SE GANA EL SENADO O SE PIERDE AMÉRICA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Lo que está en juego es nada menos que el destino de los Estados Unidos como primera potencia militar, factor de estabilidad en el mundo y motor de la economía mundial.

En menos de tres semanas tendrá lugar una batalla gigantesca por el control del senado de los Estados Unidos. Los demócratas disfrutan en este momento de una mayoría de 55 a 45 sobre los republicanos. Sin embargo, los republicanos llegan a esta batalla con un favorable mapa electoral para las parciales de 2014, pues necesitan solamente una ganancia neta de seis escaños para lograr el control de la Cámara Alta. Los demócratas tienen que ir a la reelección o dejan vacantes escaños senatoriales en siete estados que fueron ganados por Mitt Romney en las elecciones presidenciales de 2012 (Alaska, Arkansas, Luisiana, Montana, Carolina del Norte, Dakota del Sur y Virginia Occidental).

En caso de que los republicanos sean capaces de ganar todas esas contiendas, además de reelegir a sus actuales senadores y ganar escaños vacantes en estados tradicionalmente conservadores, lograrían una mayoría de 53 a 47 sobre los demócratas en el Senado. Afortunadamente para el partido del elefante, hay muy pocos escaños republicanos en peligro de cambiar de manos.

En Georgia, el senador republicano Saxby Chamblis ha decidido no aspirar a la reelección. Pero, a pesar de ser un estado conservador, la contienda es muy apretada con el republicano David Purdue superando por solo 3 por ciento a la demócrata Michelle Nunn, hija del influyente ex- senador Sam Nunn. En Kentucky, el veterano Mitch McConnell, actual líder de la minoría republicana en el Senado, supera a su retadora demócrata, Alison Grimes, por sólo 3 puntos porcentuales. Finalmente, en Kansas, el republicano aspirante a la reelección, Pat Roberts, aventaja al independiente Greg Orman únicamente por 2 puntos porcentuales. Sin embargo, tanto McConell como Roberts han estado ganando terreno en los últimos tres días. Todas estas cifras han sido proporcionadas por la prestigiosa encuestadora Real Clear Politics.

Pero, además de las estadísticas, es importante tomar en cuenta la calidad de los aspirantes republicanos. La mayoría de ellos muestran conocimiento y seguridad a la hora de abordar temas de crecimiento económico como la reforma tributaria y la reducción de regulaciones gubernamentales. Han sido igualmente efectivos en sus propuestas para reducir gastos excesivos, sustituir el plan de salud de Obamacare y promover políticas energéticas como la construcción del oleoducto de Keystone. Y, si tenemos en cuenta que entre estos candidatos hay cuatro veteranos de las fuerzas armadas, no hay duda alguna de que serán capaces de presentar programas encaminados al fortalecimiento de una defensa nacional que ha sido debilitada por la ideología, la cobardía y la incapacidad de Barack Obama. Este tema ha ganado importancia en los últimos cuatro meses con la arremetida de los bárbaros de ISIS contra comunidades religiosas cristianas en Siria e Irak.

La confluencia de estos factores ha contribuido a desplazar el favor de la opinión pública nacional hacia los republicanos. En una encuesta de la empresa Gallup del pasado 7 de septiembre, los norteamericanos, por un margen de 49 a 40, opinaron que los republicanos harían un trabajo mejor que los demócratas en lo referente a la prosperidad nacional. Esto es un punto por encima de una encuesta sobre el mismo tema durante las parciales del 2010, donde los demócratas recibieron una paliza a manos de los republicanos.

Volviendo a la encuesta Gallup de este 7 de septiembre, los norteamericanos, por un margen de 55 a 32, opinaron que los republicanos harían un trabajo mejor que los demócratas en la protección del país contra el terrorismo y las amenazas militares. Esta es una mejoría de 10 puntos por encima de la encuesta sobre el mismo tema antes de las parciales de 2010. Para los demócratas, el panorama es tan tenebroso que numerosos eruditos en asuntos electorales vaticinan que los republicanos tienen el 70 por ciento de probabilidades de ganar en tres semanas el control del Senado.

