BREVE ESTUDIO HISTÓRICO DE LA TIRANÍA

Por Hugo J. Byrne

Hace varios años mientras leía una anécdota muy repugnante sobre la tiranía castrista, reflexioné sobre si el público exiliado (y el resto de la humanidad) conoce realmente al malvado personaje que la encabezó y aún la influencia, analizando correctamente su verdadera naturaleza. Todos afirmamos conocer a Castro, pero con frecuencia no es así.

Realidad triste, pues es Fidel Castro quien ha destrozado meticulosamente durante más de medio siglo nuestra nacionalidad cubana, la misma que tanto lloramos, añoramos y ponderamos. La misma cuyas pasadas estadísticas vitales nunca nos cansamos de reproducir admirativamente y detallar, para beneficio de un público extranjero, lleno de desinterés y perfectamente aburrido del tema.

Cuando se aborda la discusión de nuestro desastre en cualquier reunión de activistas cubanos, siempre se habla sobre el futuro o sobre el pasado, dejando el desagradable y larguísimo presente (un paréntesis de 55 años) sin debatir. Nadie puede cambiar lo pretérito, sólo estudiarlo para que sirva de inspiración, experiencia para evitarse, o modelo a emular. Menos aún puede nadie influenciar el futuro sin actuar con seriedad y decisión en el tiempo presente.

La realidad es que no podríamos actuar con decisión y efectividad en el presente sin conocer quién es el enemigo, cuáles sus puntos fuertes y más desarrolladas capacidades, sus debilidades que nunca hemos explotado eficientemente y el secreto a voces de su longevidad en un poder tan ilegítimo como total. Sólo quienes aprendan la naturaleza esencial del enemigo serán capaces de liquidarlo.

El sistema totalitario impuesto en Cuba sólo desaparecerá cuando se destruya implacablemente su último vestigio. Destrucción que en términos humanos entraña violencia y, por supuesto implica tragedia. En ese proceso no es posible tener contemplaciones o piedad hacia nosotros, el enemigo, o quien quiera estorbe en la tarea. En esa lucha los más poderosos obstáculos son nuestros más enraizados escrúpulos.

¿Quién es Fidel Castro? Castro es un astuto delincuente con una ilimitada agenda personal, única pasión verdadera en su vida.

Si el régimen que implantó se desplomara un instante después de su muerte, aún pasaría a la historia como un héroe, de acuerdo a su narcisista personalidad. Castro ha tenido el talento e inteligencia necesarios para lograr todas sus ambiciones políticas, conquistando y manteniendo a base de violencia e intrigas el poder así usurpado. El opresivo, corrupto e insolvente sistema que ha impuesto en Cuba (con la ayuda de muchos) siempre ha dependido de asistencia internacional, la que ha recibido sin cesar en virtud de sus propias y brillantes maquinaciones: no ha sido un cliente del azar.

Sus patrocinadores internacionales, entre los que se destacó primordialmente la afortunadamente desaparecida Unión Soviética (desde1960 hasta 1991) han cambiado con el paso del tiempo. Sin embargo, existe una tan poderosa como discreta fuente de apoyo económico-político al castrismo, que nunca se ha visto mermada o interrumpida a través de los años.

Castro y su régimen han sido los continuos beneficiarios de una ayuda cuyo origen parecería improbable para quienes sostengan una visión miope de los intereses comerciales del gran capital. Creo que no debemos olvidar que el contrabandista que comercia con los bienes que robó otro bandido, a menudo disfruta de mayor y más rápido éxito que el comerciante honesto quien solamente trata en mercadería legítimamente adquirida. Recordemos al contrabandista-millonario Joseph P. Kennedy, desaparecido cacique del Partido Demócrata de Massachusetts y a Henry Morgan, quien empezó como pirata sangriento y llegara a ser Gobernador británico de Jamaica.

En el presente podrido cambalache, comparten muchos “cubanos de la diáspora”. Fanjul, por ejemplo, quien es un gran desvergonzado por prestarse a la infamia. El cubano que viaje a Castrolandia sin un motivo familiar imperioso, tiene el derecho de hacerlo. Yo tengo el mismo derecho a despreciarlo y considerarlo rastrero y traidor, pues no es otra cosa.

