REVUELTOS, BRTUTALES Y DESPRECIATIVOS

Hugo Byrne
hugojbyrne@aol.com

José Martí nos previno del “Norte revuelto y brutal que nos desprecia”. Por supuesto que no se refería a todos los del norte, sino a los equivalentes decimonónicos de quienes hoy llamamos “liberales”. ¿Por qué razón escribo “liberales” entre comillas? Porque estos socialistas furtivos en control de la mayor parte de los medios de comunicación, plagian todo cuanto les sea útil y esté a su alcance, incluyendo las más atractivas etiquetas filosóficas.

¿Qué es liberalismo sin comillas? El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (Espasa Calpe, 2006) lo define con precisión así: 1. “Doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural”. ¿No es esto la antítesis del socialismo o es que ya no sabemos leer?

¿Cuándo fue que los partidarios del Estado omnipotente empezaron a llamarse “liberales” en los Estados Unidos? No tengo la respuesta exacta, pero apuesto a que Martí, quien con deducción profética llamara al socialismo “la esclavitud futura”, ya había pasado a la historia.

La exquisita brutalidad, la revoltura y el desprecio de los “liberales” de Norteamérica no se dirige sólo a los cubanos libres ni a todos aquellos ciudadanos de habla hispana que no encajen en el estereotipo que han diseñado para ellos. Desprecian y se revuelven brutalmente contra todo aquel que discrepe de su agenda y eso incluye a los votantes. El ejemplo más reciente de ello lo brinda un economista y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Jonathan Gruber PHD.

Gruber fue uno de los arquitectos del notorio Obamacare. Tanto el Presidente Obama, como su testaferro del Senado, Harry Reid se han referido a él, por su nombre, con admiración y agradecimiento en un pasado no lejano, cuando todos cantaban a coro las loas del maravilloso futuro de salud que aguardaba al pueblo de Estados Unidos gracias al “económicamente accesible” plan.

Ahora, cuando resulta que las primas suben, que el deducible a los beneficios sube y que los médicos van a escasear, Gruber anuncia en una serie de videos que todo eso era bien conocido por la administración. Que ésta basó su campaña mendaz en la estupidez de los votantes.

Agrega que todos sabían que Obamacare era un impuesto morrocotudo, cuyo propósito nada tenía que ver con la salud popular sino con la redistribución (arbitraria) de la riqueza ¿Quién sino un estúpido puede creer en obtener un beneficio substancial de cualquier naturaleza sin que alguien pague?

Por supuesto, el Presidente Obama ha dicho que estaba en desacuerdo con la opinión de Gruber. Nótese que no está desmintiendo (por si acaso) la substancia de lo dicho por el profesor de ITM. Por su parte el Senador Harry Reid (que yo sepa) no ha dicho esta boca es mía.

Ese tipo de “liberal” como Jonathan Gruber sólo crece en el ámbito doméstico. En otras tierras suelen adoptar otros nombres un poco más cercanos a la verdad. Viene a la mente otro deshonesto cínico parecido a Gruber, un comunista millonario: Pablo Picasso.

Picasso, notorio por las palizas que propinaba a sus mujeres, afirmó en público una vez que quienes pagaban millones por sus garabatos eran unos cretinos sin redención intelectual posible. Hasta donde sé, Pablo Picasso murió sin haber rectificado ese aserto y no creo que sus obras hayan depreciado.

Me pregunto cómo deben sentirse hoy los votantes quienes en noviembre del 2012 tenían todavía fe en la honestidad y buena voluntad de Obama y su comparsa.

 

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