BENGHAZI: LA INFAMIA QUE PERSIGUE A OBAMA Y QUE AMENAZA A HILLARY

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Hasta hace sólo unos días Barack Obama, Hillary Clinton y el alto mando del Partido Demócrata estaban seguros de que Benghazi era un tema olvidado y que no ejercería efecto alguno sobre las consultas electorales que se avecinan en el 2014 y el 2016. Estaban convencidos de que la campaña de mentiras para encubrir su infamia, divulgada profusamente por una prensa comprometida con proteger a su Mesías, había culminado en un rotundo éxito. Pero la organización conservadora, Judicial Watch, les aguó la fiesta cuando interpuso una demanda que obligó al gobierno a revelar el contenido de documentos comprometedores que había ocultado al Congreso por casi dos años. Un tiempo durante el cual el Presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, se había resistido al pedido de sus colegas conservadores de nombrar un comité selecto que investigara el escándalo.

Pero la revelación de correos electrónicos sobre el tema originados un día después de la masacre por el asesor presidencial Ben Rhodes destapó una caja de pandora que tiene el potencial de convertirse en el Watergate del gobierno de Obama. Rhodes, un funcionario de nivel medio de la Casa Blanca que no habría actuado sin órdenes superiores, instruye a Susan Rice, Embajadora de los Estados Unidos en las Naciones Unidas, sobre la forma en que debía explicar los acontecimientos de Benghazi en el curso de cinco comparecencias televisadas el domingo 16 de septiembre del 2012. La interrogante que aún no ha tenido la respuesta que desenredará este nudo gordiano es cuan alto estaba el funcionario que le dio la orden a Rhodes.

Siguiendo las instrucciones de Rhodes, la Embajadora Rice repitió en todas sus comparecencias la fábula de que el ataque al Consulado Norteamericano en Benghazi había sido una reacción espontánea contra un video aficionado donde se atacaba al Profeta Mahoma y no un acto terrorista organizado. Como veremos más adelante, los hechos demostrarían todo lo contrario. Por ahora, lo importante es que, ante la abrumadora evidencia de encubrimiento del crimen, John Boehner no tuvo otra alternativa que acceder a la creación de un comité selecto que investigue el asunto.

Al igual que en el caso de Watergate, una vez aprobado por la Cámara de Representantes, este comité selecto reuniría las atribuciones de varios comités del Congreso que ahora investigan a Benghazi y tendría el poder de emitir citaciones judiciales compulsorias a los testigos que desee interrogar. Fuentes de la Cámara afirman que Boehner busca pruebas concluyentes de que el encubrimiento fue manejado desde la Casa Blanca y añaden que se propone nombrar al congresista por Carolina del Sur, Trey Gowdy como presidente del comité. Quienes conocen a Gowdy, un ex fiscal de distrito famoso por su agresividad como interrogador, afirman que, si Gowdy preside el comité, el escándalo de Benghazi podría resultar más dañino que el de Watergate. En este punto es oportuno apuntar que en el escándalo de Watergate no fueron asesinados por terroristas islámicos cuatro funcionarios norteamericanos.

Continuando con la comparación de ambos escándalos, estos correos electrónicos de Ben Rhodes podrían producir un efecto semejante a las cintas grabadas de Watergate. En el curso de un interrogatorio del asesor presidencial, Alexander Butterfield, el 13 de julio de 1973, éste reveló ante el Senado la existencia de cintas magnetofónicas en las cuales Nixon grababa sus conversaciones oficiales. En un principio, muy pocos analistas dieron importancia a esta revelación pero, según destacados juristas, sin la prueba contundente de la cintas, Nixon no se habría visto obligado a renunciar para evitar un juicio político.

No creo, sin embargo, que Barack Obama, por su condición de haber sido el primer presidente negro, corra riesgo alguno de ser sometido a un juicio político. El establecimiento republicano no está preparado para desatar violentos disturbios populares y darle a la prensa un nuevo argumento para ser tachado de racista. Al mismo tiempo, no quiere poner en peligro sus altas probabilidades de ganar el control del Senado en el 2014 y de la Casa Blanca en el 2016. Pero lo que sí es altamente probable es que Obama continúe su descenso vertiginoso en el favor de sus conciudadanos. Y un presidente herido es el tiro de gracia para los candidatos de su partido.

El que debe de estar perdiendo el sueño por estos días es el matrimonio político de Hillary y Bill Clinton. Hilary viendo como Obama frustra por segunda vez su sueño de ser la primera mujer presidente de los Estados Unidos y Bill mortificado por haber perdido la oportunidad de ser el primer Primer Damo de la nación con acceso irrestricto a un harem de jovencitas becarias en la Casa Blanca. Porque, el hecho de que se escondió de la prensa y demoró su comparecencia ante el Congreso, es un indicio bastante sólido de que Hillary estuvo en el centro de todo este encubrimiento.

