LA HISTORIA SEGÚN HOLLYWOOD, LA PRENSA LIBERAL Y… OTROS

Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

La industria cinematográfica en general y la norteamericana en particular son caudalosas fuentes de falsedad. Aunque no deseo singularizar a Hollywood como responsable de la ignorancia que cunde hoy en Estados Unidos, la metamorfosis negativa de esta sociedad y la capacidad casi ilimitada de la industria del cine para reflejar solamente lo que ayude a su torcida agenda política, acreditan en parte la declinación norteamericana.

Cuando la realidad histórica riñe con la fantasía de los libretistas de Hollywood, los últimos siempre ganan, aunque eleven el disparate a la quinta potencia. Cuando niño estaba convencido que el corsario inglés Francis Drake era un héroe histórico. ¿De dónde sacaba yo esa noción absurda?

De una película de Hollywood. Aunque el personaje central era ficticio y un aviso de ello era presentado en los créditos de producción, el contraste entre cuento e historia se hacía evidente para los enterados. Hay que tener en cuenta que yo entonces recién había superado la etapa de preguntar quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Fue mucho después que en realidad aprendí.

Hace tiempo puedo diferenciar entre un hombre honrado y un payaso. Para ello tengo un método infalible y para usarlo no hay que saber mucho. Una persona no tiene necesariamente que coincidir conmigo para que la respete. Solamente atenerse a la verdad y ser capaz de mantener el mismo criterio. Tengo especial repugnancia por los corruptos promotores de agendas personales a expensas de otros.

Una vez tuve un encontronazo con uno de ellos en el Parque de la Libertad de mi nativa Matanzas en 1961 poco antes de nuestra salida de Cuba. Era oficial del llamado Ejército Rebelde, uno de los muchos que hicieran sus “méritos revolucionarios” con posterioridad al primero de enero del 59. Este sujeto había dicho a terceras personas que de una forma u otra tomaría posesión de mi casa de Matanzas.

Nada diferente de lo que hicieran muchos otros. El tipo era reciente vecino de esa propiedad en cuyo piso alto nací y me dijeron que oriundo de la provincia. Cuando me crucé con él a la sombra del reloj del Ayuntamiento vestía de completo uniforme y tenía una pistola en la cintura.

Gritar es bien difícil para mí. No sólo porque nunca oí gritar en mi casa, sino por razones físicas: alzar la voz me produce ronquera. Sin embargo, debo haber gritado bastante en esa conversación, pues la gente empezó a aglomerarse en torno nuestro. ¿Conversación digo? Más bien monólogo. Mi interlocutor apenas balbuceaba protestas de inocencia. Sus manos y su barbilla temblaban ostensiblemente. Percatándome de mi vulnerabilidad, le agradecí su atención y me largué.

Un par de días más tarde este señor le dijo a mi tío Juan Secreu, esposo de la hermana más joven de mi madre, que me dijera que más nunca le diera un “escándalo” en público. Juan le contestó que él no era mensajero suyo.

La maledicencia y el rumor son armas políticas y personales usadas por gentes sin escrúpulos. La mentira tiene muchas maneras de manifestarse. La más socorrida es el ocultamiento de la verdad. En diciembre de 1961 Fidel Castro confesó públicamente su filiación ideológica marxista-leninista cuando tenía a su disposición todos los resortes del estado, después de haberla negado reiteradamente durante casi dos años.

Quien oculta la verdad es tan mentiroso como quien afirma falsedades. La antigua secretaria de estado, senadora y primera dama Hillary Clinton, en un momento de sinceridad y descubriendo las intimidades de su mente furtiva, afirmó que “el empleo no es creación de negocios o corporaciones”.

Por supuesto posteriormente Clinton ha “clarificado” sus declaraciones especificando que no se refería a los negocios o corporaciones sino a las rebajas de impuestos a los mismos. ¿Cuál es la diferencia? Si los empleos son creados por negocios, ¿no es lógico que las medidas que benefician la creación y expansión de negocios, también contribuyan a crear empleos?

¿Es esta la mujer más inteligente del mundo de acuerdo a una prensa que ni siquiera se digna publicar esas estúpidas declaraciones? Esta señora aspira a ser Presidente de Estados Unidos. ¿Hay alguien en casa?

Sin embargo MSNBC dedica considerable tiempo a un asunto inconsecuente sobre la hija de Sarah Palin y el New York Times, periódico que negara durante años los asesinatos en masa en la Unión Soviética y llamara a Fidel Castro y a Mao “reformadores agrarios”, ha impreso recientemente sendos editoriales sobre “los grandes beneficios” que resultarían por abrogar el embargo comercial a la tiranía castrista unilateralmente y ahora.

¿Vehículos verdaderos de información o panfletos de la mentira?


 

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