CORRUPCIÓN

Por Hugo J. Byrne

 

La repetición conduce a la costumbre. Una situación anormal, pero cotidiana, se torna en normal con el paso del tiempo. Por ejemplo: la mayoría de las personas de mi grupo generacional y especialmente los cubanos del exilio histórico, nos educamos en la doctrina de que la bandera era el símbolo de toda la nación y que como tal debía ser objeto de respeto y honra. Los “flower children” de Norteamérica de los años 60 por el contrario, siempre vieron a sus colegas denigrando, quemando y hasta orinándose públicamente en “Old Glory” y algunos entre ellos son hoy miembros importantes de la administración en Washington.

 

La Corte Suprema decidió hace tiempo que mancillar la bandera era una actividad protegida por la primera enmienda. Desde entonces nos forzaron a tolerar pasivamente ese acto subversivo.  Para más abundar, esto se hizo hipócritamente, en aras de una libertad de expresión que muchos de los llamados liberales nunca han respetado ni creído necesaria. Quien dude esto debe remitirse a las varias declaraciones de los arrogantes burócratas de la Comisión Federal de Comunicaciones y en especial a las muy recientes del Senador por West Virginia Jay Rockefeller, cuyo desprecio por la constitución que jurara servir es evidente. 

 

No estoy seguro que la “corrección política” ya existiera desde los 60. De lo que no cabe duda es que con el primer arresto del primer patriota ofendido tratando de impedir que mancillaran la bandera, se empezó a deshonrar a esta nación desde arriba. Carece de importancia discernir cuál era el propósito de los jueces. Lo importante es entender que la vida pública norteamericana está corrupta y que esa corrupción se inició hace tiempo. La peor corrupción de todas es el trato desigual a los ciudadanos, e importan un comino todas las argucias con que se intente justificarlo. La ley en una república debe ser reflejo fiel de virtud y para ello tiene que aplicarse por igual al pobre o al rico, al humilde o al encumbrado. Una definición de tiranía es desigualdad oficial ante la ley.

 

He contemplado incrédulo el juicio parlamentario al Congresista por New York Charles Rangel. “Charlie” fue encontrado culpable de 11 violaciones al Código de Ética del Congreso. Algunas de esas violaciones, como burlar al fisco, pueden constituir delitos castigados incluso con privación de libertad. Nada le ocurrirá a Rangel, fuera de una "Censura Oficial del Congreso" y la pérdida de la presidencia de un Comité del que tendría que despojarse en enero de todos formas. Recuérdese que los acusadores federales, a falta de otras evidencias incupatorias, utilizaron los códigos penales de evasión en el pago de impuestos para enjuiciar al notorio bandido de Chicago Alphonse (“Al”) Capone en los años 30. Después de convicto Capone fue enviado sin miramientos a expiar su sentencia al Presidio de Alcatraz. 

 

Se argumenta que Rangel fue un héroe de la Guerra de Corea, galardonado con el Corazón de Púrpura y otras medallas por sus acciones, lo que debe ser tenido en cuenta al enjuiciar su caso. Pamplinas. En 1954 el veterano Sargento Alvin York, confinado a la cama por un derrame cerebral, recibió una cuenta de Uncle Sam por $25,000.00 de atraso en el pago de impuestos federales. Si no hubiera sido porque una colecta pública cubrió esa deuda, quien sabe cuál habría sido el destino de este recipiente de la Medalla de Honor y de la “Croix de Guerre”, máximo tributo de dos naciones a su heroísmo durante la capaña en Francia del Ejército Expedicionario Norteamericano en 1918.  En el caso de York, palurdo del Condado de Fentress en Tennessee, podía considerarse la ignorancia como un elemento atenuante. Rangel es un individuo sofisticado e inteligente, quien a pesar de sus lágrimas de cocodrilo sabía de sobra lo que estaba haciendo

 

¿Sabe el lector por qué este jerarca político, hasta hace poco Presidente del “Ways and Means Commitee” de la Cámara, amigo y admirador de Fidel Castro, no es acusado por la Fiscalía General de esos delitos como lo sería cualquier otro ciudadano que no tuviera su prominencia?  Sólo por esa prominencia.

 

La corrupción reside por lo tanto no sólo en Rangel, sino aún mas en el Fiscal General Eric Holder, por prevaricador. Por supuesto, también en su mentor, el Presidente Barak H. Obama y en la podredumbre que reina en Washigton. En asuntos de prevaricación Holder tiene bastante práctica y no estoy haciendo referencia al desdichado tema de Elián González, único extranjero ilegal que Holder ostensiblemente removiera del territorio norteamericano. Holder era entonces asistente de Janet Reno en el Departamento de Justicia, quien actuaba por órdenes del entonces presidente Clinton, personaje no ajeno a la corruptela. Aludo a otro tema que la actualidad ha puesto de nuevo sobre el tapete. El tema se llama Marc Rich.

 

En 2009 el periodista suizo Daniel Amman publicó un libro llamado “El Rey del petróleo: las vidas secretas de Marc Rich”. En caso de que el lector no lo recuerde, Rich es el especulador internacional y prófugo de la justicia norteamericana a quien Clinton “perdonara” durante los últimos días de su presidencia. Rich vendía crudo de Irán a varios clientes (entre ellos increíblemente a Irael), durante la época en que Washington había prohibido dichas transacciones con Irán, quien había invadido territorio norteamericano y mantenía como rehenes a 53 diplomáticos de Estados Unidos.  

 

Escribo “perdón” entre comillas, porque de acuerdo a la ley el Presidente sólo puede perdonar a un reo. Como quiera que Rich aún no había sido convicto de nada, lo que recibió de Clinton fue realmente un decreto de impunidad, cuya validez legal podría ser cuestionada en las cortes. Además, Clinton condicionó la impunidad de Rich al pago de cientos de millones de dólares que éste adeuda en impuestos federales. El libro de Amman nos revela que Rich, quien tiene 75 años de edad y una fortuna valuada en miles de millones de dólares, ha decidido que vivir en Estados Unidos no vale una mínima porción de su peculio, quedándose a residir en Suiza indefinidamente.

 

Un ejemplo nauseabundo de corrupción en detrimento de la justicia es el incesante acoso al antiguo agente de la contrainteligencia norteamericana Luis Posada Carriles, iniciado por el Departamento de Justicia de Bush y continuado con fruición por el de Obama. Decretamos impunidad para un bandido internacional que viola la ley para enriquecerse en perjuicio del país y perseguimos con saña a quien ha arriesgado gallardamente la vida durante décadas, defendiendo la libertad y las instituciones de Estados Unidos contra sus enemigos declarados en dos continentes. 

 

Washigton premia el delito contra Estados Unidos y castiga la lealtad hacia esta nación. ¿Cómo se llama eso? En mi diccionario se llama ingratitud y corrupción. ¿Lo tendrán en cuenta los nuevos congresistas, quienes supuestamente fueron electos para limpiar la casa, cuando entren en funciones en enero del 2011?  

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image