LA PAZ PRECARIA DE BARACK OBAMA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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El tiempo ha demostrado que su política pacifista ha sido interpretada como apaciguamiento y creado un vacío que han explotado los enemigos de los Estados Unidos para poner en marcha sus planes expansionistas.

Aun antes de llegar al poder, Barack Obama dijo que llevaría a cabo una transformación radical de la sociedad norteamericana. En el ámbito internacional, su arrogancia lo convenció de que, con su carisma y su dialéctica, lograría que los enemigos de los Estados Unidos se convirtieran en amigos y aliados. Se presentó ante el resto del mundo como el gran pacificador que podría fin a la política guerrerista del belicoso e ignorante George W. Bush.

Pondría en práctica su nueva política con un desarme unilateral, tal como lo demostró desmantelando los proyectiles nucleares que apuntaban a Rusia desde Polonia y la República Checa. E ignorando el odio visceral de enemigos jurados como los fundamentalistas islámicos que asesinaron a 3,000 norteamericanos el 9/11, Obama prometió renunciar a la fuerza militar como medio de resolución de conflictos. La idea descabellada de un neófito en política internacional o la utopía de un fanático que no ve al mundo y sus habitantes como realmente son sino como él quiere que sean.

El tiempo ha demostrado que su política pacifista ha sido interpretada como apaciguamiento y creado un vacío que han explotado los enemigos de los Estados Unidos para poner en marcha sus planes expansionistas. Ahora los norteamericanos están pagando el alto precio de haber electo para el cargo más complicado y demandante del planeta a un "organizador comunitario" con ínfulas de estadista que nunca había administrado ni siquiera un puesto de fritas.

Un hombre tan divorciado de la realidad que, aún después de errores, fracasos y caídas de popularidad donde el 60 por ciento de sus conciudadanos rechaza su gestión de gobierno, sigue diciendo que estamos viviendo los mejores momentos en la historia de los Estados Unidos y del mundo. Lo que nos conduce a pensar que es probable que el uruguayo José Mujica haya dejado extraviado algún "pito" de marihuana durante su reciente visita a la Casa Blanca.

Tomando en cuenta la brevedad que demanda un artículo periodístico procedo a enumerar una pequeña muestra de los desvaríos, las audacias y las falsedades de Barack Obama. En abril del 2009, durante una conferencia de prensa en Turquía, el presidente dijo; "Nosotros no nos consideramos una nación cristiana". El 4 de junio del 2009, Obama se fue a El Cairo a pedir perdón por lo que ha calificado como la "arrogancia" y los errores de sus predecesores. Y haciendo alarde de sus conocimientos del islam dijo: "En el Sagrado Corán se nos dice ser conscientes de Dios y hablar siempre la verdad" Ni una palabra de la Santa Biblia como corresponde a un hombre que se ha confesado cristiano cuando ha pedido el voto de los norteamericanos.

Por mi parte, estoy convencido de que Obama no es musulmán, cristiano, judío, budista ni hindú. Desde que es presidente, rara vez asiste a servicios religiosos. Cuando visitaba el templo de Jeremiah Wright en Chicago lo hacía para apuntalar su entonces incipiente carrera política. Su narcisismo y la exagerada percepción que tiene de su propia importancia le impiden adorar a ninguna otra deidad que no sea Barack Obama. Se considera Dios, Profeta y Maestro de su religión particular. ¡Y pensar que nos quedan 30 meses de este alucinado en la Casa Blanca!

Una Casa Blanca que pocas veces ha sido habitada por un presidente más inepto. A escasos seis meses de tomar posesión, en junio del 2009, Obama recibió una dosis de realidad sobre política internacional que, en vez de confrontar, decidió ignorar. Los jóvenes iraníes inundaron la calles de Teherán en protesta contra un grotesco fraude electoral. Gritaban a todo pulmón "¡Obama donde estas, ayúdanos!"

El presidente ignoró la súplica que pudo haber respondido aunque fuera con una declaración o un gesto simbólico. No quería incomodar a su nuevo amigo el terrorista Mahmoud Ahmadinejad. El agradecimiento de los clérigos fundamentalistas de Teherán ha sido continuar a toda marcha con un programa de enriquecimiento de uranio que seguramente conducirá a una carrera nuclear en el Medio Oriente.

