¿QUIÉN ENGANCHA EL CASCABEL?

Por Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

Los lectores maduros quizás recuerden una fábula popular en libros de lectura de la enseñanza primaria: los ratones de una cierta localidad se reunieron para decidir cómo mejor proteger sus vidas ante la presencia pavorosa de un gato cazador, nuevo en la vecindad. El peligroso felino atacaba con velocidad letal después de rastrear silenciosamente a sus víctimas, atrapándolas antes de llegar a los escondrijos donde podían protegerse con éxito.

Los ratones encaraban morirse de hambre o ser masacrados uno por uno en las zarpas de la implacable fiera y para evitar semejante desastre se decidió adoptar la estrategia sugerida por uno de los reunidos. Éste afirmaba que el peligro gatuno residía en su silencio y en consecuencia la única solución era agregar sonido a sus movimientos. Un simple cascabel enganchado al collar del gato sería suficiente para delatar su maligna presencia, dando oportunidad a que la presunta víctima escapara. La propuesta recibió gran acogida hasta que un viejo roedor avanzó esta pregunta: “¿Y quién le engancha el cascabel en el cuello al gato?”

De esa fábula me acuerdo cada vez que se desata la campaña mediática anti-embargo del castrismo y sus asociados de aquí, quienes sólo bailan al compás que les repiquen desde La Habana. Esa conga nunca se forma espontáneamente. Sale a la palestra al mismo tiempo que las crisis que sufre Castrolandia, las que en la mayoría de los casos son de índole económica. La primera, más larga y de mayor severidad fue cuando el desplome de la occisa Unión Soviética.

Para los socios-listos caribeños el continuo descenso en los precios del crudo aún no ha hecho crisis. Sin embargo, los hermanitos Castro desean, si es posible, “curarse en salud”. De ahí la campañita de ahora, que parece bajar en intensidad a medida que pasan los días. ¿Será capaz Obama de “flexibilizar” la ley Helms Burton mediante “acción ejecutiva” (léase decreto)? Con Obama nada negativo es imposible y tanto su verbo como su proceder lo delatan como un narcisista arrogante y un ideólogo del colectivismo.

Sin embargo, la veta populista se entrecruza en este aventajado discípulo de Saul Alinsky con una ambición política ilimitada. Sabe que aún necesita cooperación de muchos que no le son totalmente incondicionales para evitar el total colapso político de su segundo período.

Pierda o no la mayoría en el Senado en noviembre, Obama necesita para gobernar la asistencia de otros muchos senadores de su partido además del corrupto cacique de Nevada y su piña de sanguijuelas. Si Harry Reid pierde la presidencia del Senado en noviembre, los buenos oficios del Senador Menéndez de New Jersey, por ejemplo, se tornan críticos para Obama.

Bob Menéndez ha respaldado a Obama en el 95% de su programa populista pero se ha mantenido consistente en su defensa de mantener intacto el embargo comercial al predio de los Castro. Considerando que la poderosa extrema izquierda demócrata apoya desvergonzadamente al Régimen de La Habana, equilibrar ambas facciones se hace más que difícil, casi imposible.

La división del Partido Republicano tras el nacimiento del “Tea Party”, que cierta parte de la prensa llamada liberal identifica como “extrema derecha”, no se ha materializado y cada vez que supuestamente amenaza abrir brecha en campañas locales, prontamente se disipa. En realidad, a largo plazo el Partido Demócrata tiene una disyuntiva muy semejante y la facción demócrata decepcionada con la política de Obama o su gestión ejecutiva, parece crecer.

Hoy 23 de octubre, a menos de dos semanas de las elecciones parlamentarias el resultado de las mismas en el Senado de Washington es de pronóstico reservado. No así en la Cámara de Representantes, donde la mayoría republicana espera aumentar consistentemente, a pesar de la supuesta impopularidad de ese partido que indican las encuestas.

Por su parte los mercachifles anti-embargo en Estados Unidos como Carlos Saladrigas y otros menos notorios parecen poco entusiastas en el éxito de su presente campaña. Para establecer sus cambalaches con los piratas de la nueva Tortuga (la finca isleña de los Castro), necesitan la abierta cooperación de Washington.

No la van obtener antes de las elecciones. ¿Y después de ellas? Depende de la composición del nuevo Senado y no tengo una bola de cristal. Sin embargo y a diferencia de las cerradas encuestas, los apostadores dan probabilidades de 2 a 1 a que los demócratas perderán el Senado en noviembre 4.

¿Cuál sería la mejor opción para Saladrigas y sus secuaces? ¿Esperar por una resurrección demócrata en el 2016 y quizás a Hillary en la Casa Blanca para enero del 2017? Es indiscutible que los medio-hermanos Castro y Mirabal son longevos. Castro tiene 88, Mirabal 82 y su régimen casi 56, pero ninguno de los tres es inmortal.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image