¿CAOS EJECUTIVO?

Por Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

Una información recientemente diseminada por el “Huffington Post” describe un bombardeo aéreo sobre fuerzas terroristas musulmanas en Libia, “efectuado sin la autorización” de Washington. Las naciones involucradas en esta incursión punitiva de acuerdo al reporte fueron Egipto y Arabia Saudita. Egipto es el segundo país en población de África. Quizás sea también el estado de mayor influencia en el Oriente Medio.

Su régimen nacionalista y castrense surgió en respuesta al extremismo islámico encabezado por la terrorista Fraternidad Musulmana. Los militares que derrocaron al ex presidente Mohamed Morsi, representan en menor grado fuerzas bastante similares a las que prevalecieran en Turquía cuando el derrumbe de Imperio Otomano al final de la Primera Guerra Mundial.

¿Quién puede sorprenderse? La amenaza terrorista en toda esa zona es muy intensa tanto para los Estados Unidos como para el resto de las naciones occidentales, pero es inminente para quienes viven allí.

Las víctimas del crimen fanático de los musulmanes terroristas han sido muchas y de diversas etnias y creencias. Sin embargo, la enorme mayoría de los decapitados y crucificados por ISIS no son reporteros gráficos occidentales, sino nativos de esas tierras y devotos musulmanes. En Egipto antes del pronunciamiento que derrocara a Morsi hubo una etapa caótica durante la que por lo menos centenares de cristianos fueron masacrados impunemente, e iglesias y sinagogas incineradas.

La inconsciente complicidad intelectual de los “liberales” de Washington y en especial de la administración Obama en todo esto, permanecerá como una indeleble mancha en nuestra historia, sea cual fuere nuestro futuro. El caos que sin la menor duda campea en Washington en estos tiempos se refleja en todas sus acciones y no importa si es motivado por incapacidad o altruismo, el resultado es idéntico.

El altruismo no es una filosofía, sino un estado mental más propio de la adolescencia que de la edad adulta. En términos muy abreviados se basa en la noción de “hacer el bien” a todos por igual, sin tener en cuenta otras consideraciones aunque sean poderosas. El altruismo es el padre ideológico de la llamada “corrección política”. “Haz bien y no mires a quién” dice el refrán. Sin embargo, ayudar a un criminal con frecuencia facilita el crimen.

Existe una gran contradicción entre las decisiones de la administración a nivel político doméstico con las indecisiones con que responde a las necesidades del estado y la nación. En las primeras Obama aparenta ser frío y calculador (aunque sólo políticamente). Son las otras actitudes e indecisiones trascendentales afectando la seguridad nacional y los intereses americanos donde su política se manifiesta dubitativa, pusilánime e incapaz. Todo ello Obama lo matiza con una personalidad narcisista, arrogante y soberbia, incapaz de conceder un error. Y para no errar no actúa. No puede equivocarse quien nada hace.

El más extraordinario ejemplo de lo primero fue sin duda su victoria por la nominación del Partido Demócrata, derrotando a la más rica y poderosa maquinaria política de Estados Unidos en los últimos tiempos. La victoria sobre el candidato republicano en el 2008 fue relativamente mucho más fácil y esperada.

Su sorprendente reelección en el 2012 fue parcialmente más bien una derrota republicana. Sin embargo, no hay dudas de que Obama fue capaz en esa oportunidad de galvanizar su base política una vez más, la que votó por él casi tan abrumadoramente como 4 años antes. Mientras tanto muchos republicanos irresponsablemente declinaron ejercitar su derecho.

Pero la función del gobierno es avanzar los intereses de esta nación mientras obedece las ordenanzas constitucionales que todo jefe de estado jura preservar solemnemente en el momento de su investidura. Obama es en esencia un ideólogo de la izquierda, religiosamente abrazado a su doctrina e incapaz de encarar las consecuencias de su agenda política. Convencido hasta los tuétanos de las virtudes de su ideología, nunca aceptará el fracaso, por más que sea evidente para todos.

Para la gente capaz de usar el intelecto, la agenda doméstica de Obama no tenía la menor posibilidad de éxito. Entre aquellos que se mantienen informados del diario acontecer, es al fin evidente el fracaso abismal de “Obamacare”, el aumento irrestricto de la deuda nacional, la incongruencia en la resolución de las necesidades energéticas nacionales y la muy raquítica y lentísima recuperación de la economía. Como en todas las latitudes aquí existe también un creciente sector del electorado que nunca se interesa por el futuro ni trata de mantenerse informado. Ese grupo representa hoy casi el 40% de los votantes registrados. Pero aún esos son capaces de reaccionar de forma muy negativa cuando se ven afectados y sufren.

Si las agendas “liberales” de Obama son confusas y contradictorias en el orden doméstico, realmente se caracterizan por su lógica y orden cuando se les compara con su política exterior. No es necesario extenderse mucho en este tema. ¿Recuerda el amigo lector cuando Obama garantizaba que el dictador de Siria tendría que irse del poder de todas formas? ¿Recuerda de la pavorosa línea roja que Assad no podría cruzar?

Ahora su portavoz admite en rueda de prensa que Estados Unidos no está en guerra con los terroristas de ISIS, quienes decapitaron en público a un fotógrafo americano no combatiente. Obama admite que no posee una estrategia adecuada para enfrentarse con ISIS sobre suelo sirio.

Sin embargo, tanto el Secretario de Defensa como el General Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto, advierten no sólo que la única manera de aniquilar a este enemigo fanático es dentro de Siria, sino que debe hacerse de manera aplastante. Además, por la primera vez desde la época de Margaret Thatcher, un Primer Ministro del Reino Unido ha reconocido la naturaleza del enemigo que hoy encara la humanidad en la guerra desigual e ingrata que nos ha tocado enfrentar.

El primer ministro Cameron dijo a la prensa que el desafío asesino de ISIS surge del veneno que infiltra el terrorismo musulmán. Y que ese veneno existía siglos antes de ocurrir el 11 de septiembre.

Más importantes que sus declaraciones fueron sus actos. Al enterarse que el cobarde asesino del periodista norteamericano secuestrado era súbdito británico, Cameron canceló sus vacaciones, regresando inmediatamente a 10 Downing St. y a sus responsabilidades oficiales.

Por contraste, nuestro Presidente tras una comparecencia sombría ante las cámaras para denunciar el crimen, regresó como un bólido al campo de golf. ¿Podríamos hacer un canje?

 

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