LA COMPARSA DE LOS CRÉDULOS Y DE LOS APÁTRIDAS.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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La única fórmula digna de un pueblo que después de medio siglo sigue en pie de lucha es exigir la salida de los Castro y el castigo ejemplarizante de quienes han sido sus cómplices.

De un tiempo a esta parte se ha desatado, tanto dentro de la Isla como en el exilio, una erupción de frentes, foros y encuentros que dicen representar una alternativa moderada y pragmática a la brutal tiranía que nos ha oprimido por 55 años. Basan sus argumentos en la premisa de que la confrontación y la violencia no han logrado derrocar a la tiranía cubana. Según estos señores, como los cubanos no hemos sido capaces de derrocar a los tiranos por las "malas", nuestra única alternativa es que nos entendamos con ellos por las "buenas". De hecho, lo que proponen los promotores de esta comparsa del apaciguamiento es que confiemos en la comprensión y la compasión de una gente que se hizo del poder por la fuerza y que ha logrado mantenerlo por el asesinato y la violencia. Algo tan inaudito como pedirle a Satanás que nos dé la bendición y nos abra las puertas del cielo.

En un foro realizado recientemente en una universidad del sur de la Florida, sus promotores se refieren a los recientes cambios cosméticos de la tiranía como si fueran reales y "consideran apropiado y oportuno capitalizar y aprovechar esos cambios para fortalecer la incipiente sociedad civil cubana, impulsar mayores cambios y fortalecer el emergente sector privado. Para lograr esto, proponen flexibilizar las sanciones norteamericanas". Lo de "flexibilizar las sanciones" es una forma solapada de hacer causa común con los Castro en su desesperada aspiración de que le levanten el embargo con el mínimo de concesiones por parte del régimen.

Para despejar el enigma y desenredar el acertijo analicemos esta descabellada propuesta. Estos señores dicen que van a "capitalizar y aprovechar esos cambios". Se olvidan de que el objetivo de esos cambios ficticios no es otro que prolongar la tiranía y de que resulta irónico hablar de "capitalizar" en una sociedad cerrada donde los únicos "capitalistas" y mandamases son y han sido siempre los Castro y sus apandillados. Se refieren en el mismo párrafo a "fortalecer la incipiente sociedad civil cubana". En esa gigantesca cárcel la sociedad civil está integrada por ciudadanos presos de un régimen totalitario que monopoliza todos los recursos en su propio beneficio. Los carceleros tienen las llaves y deciden quienes entran y quienes salen según las conveniencias del régimen. Quienes se fortalecen no son los miembros de la inexistente sociedad civil sino la gentuza corrupta y asesina que integra los cuadros de la tiranía castrista.

Más allá de sus intenciones, los proponentes de esta forma de lidiar con la tiranía castrista demuestran ser unos sinvergüenzas o unos ignorantes de nuestra historia reciente. En octubre de 1978 se produjo el llamado "primer diálogo" entre un sector del exilio y la tiranía de Fidel Castro. Los farsantes que promovieron aquel diálogo se adjudicaron el mérito de haber logrado la liberación de 3,600 presos políticos. La realidad, según lo demostró el Dr. Antonio de la Cova y lo publicó Baracutey Cubano, aquellos presos fueron liberados por gestiones de representantes diplomáticos del entonces presidente Richard Nixon. Dieciséis años más tarde, en junio de 1994, 225 arrepentidos exiliados cubanos se prestaron a participar en la misma patraña. Bajo el título de "La Nación y la Emigración", viajaron a La Habana a proferir sandeces en elogio del régimen y estrechar la mano ensangrentada del asesino de millares de cubanos. Hoy sabemos que ninguno de esos diálogos condujo al derrocamiento de la tiranía castrista.

En un contexto más amplio, los diálogos con ideólogos de la izquierda totalitaria han terminado siempre en un rotundo fracaso. En los últimos 30 años tres gobiernos colombianos han sostenido conversaciones con las FARC para poner fin a su horrible tragedia de más de medio siglo. En 1984, cuando el gobierno de Belisario Betancur y las FARC firmaron el Acuerdo de la Uribe. A mediados de 1991, cuando el gobierno liberal de César Gaviria dio inicio en Caracas a unos diálogos con la guerrilla que terminaron finalmente en México sin resultado alguno. En 1999, cuando el gobierno del presidente Andrés Pastrana acordó con las FARC lo que se denominó la agenda del Caguán, cuyas conversaciones fracasaron por las excesivas demandas de Tiro Fijo. Las actuales conversaciones de La Habana, utilizadas por Santos como argumento de campaña electoral, constituyen una interrogante para la que todavía no hay una respuesta definitiva.

En la Venezuela del chavismo, y a pesar de declaraciones en contra de algunos miembros de la Mesa de Unidad Democrática, el diálogo ha terminado también en el más absoluto fracaso. El discípulo de los Castro ha utilizado las mismas mentiras y falsas promesas de sus mentores para ganar tiempo y promover el desgaste de la oposición. Con el encarcelamiento de estudiantes y líderes opositores sin proceso debido han descabezado a la oposición y neutralizado la embestida brutal de un pueblo valiente y enardecido que parecía al borde del triunfo. Leopoldo López, con su llamado a reclamar el control de las calles por el pueblo venezolano, parece ser la única esperanza de que algún día se logre la libertad.

Pero si descabellada es la idea de que se puede negociar con tiranos, desconcertante es la lista de quienes, sin compartir ni promover la idea, otorgan credibilidad a sus promotores participando en debates que sólo benefician a quienes tienen una agenda de colaboración con los Castro. Quienes se oponen al levantamiento del embargo no van a cambiar la posición de quienes desean su levantamiento. Quienes favorecen su levamiento ganan terreno sembrando dudas entre multitudes que ignoran la realidad cubana, incluyendo a muchos cubanos.

Quienes promueven el levantamiento del embargo son los únicos que saben lo que quieren y hacia donde van. Son los mismos apátridas de siempre que persiguen el enriquecimiento personal o la notoriedad que sólo pueden lograr por el tamaño de su cuenta bancaria y no por la dimensión de su intelecto o su servicio desinteresado a la libertad de la patria.

Estoy convencido de que, quienes, sin compartir sus ideas, acceden a participar en estos debates inútiles son unos crédulos que están perdiendo el tiempo y debilitando la causa de nuestra libertad verdadera. Una libertad sin compromisos con el pasado tenebroso y sin la presencia de los mismos que nos han esclavizado por tantos años. En Cuba no podemos resignarnos a un Vladimir Putin tropical que prolongue de manera indefinida la tiranía castrista. Porque una tiranía con careta de democracia duraría más tiempo y sería más difícil de derrocar que una tiranía a cara descubierta como la que sufrimos en estos momentos.

Hemos luchado durante muchos años, han padecido cárcel demasiados cubanos, y han muerto innumerables patriotas para que ahora, cuando la tiranía se tambalea, vayamos a alzar la bandera blanca de una rendición ignominiosa. La única fórmula digna de un pueblo que después de medio siglo sigue en pie de lucha es exigir la salida de los Castro y el castigo ejemplarizante de quienes han sido sus cómplices.

No propongo ningún tipo de masacre sino el justo castigo que merece ese 5 por ciento del pueblo cubano que, junto a los Castro, oprime en estos momentos al otro 95 por ciento que sólo desea libertad para ganarse el pan y para labrarse su propio destino. Y esa libertad se acelera negando a la tiranía los recursos para mantenerse en el poder. Cualquier otra cosa sería una fórmula para el desastre y una alta traición a la patria.

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