EL COLAPSO DE UNA SUPERPOTENCIA

Por Hugo J. Byrne

hugojbyrne@aol.com

“Las mismas regulaciones que procuran salvar vidas, pueden resultar en más muertes.” John R. Lott Jr., Profesor de Disuasión Criminal, Leyes y Economía de la Universidad de Chicago.

A principios de septiembre de 1898 una formidable expedición anglo-egipcia que incluía cinco cañoneras totalizando cien piezas de artillería y fuerzas terrestres en exceso de 20,000 hombres, con algunas de las primeras armas automáticas usadas en combate, avanzó hacia el sur por la ribera oeste del Nilo. ¿Su objetivo aparente? Destruir un ejército musulmán extremista de casi 50,000 fanáticos y acantonado mayormente en la ciudad de Ondurman, en esa misma ribera, opuesta a Khartoum, del otro lado del río.

Estos Talibanes de su tiempo tomaron Khartoum en 1885, ejecutando al General británico y ex Gobernador del Sudán, Charles George Gordon (apodado “el Chino”), quien había desobedecido las órdenes de Londres de evacuar la plaza. Los criminales extremistas pasaron a cuchillo todos quienes rehusaron convertirse a su fe. Fue un verdadero baño de sangre.

Sin embargo, el objetivo real de Londres era evitar que Francia reclamara influencia para su Imperio en el Canal de Suez. Un destacamento de menos de 300 oficiales, tropas coloniales e infantes de marina franceses al mando del Coronel Jean Baptiste Marchand, había ocupado recientemente la aldea sudanesa de Fashoda, varios cientos de millas al sur de Khartoum, en el Nilo. La tricolor francesa ondeaba de nuevo en la zona y eso no era aceptable al Parlamento de la Reina.

La crisis de Fashoda se resolvió mediante diplomacia, pero primero había que eliminar el obstáculo de los fanáticos musulmanes Nilo arriba. Localizadas sus posiciones, el General Horatio Herbert Kitchener procedió a desplegar sus fuerzas en el clásico “cuadro”. La carga masiva de camellos, caballos y guerreros a pié no se hizo esperar.

Kitchener convirtió en picadillo a los muslimes de Ondurman y, aunque se han visto muchas escenas de prisioneros tomados en ese combate, la realidad histórica es que los heridos graves fueron pasados por las armas donde cayeran. A cambio de uno o dos muertos y un puñado de soldados heridos, las “Gatlings”, los cañones navales y la fusilería dieron cuenta de una cantidad enorme de oponentes: las cifras oficiales eran 10,000 musulmanes muertos. Historiadores locales las elevaron a 25,000 y la verdad histórica permanece un sangriento enigma.

Al presente, la situación en toda la zona del Oriente Medio y en especial en Irak y Siria es el reverso de lo que ocurrió después de la batalla de Ondurman y diez veces peor que al inaugurarse la administración de Barak Hussein Obama. No se trata de asignar culpas o establecer responsabilidades. Ahora se trata de entender la gravedad del problema y rescatar una superpotencia que se hunde rápidamente: Estados Unidos.

El único baluarte duradero de libertad individual en todo el mundo durante la mayor parte del siglo pasado se encuentra hoy a las puertas de un asedio organizado por el fanatismo bárbaro. Lo peor no es el asedio, sino la carencia de una respuesta consonante con la gravedad de las acciones.

Casi la mitad del territorio de Irak ha sido invadida desde Siria por una facción terrorista tan extrema que ha sido desautorizada por Alqaeda. Millones de civiles han pasado a la férula de “Sharía” en poco más de 24 horas, incluyendo los más de dos millones de habitantes de Mosul, la segunda ciudad en población de ese estado y donde el Ejército y la Infantería de Marina de Estados Unidos escribieron páginas de gloria, sufriendo severas bajas. Hay reportes de decapitaciones masivas y de torturas en Mosul. Ojalá no se confirmen, pero por si acaso no aguantaré la respiración.