Lo mismo ocurrió durante las protestas en Egipto en julio del 2013 contra los intentos de la Hermandad Musulmana de imponer el fundamentalismo islámico en un país cuyos gobiernos han sido tradicionalmente seculares. Obama se alineo con Mohammed Morsi, un loco que dice que los judíos son descendientes de los cerdos. Los egipcios echaron a Morsi y los Estados Unidos han perdido la poca influencia que les quedaba en Egipto.

Pero lo que no pierde este hombre es una oportunidad de hacer el ridículo y erosionar el prestigio de los Estados Unidos. En septiembre del 2013, durante una conferencia de prensa en Estocolmo, el estratega que sólo ataca con "drones" por control remoto, lanzó una amenaza contra Siria trazando una "línea roja" contra el uso de armas químicas contra sus opositores. Bashar al-Assad ignoró la amenaza y Obama tuvo que suplicar a su enemigo Vladimir Putin que lo salvara del ridículo. Ahora, Obama ha terminado apoyando en la guerra civil Siria a elementos de la misma al-Qaida que perpetraron el mayor ataque contra el territorio de los Estados Unidos.

Siguiendo con esa extraña relación entre dos enemigos naturales, en el pasado mes de febrero Putin le subió la parada a Obama con la invasión de Crimea sabiendo que éste contestaría con palabrerías lo que demandaba una respuesta contundente. El "policía" ruso le ha tomada la medida de la cobardía al "organizador comunitario". Crimea es sólo un adelanto de futuras acciones expansionistas rusas en Ucrania y los países bálticos.

Pero de todos sus errores en política internacional el que podría salirle más caro es la retirada apresurada de las tropas norteamericanas en Irak. Siempre dijo que esa era una "guerra de Bush" y decidió salir de ella de manera festinada sin escuchar el consejo de los militares en quienes desconfía y a quienes rechaza en su fuero interno de izquierdista apaciguador. Utilizó la excusa de conflictos en un acuerdo con el gobierno iraquí sobre el estado de tropas norteamericanas que quedarían en el país para no dejar soldados que garantizaran el fortalecimiento de la democracia. El resultado es el desastre que confrontamos en este momento.

Una al-Qaida casi destruida al final de la guerra de Irak se ha fortalecido, ha tomado varias de las principales ciudades del país de las que 500,000 habitantes han escapado despavoridos y amenaza con avanzar sobre Bagdag. El objetivo de estos terroristas es arrebatar territorios que ahora pertenecen a Irak y Siria para crear un califato desde el cual lanzar su guerra jihadista contra los infieles de Europa y los Estados Unidos.

¡E ironía de las ironías, los clérigos de Teherán, enemigos jurados de Israel y de los Estados Unidos, se han ofrecido ahora para ser los salvadores de Irak frente a la amenaza de los terroristas de al-Qaida! La política tiene cosas extrañas pero ninguna tan aberrante como esta que ha ocasionado la ineptitud y la arrogancia de Barack Obama.

Con su obsesión por el apaciguamiento, este hombre ha echado por el piso el sacrificio de 6,500 jóvenes norteamericanos caídos en combate en las guerras de Irak y de Afganistán. Por otra parte, según la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, ambas guerra han costado más de 6 MILLONES DE MILLONES de dólares, o $75,000 por cada familia norteamericana al tesoro de los Estados Unidos.

Lo más lamentable es que no albergamos esperanzas de que Obama cambie sus prioridades o su conducta. Los ideólogos son como vehículos que no tienen marcha atrás. No es un pragmático como Ronald Reagan que estaba consciente de que "la historia nos enseña que las guerras comienzan cuando los gobiernos se dan cuenta de que el precio por la agresión es barato". Es un ideólogo con una fuerte aversión por el uso de la fuerza y eso ya lo han comprobados los enemigos de los Estados Unidos. Jimmy Carter tiene que ser por estos días un hombre inmensamente feliz porque Barack Obama compite con él como uno de los presidentes norteamericanos más débiles de los últimos cien años.

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