La primera vez que la no muy evidente relación simbiótica entre ciertos intereses del capital norteamericano (con gran influencia en ambos partidos políticos de Estados Unidos) y Fidel Castro se pusieran de manifiesto, fue cuando se evidenció que la Standard Oil Company financiaba el mantenimiento del Ejército castrista en Angola durante la segunda parte de la década del setenta, hasta finales de la intervención castrista durante los ochenta. El régimen de La Habana era generosamente compensado por defender con sus mercenarios los yacimientos, instalaciones y refinerías de la SOC en Luanda y Cabinda de las posibles depredaciones de “compañeros angolanos” que tuvieran la ingenuidad de tomar el “anti capitalismo” o el “internacionalismo proletario” de Castro en serio.

El CEO de la SOC era entonces el desaparecido republicano y “trilateral” David Rockefeller. Gigantescos conglomerados norteamericanos de productos del agro fueron beneficiarios durante largo tiempo de la ruina de la agricultura de Cuba y el colapso de su industria azucarera. El más notable entre todos ellos ha sido el que pomposamente se auto titulaba “Supermercado del Mundo”, Archer Daniels Midland, consorcio del grano, cuyo CEO era el multibillonario Dwane Andreas, uno de los hombres “de negocios” de Norteamérica que con más diligencia abogara por la derogación del llamado “embargo económico” contra Castro. Fue Andreas, amigo lector, quien pagara los gastos legales de la repatriación forzosa de Elián González al picapleitos Greg Craig.

Andreas fue bienvenido huésped de todos los presidentes norteamericanos desde Harry Truman (incluyendo a Reagan) hasta George H. W. Bush. Entre sus antiguos amigos y asociados se contaba el candidato presidencial republicano del año 96, Bob Dole y el ex Senador y primer Secretario de Justicia de la pasada administración, John Ashcroft. Siendo senador, el republicano Ashcroft defendió a capa y espada los intereses de Castro hasta su último día en ese cuerpo legislativo. La influencia de las fuerzas económicas del mercado libre en los círculos oficiales de Washington, sirve usualmente los intereses del bien común. Lo que no puede discutirse es que hoy algunas de ellas aconsejan el mantenimiento de un “status quo” que incluya la permanencia indefinida del castrismo en el poder. A esos efectos, la pasada administración de George W. Bush garantizó que Fifo y su medio hermanito heredero no cayeran víctimas de sus más encarnizados oponentes.

Maduro y Cabello, las marionetas adiposas de Castro-Mirabal en Caracas, denuncian ahora a Obama, quien se ha convertido en el hazmerreir internacional desde que Putin le hiciera “un daño”, mirándolo de reojo mientras invadía Crimea. Como presuntos cómplices de Washington, Caracas acusa a Otto Reich y a mis viejos amigos Luis Posada Carriles y Santiago Álvarez. De acuerdo a la DISIP también forma parte de la fantástica conspiración el antiguo Secretario de Justicia Alberto González. Todos ellos cómplices ¡de Obama! para derrocarlas.

Al presente La Habana usa también y una vez más, el chantaje abierto contra Washington para tratar de forzar un matrimonio de escopeta. Para ello no sólo arresta y ordena 15 años de prisión arbitraria para el ciudadano norteamericano Alan Gross, sino que acaba de inventar un nuevo complot con raíces en Miami y arresta a cuatro residentes de la Florida. ¿Adicionales sospechosos en la conspiración? Lea la lista en el párrafo anterior.

Los objetivos de la nueva extorsión son mantener en el candelero la cantaleta de los “tres héroes” que aún permanecen merecidamente encerrados y continuar presionando contra su evidente condición de régimen que colabora y brinda santuario al terrorismo internacional. ¿Tendrá éxito esta última maniobra? Probablemente no, aunque con Obama y compañía nunca hay nada serio ni garantizado.

Aunque nadie que se respete pueda tomar esas acusaciones en serio, acabo de ver un panel de TV en el que uno de los invitados justificaba la intriga. Se trata de un antiguo alcalde de la ciudad de Hialeah llamado Raúl Martínez, quien a primera vista me pareció una versión gorda del “Joker” de Batman.

 

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