¿FUE HABITABLE EL UNIVERSO PRIMITIVO?

Unos 15 millones de años después de la gran explosión, la temperatura del fondo cósmico habría bastado para garantizar la existencia de agua líquida.

Aparte de una química compleja, una de las condiciones que se consideran imprescindibles para la existencia de vida es la presencia de agua líquida. Por esa razón, los astrónomos buscan planetas rocosos situados en la «franja de habitabilidad» de alguna estrella; es decir, un sustrato sólido en el que la vida pueda desarrollarse, unido a una fuente de calor que lo mantenga a la temperatura adecuada para la albergar agua líquida.

Pero ¿podrían darse esas condiciones en un hábitat que no fuese la cercanía a una estrella? En un artículo publicado la semana pasada en el International Journal of Astrobiology, el astrofísico de Harvard Abraham Loeb ha aventurado una intrigante posibilidad. El investigador observa que, cuando el universo tenía entre 10 y 17 millones de años (es decir, una milésima parte de su edad actual), la temperatura del fondo cósmico de radiación estuvo comprendida entre 0oC y 100oC. En la actualidad, debido a la expansión y el enfriamiento del universo, el fondo de microondas presenta una temperatura muy cercana al cero absoluto. Sin embargo, en la época primigenia señalada por Loeb, todo el cosmos era un gigantesco baño térmico a una temperatura apta para albergar agua líquida.

Por supuesto, aparte de una temperatura adecuada, la vida exige también la existencia de elementos químicos pesados, como carbono y oxígeno. Tales elementos no se crearon en la gran explosión, sino que solo comenzaron a sintetizarse en el corazón de las primeras estrellas. Sin embargo, se sabe que la formación masiva de estrellas no tuvo lugar hasta cientos de millones de años después de la gran explosión; es decir, mucho después de la época templada del universo primitivo.

Loeb demuestra que, en algunas regiones especialmente densas del cosmos primigenio, sí pudieron darse las condiciones necesarias para que naciesen unas pocas estrellas. Estas habrían sintetizado los elementos químicos asociados a la vida, así como los metales necesarios para la formación de algunos planetas rocosos. Y, aunque estos habrían sido muy escasos, no tendrían por qué haber estado cerca de ninguna estrella, ya que en aquella época todo el universo se encontraba a la temperatura adecuada para albergar agua.

Por último, la posibilidad de que en el universo hubiese vida en un tiempo tan remoto pone en dificultades el razonamiento antrópico empleado a menudo para explicar el ínfimo valor de la constante cosmológica. En 1987, el premio nóbel Steven Weinberg argumentó que, si dicha constante fuese demasiado elevada, el universo se habría expandido tan rápido que las estrellas, las galaxias y la vida nunca habrían podido llegar a formarse. Así pues, exigir que en el universo se den las condiciones necesarias para la vida no dejaría margen a que la constante cosmológica tomase un valor muy distinto del observado en la actualidad.

Sin embargo, en la época del cosmos primitivo señalada por Loeb, la densidad media de materia era un millón de veces superior a la actual, lo que habría permitido que la constante cosmológica fuese también un millón de veces mayor. Por tanto, si en esa época hubieran existido seres inteligentes para preguntarse por los posibles valores de la constante cosmológica, el mismo principio antrópico les habría llevado a conclusiones muy distintas.

Más información en International Journal of Astrobiology. Una versión gratuita del artículo técnico se encuentra disponible en el repositorio arXiv.

http://www.investigacionyciencia.es/noticias/fue-habitable-el-universo-primitivo-12409

 

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