Por otra parte, esta vez la ungida por su partido no podrá contar con el contubernio de una prensa que hasta ahora había decidido ignorar el escándalo atribuyéndolo a motivos políticos de los republicanos y a resabios ideológicos de la cadena conservadora de Fox News. A esa prensa, nauseabunda por su sumisión, se le han acabado las excusas. Tengo, por lo tanto, la casi certeza de que los documentos que saldrán a la luz en los próximos meses lesionarán las probabilidades presidenciales de Hillary Clinton en el 2016.

Tomando en cuenta que Obama es agua corrida sin probable regreso y de que Hillary podría ser la futura abanderada de la izquierda virulenta que se aferra al poder para desfigurar a este país me concentro en la conducta de esta dama de las mil caras dentro de este bochornoso e infame proceso de encubrimiento. Veamos:

1- A las 10:00 PM, hora estándar del este, del 11 de septiembre del 2012, en el mismo momento en que estaban bajo ataque los diplomáticos norteamericanos en Benghazi, la señora Clinton estaba en el teléfono con el Presidente Obama y, una hora después, su propio Departamento de Estado emitió un comunicado condenando al consabido video por la masacre en Benghazi.

2- El 14 de septiembre, dos días antes de las declaraciones de Susan Rice en televisión y el mismo día en que Rhodes escribía el correo electrónico, Hillary daba el pésame a los familiares que recibieron los restos de los asesinados en el Base Aérea de Andrews y les prometía perseguir al autor del mencionado video. Solamente una madre con el corazón endurecido por la ambición desmedida es capaz de mentir de esta manera a las madres de quienes habían muerto en forma tan ignominiosa.

3- El 24 de enero del 2013, tres meses y medio después de la masacre y de haber sido citada en varias ocasiones, la señora Clinton decidió comparecer ante el Congreso. En una actuación digna de un Oscar de sus amigos de Hollywood, la Clinton golpeó la mesa y preguntó: "Con el debido respeto, el hecho es que tuvimos cuatro estadounidenses muertos. ¿Se debió a una protesta o a que unos tipos salieron a caminar por la noche y decidieron asesinar a algunos estadounidenses? ¿Cuál es la diferencia?"

La diferencia Hillary es que Chris Stevens, Sean Smith, Tyron Woods y Glen Doherty no merecían ser tratados como cuatro muertos inoportunos que eran un obstáculo a las aspiraciones reeleccionistas de Obama y a tus propias aspiraciones presidenciales en el 2016. Eran cuatro seres humanos con padres, esposas, hijos y hermanos. Cuatro patriotas que cayeron sirviendo los ideales de los Estados Unidos y defendiendo la libertad en el mundo. Tratar sus muertes como algo intrascendente fue un acto de suprema villanía que seguramente pagarás algún día.

Aunque estoy consciente de que él no necesita de mi asesoramiento, concluyo sugiriendo algunas preguntas al congresista Trey Gowdy. Por ejemplo: ¿Qué información tenía Hillary para adelantarse a la propia Casa Blanca en atribuir el ataque a un inocuo video que nadie había visto? ¿Por qué enviaron a Susan Rice y no a Hilary Clinton, jefa de la diplomacia y de los diplomáticos masacrados, a explicar ante la prensa los acontecimientos en Benghazi? ¿Qué sabía Obama, cuándo lo supo y qué le dijo el Secretario de Defensa, León Panetta, quien estaba en la Casa Blanca en ese momento, sobre la verdadera naturaleza del ataque? Estoy convencido de que León Panetta es la llave maestra para abrir esta caja de pandora.

A mayor abundamiento, ¿dónde estaba el presidente en el mismo momento en que sus diplomáticos eran asesinados? Fuentes confiables han dicho que no estaba, como estaba obligado a estar, en el llamado "situation room" de la Casa Blanca. El mismo "situation room" donde se hizo retratar con actitud triunfalista durante el merecido pase de cuenta a Osama Bin Laden. ¿Cuándo supo Obama que el ataque no había sido motivado por un video? ¿Por qué repitió la fábula del video en varias entrevistas una semana después y quince días más tarde ante la Asamblea General de las Naciones Unidas?¿Por qué se ha empecinado su gobierno en mantener este prolongado silencio y ha amenazado a los funcionarios que deseaban declarar ante el Congreso? Las respuestas a estas preguntas podrían muy bien impactar la política y determinar el futuro de los Estados Unidos en los próximos años. ¡Dios quiera que este pueblo haya aprendido la lección de un fraude llamado Obama!

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