LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Lcdo Sergio Ramos

Sorpresiva y simultáneamente el presidente Barak Obama y el general Raúl Castro anunciaron al mundo desde sus respectivas sedes de gobierno que los Estados Unidos y Cuba restablecerían relaciones diplomáticas normales. Al tiempo que eran liberados y arribaban a Estados Unidos, el contratista Alan Gross y el agente de la CIA Rolando Sarraff Trujillo, y llegaban a Cuba los cuatro espías que quedaban presos en Estados Unidos, entre ellos uno que fue cómplice del derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate que causó la muerte de sus tripulantes.

La Casa Blanca declaró que llevaban a cabo negociaciones en Canadá desde hacía unos 18 meses y que el papa Francisco I medió durante las subrepticias negociaciones. El secreto fue tan bien guardado que ni el presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado, Robert Menéndez, fue informado de las mismas.

Por el lado del gobierno estadounidense, las presiones y movidas de los intereses económicos y políticos para el restablecimiento de las relaciones entre ambos países venían cuajándose desde hacía tiempo. La permisibilidad para poder viajar de ciertos ciudadanos americanos a Cuba ( para fines culturales, educativos, científicos, etc.), del envío de remesas a la Isla, el permitir un intercambio de artistas liberalizando su entrada a Estados Unidos, constituía un abono premeditado al terrero para las negociaciones. El hecho es que la política de acercamiento con el régimen de Cuba, estaba desde un comienzo en la agenda programática de Obama , pero es ahora que lo implementa porque ya no tiene más términos para otra reelección.

Los preparativos previos al anuncio, fueron bien calculados. Declaraciones de la posible próxima candidata demócrata a la presidencia Hillary Clinton apoyando el levantamiento del embargo a Cuba. Editoriales en el New York Times relejando bondades del régimen cubano y pidiendo, también, el levantamiento del embargo…Y de pronto, el anuncio imprevisto del presidente.

Al hacerlo justificó su acción en la ineficacia del embargo en provocar el cambio en Cuba, sin decir que la ley Helms Burton nunca, repito nunca, se aplicó, ni correcta, ni totalmente, pues jamás se puso en vigor el Titulo III que permitía a las empresas y ciudadanos americanos demandar y embargar bienes de empresas foráneas que hoy se benefician de los bienes de su propiedad nacionalizados por la revolución cubana. Presidente, tras presidente, declinaron aplicarla, convirtiéndola en una ley sin garras.

Obama floreó su discurso de bellas promesas, algunas de ellas irrealizables, toda vez que están reglamentadas y prohibidas por leyes y no pueden implementarse por medio de órdenes ejecutivas (Por decreto) o sin la anuencia y aprobación del Congreso. Lo cual implica un gesto demagógico de su parte.

Faltó también a su deber de transparencia. En una democracia el pueblo tiene derecho a estar informado de lo que su gobierno hace, porque la información es parte del ejercicio de la opinión y expresión. El hecho de haberle ocultado al pueblo y al Congreso de los Estados Unidos la realización y el curso de tales negociaciones en un asunto tan trascendental para la nación americana es una violación a tal derecho y una falta de respeto a la rama legislativa federal y a su deber de informar a esta.

Lo más triste es que el acuerdo firmado por la Casa Blanca, es que dejó relegado cuestiones fundamentales como la ausencia total de los derechos humanos en Cuba, las libertades civiles del pueblo cubano, la ausencia de democracia, los miles de presos políticos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura castrista, incluyendo los que pesan sobre los hombros del dictador Raúl Castro. Para muestra, un botón basta: el apuñalamiento durante una actividad de opositores de la Dama de Blanco María Arango Percival por un agente provocador del régimen a finales del mes pasado en Santa Clara.

El móvil del gobierno de los Estados Unidos para el cambio de política con Cuba, responde meramente a sus particulares intereses políticos y, sobretodo, económicos. Los grandes capitales americanos y la actual administración gubernamental han visto con preocupación la penetración económica y el aumento de la influencia política de China y Rusia en la América Latina y en Cuba, con la consabida merma en la influencia de Washington en Suramérica.

En aras de sus particulares intereses Estados Unidos ha actuado, relegando el sagrado derecho del pueblo cubano a la libertad. La consecuencia de este dramático giro político, será que el levantamiento de las restricciones comerciales con Cuba, apuntalarán económicamente, no a Cuba, sino a una tiranía militarista y totalitaria, cuya estructura está diseñada para el enriquecimiento de la cúpula y los altos mandos militares, manteniendo al pueblo empobrecido. Esto, además, permitirá que las empresas americanas utilicen mano de obra esclava para su enriquecimiento, tal como ocurre en Viet Nam y China.

