los años en que Feinstein apoyaba sin reservas una legislación federal que sin la menor duda violaba derechos amparados por la segunda enmienda de la constitución. En “City of Commerce” pude enterarme de muchos detalles y decidí poner mi grano de arena.

Por esa razón le escribí a Feinstein una carta respetuosa, aunque firme. En ella señalaba la inconsistencia de respaldar una ley que desarmaría a cualquier ancianita viviendo sola e indefensa en un “ghetto”, mientras que ella aunque vivía en un área exclusiva, empleaba guardaespaldas profesionales para garantizar su seguridad personal (extremo que había confirmado a priori).

Después de dos meses recibí su respuesta. Pudo haber ahorrado el costo a los contribuyentes. La circular, pues eso era, podía usarse para cualquiera otra cosa: “Gracias por su opinión. La tendremos en cuenta”. Esa respuesta contrastó con las muchas que en esa época me enviaron todos los demás políticos locales de ambos partidos.

El Reporte “Senatorial” sobre “la tortura de la Agencia Central de Inteligencia” que Feinstein hizo público la semana pasada, demuestra su hipocresía más allá de toda duda. Para empezar, no se trata de un “Reporte Senatorial”, sino de una diatriba firmada solamente por senadores de un partido, varios de los cuales fueron merecidamente desalojados del Senado por voluntad de los votantes el pasado 4 de noviembre.

Se trata de un documento oficial para el que a propósito no se tomaron declaraciones a funcionarios supuestamente involucrados en actividades ilegales, de las que Feinstein afirmó que “nada sabía el Senado”. Empero, la razón aducida por Feinstein para no entrevistar a los susodichos Directores de la ACI era que estaban siendo investigados por el Departamento de Justicia. ¡Pamplinas! Esas pesquisas fueron todas concluidas en 2011 y 2012 y no incluían a ningún Director o Subdirector de la ACI. Nada menos que el notorio Eric Holder no pudo encontrar evidencias inculpatorias hacia ellos.

La culpa de todo esto naturalmente, no es de Feintein sino de los votantes de California. Aquí eligen y reeligen ciegamente a la Señora Feinstein y a cualquiera que se postule por la candidatura burro-Demócrata. Aunque su nombre sea Charley Manson.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image