UN MODELO ANIMAL MEJORADO PARA INVESTIGAR EL ÉBOLA

Un grupo de ratones modificados genéticamente muestra la misma patología del virus en humanos.

Uno de los problemas que atañe actualmente el desarrollo de un tratamiento definitivo contra el ébola es la falta de modelos animales fiables que permitan poner a prueba medicamentos y vacunas potencialmente útiles para curar dicha infección. Desde siempre, los investigadores que estudian las respuestas fisiológicas al virus han observado que este mata a los ratones de laboratorio convencionales, pero no le produce fiebre hemorrágica ni otros síntomas observados en humanos.

Así pues, la falta de un modelo de laboratorio capaz de reproducir la patología del ébola ha dificultado el desarrollo de fármacos para su curación. A fin de superar dicha carencia, un grupo de investigadores dirigido por Michael Katze, de la Universidad de Washington, en Seattle, recurrieron a la colección de ratones modificados genéticamente llamada Collaborative Cross (CC), que se compone de cientos de líneas genotípicamente distintas y criadas a partir de ocho estirpes originales, para poner a prueba la respuesta al virus de 47 linajes de estos animales.

La razón radica en que los roedores de laboratorio suelen proceder de una sola subespecie, Mus musculus domesticus. En cambio, los ratones de la CC representan gran parte de la variación genética presente en tres subespecies, por lo que constituyen una muestra mucho más amplia que las de laboratorio habituales. De aquí que los eligieron para este estudio.

Katze y su equipo infectaron con cepas del ébola los 47 linajes. Todos los animales perdieron peso durante los primeros estadios de desarrollo de la enfermedad, pero el 19 por ciento de ellos volvió a ganarlo y mostró signos de resistencia al virus en un período de dos semanas. Además, el 11 por cierto de los linajes mostró una resistencia parcial, mientras el 70 por ciento presentó una tasa de mortalidad superior al 50 por ciento.

En conjunto, los roedores manifestaron síntomas distintos: un grupo mostró inflamación del hígado, otro dificultades en la coagulación de la sangre y otro más indicios característicos de una infección por el ébola. Estas proporciones reflejan los diferentes comportamientos de la enfermedad observados en los humanos y, al tiempo, confirman hipótesis anteriores: la variación de la gravedad de la enfermedad depende de la diversidad genética del anfitrión, no del virus.

Por esta razón, los investigadores decidieron realizar un análisis ulterior con dos líneas de ratones: una con fenotipo altamente resistente y otra vulnerable al virus. En esta última, observaron deficiencias en la coagulación sanguínea, hemorragias internas, bazos agrandados y daños hepáticos graves, y los animales murieron al cabo de entre cinco y seis días de la infección. Por otro lado, tal como ocurrió en los experimentos iniciales, los ratones resistentes perdieron parte de su peso corporal (aproximadamente el 15 por ciento) durante los primeros cinco días, pero no mostraron otros síntomas y se recuperaron a los 14 días.

Una comparación entre los patrones de la expresión génica reveló diferencias marcadas en los niveles de transcripción de la enzima tirosina quinasa endotelial en los genes Tie1 y Tek, que provocan la coagulación de la sangre. En particular, los alelos Tie1 mostraron las variaciones más amplias entre los ocho linajes de la CC, lo que sugiere que podrían ser los responsables de las diferencias observadas en los experimentos.

Los resultados de Katze y sus colaboradores, publicados en la revista Science, sientan las bases para el diseño de un nuevo modelo animal que podría resultar útil para el desarrollo de medicamentos y vacunas contra el virus Ébola. De hecho, las investigaciones actuales realizan pruebas en primates no humanos, hámsters y conejillos de Indias. En cambio, el uso de los ratones sería más coherente con los métodos que se suelen utilizar para ensayar otras infecciones virales en el laboratorio.

Más información en Science.

—IyC

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