Del otro lado de la moneda, simultáneamente, apareció en la televisión cubana, vestido con su uniforme de general de ejército, el dictador Raúl Castro, anunciando la llegada a La Habana de los espías y el restablecimiento y normalización de relaciones diplomáticas entre ambos países, agradeciendo al papa Francisco por su mediación.

El general no dejó de matizar que existían profundas diferencias entre ambos países, demandó el levantamiento del embargo (alias bloqueo para Castro) y la continuación de las conversaciones, alegadamente, basadas en el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas. Terminando su discurso con la acostumbrada retórica populista y demagógica de la “lucha heroica del pueblo y la revolución”.

El dictador no ofreció nada a cambio, ni ofertó un cambio para las libertades del pueblo cubano, porque ni se lo exigieron sus contrapartes negociadoras, ni está dispuesto a cambiar nada sustancial en Cuba , como más adelante, confirmó su hija Mariela Castro al señalar “que nadie sueñe que Cuba va a dejar de ser socialista”.

Lo que persigue Cuba es atraer a los inversionistas y al turismo estadounidense para subsidiar y apuntalar su régimen dictatorial ante la imposibilidad de poder continuar recibiendo, en la misma abundancia, los subsidios de Venezuela. Al tiempo que persigue el objetivo político de garantizarle la sucesión al poder para sus vástagos herederos de la alta cúpula del poder (Los Mariela, Alejandro, Antonio, etc., etc.).

Sobre esto, el régimen tendrá que hacer arreglos para aceptar las empresas americanas y de la Comunidad Europea, adoptando medidas similares al modelo vietnamita, que es más restrictivo que el chino; claro está, con sus variaciones particulares acorde con las condiciones de Cuba.

Desde hace rato el régimen viene preparando condiciones, no por casualidad, sino por la causalidad de las secretas conversaciones con la administración Obama. Uno de los aspectos lo fue la billonaria inversión brasileira en el Puerto de El Mariel, en la costa noroccidental de Cuba, frente a Estados Unidos, como infraestructura para facilitar el intercambio comercial y el establecimiento de industrias extrajeras en una zona franca portuaria.

Otro aspecto, son los varios asesoramientos recibidos por el régimen por parte de Viet Nam y China sobre sus respectivos modelos. En las transformaciones ocurridas en ambos países, no ha tratado habido cambios hacia la libertad y el respecto a los derechos humanos de sus pueblos, sino que ha sido una sui-generis mutación del estado totalitario marxista-leninista-maoísta a una versión modificada del estado corporativo del fascismo: Un solo partido, sin derechos civiles, sin sindicatos independientes, con una economía en función de los intereses del estado y su cúpula gobernante, pero conservando su dialéctica marxista. Todo con la anuencia y conveniencia de un mundo que mira para el otro lado mientras sigue sin procesarse en un Tribunal Penal Internacional de La Haya, a los genocidas de Tianamen y hoy día juzgan en China a la periodista independiente Gao Yu por pasar reportajes a la Deutsche Welle ( La Voz de Alemania).

Previo al acuerdo el régimen tomó las medidas-espectáculo tales como las de quitar los permisos de viajes al exterior, permitir un muy controlado y limitado cuentapropismo, permitir la salida de ciertos opositores, etc., para engatusar al público interno y externo de que Cuba está “cambiando”. Pero las transformaciones imprescindibles (Libertad, derechos Humanos y democracia representativa), son tabúes porque la esencia dictatorial del régimen y sus altos jerarcas son intocables e inmovibles.

En las solapadas conversaciones, una vez más, estuvo ausente la víctima y protagonista: El pueblo Cubano. Otra vez se repite la vileza de que se negocien los destinos del pueblo de Cuba a sus espaldas, sin tener en cuenta ni las opiniones, ni mucho menos los intereses verdaderos de los cubanos. Una vez más, se nos clava un puñal en la espalda, por los intereses políticos y económicos de los foráneos y los verdugos del pueblo. Se repite la infamia de las negociaciones sobre el destino de Cuba entre terceros, sin contar con el pueblo cubano como ocurrió en Paris en 1898 o en el pacto Kennedy-Kruchev en 1962.

Pero frente esta traición, solo hay un camino: la reafirmación del pueblo cubano en su determinación por erradicar de raíz y totalmente la tiranía totalitaria, para establecer una gobierno verdaderamente cubano con todos los cubanos de buena fe, con plena soberanía nacional, donde se consagren y respeten los derechos humanos, con verdadera democracia en el marco del pluripartidismo y dentro del contexto estado de derecho democrático, con paz, justicia, bienestar y progreso para todos.

Por lo pronto, ahora que cada Judas cuenta su moneda por el lado que le conviene, nos toca hoy al pueblo cubano, en función de los acontecimientos y según se vayan desarrollando estos, ajustar nuestras estrategias de lucha y cerrar filas y juntarnos contra la tiranía, pues contra viento y marea: ¡LA LUCHA CONTINUA!!!

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image