Pero quizás las cifras que mantienen despierto a Obama porque son un puñal en su corazón narcisista son sus bajos niveles de popularidad personal. Según Real Clear Politics, su nivel de popularidad a nivel nacional es de 41 por ciento, el más bajo de su presidencia. Pero lo peor es que esta impopularidad del presidente se traduce en una reducción de respaldo para los aspirantes demócratas en estas parciales de 2014. Sobre todo cuando tenemos en cuenta los bajos niveles de popularidad de Obama en muchos de los estados donde los aspirantes demócratas se muestran más vulnerables. Según ha admitido el mismo presidente, él no estará en las boletas pero sus políticas si lo estarán. Por lo tanto, no quepa duda alguna de que los electores molestos con estas políticas castigarán a los candidatos demócratas.

Para complicar las cosas, la popularidad de Obama en los estados más vulnerables está muy por debajo de la que arrojan las encuestas a nivel nacional. En Alaska, Arkansas, Dakota del Sur, Virginia Occidental, Montana, Kentucky, Kansas y New Hampshire, la popularidad de Obama oscila entre el 24 por ciento en Virginia Occidental y el 36 por ciento en New Hampshire. Solamente en Colorado, Iowa y Carolina del Norte el presidente logra un nivel de aprobación de 40 por ciento. Según datos de los últimos 30 años, los candidatos del partido en el gobierno nunca han obtenido una votación que supere en más del 5 por ciento al nivel de aprobación de su hombre en la Casa Blanca en las parciales de su segundo período presidencial.

Estas cifras explican la renuencia de los candidatos demócratas a ser vistos con Barack Obama. Necesitan el dinero que les pueda recaudar el presidente para escalar la cuesta empinada de la falta de popularidad del mandatario pero no quieren verle la cara. Huyen hasta de su sombra como del ébola o de la peste bubónica. Algunos como Alison Grimes llegan al extremo de negarse a decir si votaron por él.

Los republicanos por su parte no pueden reducir su marcha ni bajar la guardia. Lo que está en juego es nada menos que el destino de los Estados Unidos como primera potencia militar, factor de estabilidad en el mundo y motor de la economía mundial. Se gana el Senado o se pierde América. Barack Obama, Harry Reid y Nancy Pelosi se encargaron de debilitarla en lo económico, dividirla en lo social y desprestigiarla en lo internacional. Ya nadie la admira, la respeta, ni la teme. Y es siempre un peligro ser próspero y no ser temido.

Harry Reid, con su "veto de facto", le dio al presidente el pretexto para acusar al Congreso de obstruccionista a pesar de que la Cámara Baja en control republicano aprobó 200 proyectos de ley solamente en el 2013. Todos murieron al llegar al Senado ante la negativa de Reid de someterlos a votación. Entre ellos, asuntos que habrían sido aprobados en forma bipartidista como el oleoducto de Keystone y sanciones más enérgicas contra los fanáticos clérigos iraníes.

Al mismo tiempo, Reid le dio a Obama la oportunidad de lograr la aprobación de sus nombramientos más controversiales por un Senado que redujo de 60 a 51 votos la posibilidad de detener cualquier objeción por parte de la minoría (filibuster), en lo que fue calificada como la "opción nuclear". Y lo peor, le dio la excusa de gobernar por decreto a la manera del rey de una monarquía constitucional.

Por desgracia, todavía nos queda la amenaza de que, en la legislatura entre las elecciones de noviembre y la toma de posesión de los nuevos senadores, Obama tenga la osadía de someter el nombre de su compañero de fechorías, Eric Holder, como candidato a magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Un regalo de vitriolo de izquierda y de racismo que contaminaría el alto tribunal por los años de vida que puedan quedarle a éste ideólogo disfrazado de jurista.

Volviendo al panorama electoral, los republicanos disfrutan de ventaja en las contiendas de 8 escaños en manos de los demócratas en estos momentos. Tienen menos de tres semanas para consolidar sus ventajas. Una tarea que no será fácil porque los demócratas están desesperados y con las arcas llenas del dinero que les ha recaudado Barack Obama. Necesitan extender sus ventajas en esta recta final y, para ello, no pueden darse el lujo de ser cautelosos, tímidos o indecisos.

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