Los invasores están usando equipos militares norteamericanos valuados en billones de dólares, que han sido desechados sin usarse por los despavoridos soldados iraquíes, quienes abandonaran sus posiciones al enemigo sin pelear. Mientras escribo esto la situación se deteriora por momentos y el pronóstico no es bueno. Aparentemente las avanzadas terroristas están a menos de 80 millas de Bagdad, donde residen miles de norteamericanos y se encuentra la más numerosa embajada de Estados Unidos en el mundo. El Departamento de Estado afirma que no se contempla la evacuación.

Para comprender el problema hay que empezar reconociendo que Irak no es una nación, sino un territorio poblado por Sunis, Chiitas y kurdos, localizados en sectores separados. Las dos primeras tribus se odian mutuamente y de manera cerval. Los kurdos sólo aspiran a la independencia y ven en el presente caos una oportunidad para su nacionalismo. El presente gobierno está constituido por la mayoría Chiita y tiende a mirar con simpatía a sus vecinos de Irán, quienes pertenecen a la misma tribu musulmana. Los Sunís perdieron su influencia cuando Saddam fuera derrocado y siendo minoría, han sido eliminados de muchas posiciones importantes tanto en el servicio civil, como en las fuerzas armadas. Esto quizás explique en parte la súbita implosión militar de Irak.

¿Y qué hace mientras tanto Washington? El Presidente hizo declaraciones ambiguas, como es su costumbre, enfatizando que todas las opciones se mantienen en el tapete, pero agregando después que denegaba la petición del Jefe del Estado Iraquí de utilizar la Fuerza Aérea de U.S.A. para detener al enemigo.

Para atacar con efectividad a los invasores desde el aire sin sufrir masivas pérdidas colaterales, sería necesario contar con un mínimo de fuerzas terrestres especializadas que provean inteligencia. Estados Unidos ya no cuenta con nada de eso en Irak y, si Obama tuviera un adarme de honestidad lo reconocería públicamente: no se trata de que no quiera, sino de que ya no puede.

Olvidémonos por un instante del partidarismo político. Lo que está sucediendo en Irak ahora es inmensamente perjudicial a los intereses de Estados Unidos y a nuestra seguridad nacional. ¿Se imagina el lector un nuevo estado islámico-terrorista en el Oriente Medio en posesión de los yacimientos de crudo en Irak? Hay reportes de que ya algunos de ellos han caído en manos del invasor. ¿No es todo esto producto de la estúpida diplomacia de terminar la guerra mediante una retirada con itinerario público? ¿Por qué la insistencia en usar los problemas internacionales para influenciar la política doméstica?

Mientras tanto, la invasión de menores de edad de Centroamérica y México en los estados fronterizos de Texas, Nuevo México, Arizona y California ha abrumado al “U.S. Border Patrol”, al extremo de forzarlo a desguarnecer grandes extensiones de frontera. Eso puede apreciarse en varios puntos donde el tráfico de gente y narcóticos se hace ya incluso en pleno día. Se trata de un problema humanitario de horribles proporciones. ¿Hay quien no relacione esto con el proyecto de ley llamado “Dream Act”? ¿O con el inconstitucional decreto de Obama de no aplicar la ley a ciertos extranjeros ilegales?

Por último supe hoy que de acuerdo al Internal Revenue Service las computadoras de su ex Directora, recientemente retirada y supuestamente en “desgracia”, se dañaron durante los precisos meses en que este departamento del Ejecutivo negara exención de impuestos a instituciones y grupos que la administración de Obama y su testaferro Holder, consideraban opuestas a su agenda. Como consecuencia, todos los correos electrónicos incriminadores se borraron.

¿No se sabía esto hace dos años? ¿Habrá quien en su sano juicio lo crea? ¿Habrá quien no se sienta estafado por estos bandidos? ¿Impeachment anyone?

 

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