LA INDUSTRIA DEL RACISMO

Por Hugo J. Byrne

“Cualquier persona que solicite de otra…incendio premeditado…será castigada con prisión en la cárcel del condado por no más de un año, o en la cárcel del estado, o multada por no más de cinco mil dólares ($5,000.00)…”

Así rezaba el Código Penal de California, sección-653f (abreviado para uso de agentes de policía) de 1983, cuando un servidor de los lectores obtuvo el diploma de “Powers of Arrest and Firearms” en la Academia de la Policía de Signal Hill, Long Beach, durante el mismo año. Si la criminal llamada a la sedición tenía consecuencias de daños a la propiedad, la sentencia podía ser mucho mayor.

Apuesto lo que quieran a que todavía ese crimen es penado igual o más severamente que entonces, tanto en el código de aquí como en Missouri. A pesar de lo cual los incendiarios, saqueadores y provocadores de Ferguson en su enorme mayoría cometieron esos crímenes con total impunidad. ¿Qué ha cambiado para esta nación desde entonces y a qué podemos atenernos en el futuro inmediato? Veamos.

El padrastro de Michael Brown, este último vulgar ratero y bravucón local quien fuera muerto durante el proceso de atacar a un agente de la policía de Ferguson, gritó varias veces ante una manada enardecida: “¡Quememos esta j… ciudad!” Esos gritos histéricos estaban dirigidos a una clique organizada y lista para crear la anarquía. Sólo los muy ignorantes aún creen en la espontaneidad de motines racistas en esta sociedad.

El padrastro de Brown ya había servido prisión por cinco años después de ser convicto de tráfico de drogas en dos ocasiones. ¿Sabe el amigo lector si ese delincuente común ha sido acusado de algún delito criminal como es la incitación al sabotaje incendiario en Ferguson? No lo sabe, porque no ha ocurrido.

El desastre de Ferguson pudo haberse evitado o su saldo de ruina reducido substancialmente mediante una intervención más agresiva de las fuerzas del orden. Eso mantiene el Vicegobernador Peter Kinder, quien acusa al Gobernador Jay Nixon (Demócrata “liberal”) de actuar con timidez y titubear en el uso adecuado de la Guardia Nacional. Estoy de acuerdo. Cuando durante la segunda noche de “protestas” la Guardia Nacional fue usada más activamente, nadie se dedicó al saqueo ni a la tea y el nivel de violencia se redujo al mínimo.

En los motines de Ferguson participaron por supuesto, incontables delincuentes de otras localidades, incluyendo miembros activos de Partido Comunista y los Panteras Negras, el mismo grupo subversivo que tratara de asustar a votantes en las elecciones del 2008 vestidos con disfraces de tarugos de circo. Uno blandía un garrote.

Para ello contaron con la cooperación del mequetrefe a cargo del “Departamento deInjusticia, quien no registró cargos en su contra, ignorando apropósito las evidencias documentales. Por el contrario, el señor Eric Holder, alardeando su notorio racismo, los llamó “my people” (mi gente).

Eso, amable lector, es todo cuanto ha cambiado. El mundo oficial norteamericano está hoy plagado con individuos ausentes de honor, dignidad o principios morales. Por esa razón en Ferguson se quemaron impunemente decenas de edificios y vehículos y fueron saqueados legítimos negocios cuyos propietarios y empleados eran totalmente inocentes.

¿Quién los compensará? No las compañías de seguros, que hace mucho condicionan los beneficios de sus pólizas a situaciones normales, excluyendo lo que llaman “civil strife”. Somos nosotros amigo lector, quienes recogeremos la cuenta y recuerde que más del 40% de la población no paga impuestos por sus ingresos. De todas formas esos no leen esta columna.

Importa un comino cuántas leyes tengamos en los libros si ellas se ignoran a propósito. Demasiados a cargo de la administración pública en Estados Unidos ven en la ley sólo una vía de avanzar su agenda personal o poder político. Negros, blancos, demócratas y republicanos padecen esa dolencia, todos los llamados “liberales” y más de un conservador.

Confieso que hay leyes que no me agradan, pero la ley se define como una disposición que ha sido propuesta por el Congreso, sancionada por el Senado y firmada y por el Presidente. Los decretos son sólo medidas temporales.

Sin embargo, trato honestamente de cumplir todas las leyes. Tengo la convicción de que la sociedad va al caos cuando la ley se ignora. En la actualidad una de las más socorridas formas de violar la ley impunemente es mediante la excusa racial.

Existe una industria racista en Estados Unidos que está dañando severamente la justicia de esta sociedad. Tal como la extrema izquierda “verde”, que hace billones de dólares anuales asustando al público con la estafa del deterioro ambiental causado por la industria norteamericana, mientras recibe subsidio de nuestros impuestos.

Tal como la patraña socialista de que la riqueza de algunos se hace a expensas de la pobreza de muchos. Tal como el embuste hipócrita de que la gente necesita que la obliguen porque es demasiado estúpida para actuar por su cuenta, ¿recuerdan al Dr. Gruber PHD y el “Obamacare”?

Muchos de los personeros de esa industria del racismo, explotadores del negocio de la eterna protesta, son harto conocidos. El más notorio en Estados Unidos es el “Reverendo” Al Sharpton, agitador, chantajista y deudor de millones de dólares al fisco. Sharpton inventó un crimen supuestamente cometido contra una joven negra llamada Tawana Brawley.

Brawley denunciaba haber sido violada por un fiscal blanco a quien Sharpton quería cobrar un viejo agravio. Las protestas masivas que orquestara el Reverendo degeneraron en violencia, con un sinnúmero de negocios saqueados y devastados inmisericordemente. Al dueño de uno de esos negocios damnificados, la ruina le produjo un trauma de tal naturaleza que culminara en su muerte. No sólo no hubo acusaciones criminales contra los responsables, sino que su principal instigador, Sharpton, continúa su agitación sin detenerse mientras sigue su alianza con el Presidente Obama, a quien sirve de consejero.

Con el paso de las semanas Brawley confesó a las autoridades que todo había sido un “hoax” (una engañifa). ¿Se excusó Sharpton? ¡No! ¿Le sugirió el Presidente Obama después de Ferguson que dejara de visitar La Casa Blanca? Tampoco.

Pero la anarquía que cunde con la industria racista puede estar devastando a los demócratas, quienes muy probablemente pierdan otra senaduría en Luisiana el próximo día seis. Ahora los estrategas de ese partido incluso se preguntan si han sobreestimado la candidatura de Hillary Clinton, única presidenciable de la izquierda.

 

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