EXTRAÑA ATRACCIÓN POR LOS TIRANOS

Dr. Oscar Elías Biscet

Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

Medalla Presidencial de la Libertad

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Recientemente muchos países celebraron el día de los padres, otras naciones están pendientes de esta conmemoración. Pero lo más importante de esa fecha es que se resalta el valor humano de la paternidad en la familia, entre amigos e incluso en la nación.

Deseo exponerles mis recuerdos de ese excepcional día. Tres grandes personalidades de la historiografía de la humanidad reverberaron en mi mente. Ellos son: Lucio Junio Bruto y Julio Cesar, de la antigua Roma, además del insigne patriota cubano Carlos Manuel de Céspedes. Destacados por sus fuertes sentimientos paternos y patrios, magnificaron sus vidas en la historia de sus naciones.

Lucio J. Bruto, aristócrata romano que puso fin a la monarquía autocrática y corrupta de Roma; dio comienzo a un régimen republicano libre con senado. Fue su primer cónsul en el 509 a.C. Para lograr establecer y consolidar la nueva forma republicana de gobierno tuvo que sacrificar a sus dos hijos que se aliaron con el antiguo régimen monárquico. Puede ser una contradicción entre el amor patrio y el paterno, pero lo cierto es que amaba tanto a sus hijos que 2298 años después en la representación gráfica de este hecho por el pintor francés Jacques-Louis David, en “Los lictores llevan a Bruto el cuerpo de sus hijos”, 1789, muestra a este héroe en la oscuridad, con rosto melancólico y de lamento por la muerte de sus hijos.

Tan magnánimo fue el ejemplo de Bruto, que 482 años después surge otro personaje descendiente de esta familia, Marco Junio Bruto, quien conspiró y apuñaleó al tirano Julio César junto a otros 23 senadores, estos hechos dieron inicio a la guerra civil y al fin del período republicano.

Marco era hijo de Julio. Sin embargo, a pesar de la megalomanía de César por el poder, al ver a su hijo en la conspiración para matarle, sus palabras finales fueron “¡Tu quoque, Brute, fili mi!” (‘¡Tú también, Bruto, hijo mío!’). Este hecho de terror combinado con las palabras de amor paterno pronunciadas en otro idioma, griego clásico, despertó un sentimiento de empatía con el tirano, entre ellos, políticos, historiadores e intelectuales que liquidaron la República romana y resaltaron al Imperio.

Uno de los grandes poetas latinos de la antigüedad, Virgilio, expresó, “incluso el sol lloraba cuando cayó César”, este extraño enamoramiento, más la codicia de muchos, inmortalizó por la eternidad al tirano.

Esa perversa locura de amor a los tiranos sigue vigente en nuestros tiempos y arrastra a cualquier persona sin importar credo, raza, nivel intelectual y económico. En muchos es por su fanatismo doblegado al carisma de autócrata, otros solo la lujuria del dinero. Pero lo cierto es que hombres de la dimensión de Henry Ford y Li Ka-Shing, fueron amigos de Adolfo Hitler y Deng Xiaoping respectivamente.

Por eso, no me extraña que un grupo de personas influyentes en la sociedad estadounidense este haciendo presión sobre su presidente Barack Obama para flexibilizar el embargo a la dictadura totalitaria comunista de Cuba. Estas personas utilizan todas las técnicas para engañar y desalentar al pueblo cubano y apoderarse de sus riquezas a través del trabajo esclavo que le garantiza la dictadura de Castro.

La retórica de que el embargo daña al pueblo cubano, es motivo para que los Castro justifiquen sus fracasos económicos o que éste no ha servido para el cambio de régimen. Asimismo, otras tantas diatribas que fracasan cuando resaltamos la verdadera historia del régimen. Éste es un ente parasito que se sostiene por sus benefactores, primero la Unión Soviética, donaba cinco mil millones de dólares anuales. En esas tres décadas siempre hubo tarjeta de racionamiento, colas (filas) para comprar productos alimenticios u otros artículos y apagones eléctricos. Hoy los recursos financieros venezolanos llegan a los seis mil millones de dólares y la población vive en similares condiciones.

El Día de los Padres me fue esperanzador, recordé a Carlos M. de Céspedes, hacendado, quien se caracterizó por ser: virtuoso, inteligente, justo, valiente, honesto, rico e incorruptible. Donó sus riquezas a la causa de la libertad e independencia de Cuba del régimen colonial español.

El ejército colonial detuvo a su hijo, le propusieron que dejara su causa de libertad o se lo matarían. El intenso dolor de padre se desbordo en él y por una razón de conciencia superior al lazo biológico reconoció en su dolor paterno que la muerte de uno de sus hijos salvaría al resto de los hijos de Cuba. De aquí su célebre frase: Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos. Imitemos este paradigma en todas sus dimensiones y nuestra Cuba será libre.

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