BUENOS Y MALOS

Por Hugo J. Byrne

Primero el bueno.

En la edición de abril del 2014 la revista American Rifleman publica una crónica interesante sobre un veterano del combate en la playa “Omaha Beach”. Ese era el nombre código para el punto de desembarco del V Cuerpo del Ejército Norteamericano en Normandía, el 6 de junio de 1944. En ese punto y durante las siguientes 24 horas los norteamericanos sufrieron casi 3,000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos.

Muchas horas después y a base de pura testosterona, los soldados que comandaba el General Norman Cota lograron desalojar a los firmemente atrincherados germanos de la durísima División 352. Estos dejaron 1,200 hombres en el terreno, más del 20% de su número original. Los remanentes, incapaces ya de resistencia efectiva, capitularon, evacuaron o murieron. Cuando la candela es brava no hay carapacho duro.

La fiera defensa alemana causó tan serias inquietudes en el campo aliado que el Teniente General Omar Bradley estuvo brevemente considerando la evacuación de Omaha. Sin embargo, los americanos encabezados por Cota se abalanzaron cuesta arriba contra los nidos de ametralladoras que barrían la playa. El General, mordiendo el remanente de su tabaco les rugió: “En esta playa hay solamente dos clases de soldados, los muertos y los que van a morir. Tenemos una sola oportunidad de sobrevivir y consiste en salir de aquí. ¡Adelante! ¡Síganme a la victoria!”.

El sonriente veterano de esa batalla al que me refiero tiene hoy sólo 87 años de edad y aún trabaja, aunque recientemente ha tenido que reducir su número de horas a la semana. Es empleado de Wal-Mart y procura una licencia de su labor durante los primeros días de cada junio para hacer un peregrinaje a Normandía, donde es sincera y abrumadoramente bienvenido por la agradecida población local. Todavía de vez en cuando visita el campo de tiro y, aunque solamente lo imagino, es muy probable que todavía haga un grupo decente en un blanco a cincuenta yardas o más. Se presentó como voluntario para defender a su país después de Pearl Harbor, pero fue rechazado por tener sólo 16. Dos años después fue admitido.

Por su extraordinario servicio a la nación a esa temprana edad este guerrero recibió un número impresionante de medallas, citaciones y otros honores durante la campaña de Francia. Entre sus condecoraciones se cuenta el Corazón de Púrpura, una Estrella de Bronce y la Insignia de Infantería de Combate, medalla que no reluce en muchos uniformes. En el 2012 recibió otro galardón y esta vez otorgado por una nación extranjera. Francia le confirió la Legión de Honor con grado de Caballero, en reconocimiento a su contribución a liberar ese país.

En “Omaha” nuestro veterano se deslizó desde la rampa de una barcaza, sumergiéndose en las frías aguas del canal hasta más arriba de la cintura. Caminando por la arena cenagosa, entre obstáculos y cadáveres de sus compatriotas, de repente perdió pié en un cráter producto de una explosión, desapareciendo bajo el agua. En su afán por no ahogarse se desprendió de su equipo, perdiendo su rifle. Cuando al fin lograra dar pie tuvo que apropiarse del arma de un camarada muerto.

El soldado tenía en sus manos un nuevo M1 “Garand”, el primer rifle semiautomático adoptado por el Ejército de los Estados Unidos y el mismo que utilizamos los cubanos de Fort Jackson en 1963. El joven recluta conocía bien el proceso de instalar el magazine, pero durante su brevísimo entrenamiento en Gran Bretaña nunca tuvo la oportunidad de disparar el arma. Así que la primera vez que lo hizo fue en medio del combate. La única situación más difícil que conozco fue la de un buen amigo y ex paracaidista de la Brigada 2506, a quien por ser legalmente ciego cuando no usaba lentes, nunca le fue permitido saltar durante el entrenamiento: su primer salto fue en medio del combate.

El veterano de esta historia ganó su Estrella de Bronce en la batalla por Saint-Lo, cuando su formación fue atacada por “Panzers” Mark IV. Estos eran más poderosos que sus contrapartidas norteamericanos, los más pequeños M4 “Shermans”. Estos prevalecían por superioridad numérica y por desarrollar tácticas acordes con esa ventaja. Un Mark IV logró impactar un Sherman que inmediatamente se incendiara. El comandante del tanque trató sin éxito de salir por la escotilla en la torreta. El recluta abandonó su posición a cubierto y desafiando al sostenido plomo enemigo rescató al oficial de una muerte segura y horrible.

Junto al extenso artículo, American Rifleman publica algunas fotos del antiguo combatiente que no puedo reproducir aquí por razón de derechos de autoría. Podría intentar conseguir el permiso, pero tomaría el tiempo que no tenemos. En una de las fotos el soldado aparece como era en 1944, sólo que ostentando ya el grado de sargento. Sobre el bolsillo izquierdo de su guerrera pueden apreciarse las cintas que representan sus condecoraciones. Sonríe para la cámara sin reflejar arrogancia ni falso orgullo.

Las otras fotos representan su apariencia de hoy en día. Por supuesto los años deterioran la figura de todos y el sargento ha aumentado de peso. Sin embargo, está tan derecho como antaño y a pesar de sus lentes todavía mira a la cámara con la misma sonrisa firme. Para las fotos usa una camisa militar con las insignias de sargento en ambas mangas y exhibe sus condecoraciones, las que además de las cintas correspondientes ahora incluyen la Legión de Honor. En su “name tag” de Wal-Mart se lee Mac Evans, pero su nombre real es Clarence Evans. Sus compañeros de trabajo se refieren a él como Mr. Clarence.

Uno muy malo.

Había en el Senado de California un miembro quien siempre trataba de restringir los derechos de los ciudadanos residentes de este estado y la nación a poseer armas de fuego. Dije “había” porque ha sido arrestado por agentes federales. Para este Senador de California, naturalmente representando el área de San Francisco, la segunda enmienda de la constitución es un obstáculo obsoleto e inoperante y los únicos que deben ejercer el derecho a defenderse son los miembros de las fuerzas del orden (puede haber cambiado de opinión en ese particular después del arresto), los jerarcas del gobierno y quizás… los pandilleros.

Sí, estimado lector. No tiene que frotarse los ojos. Leyó correctamente. Ese caballero quien aparentaba trabajar diligentemente por el “beneficio” del estado, es el arquetipo del burócrata de la izquierda totalitaria tratando de avasallar a sus conciudadanos mediante la traición. ¿Su colaborador más notorio? Un pandillero profesional conocido por “El Niño Camarón” (“Shrimp Boy”). Este “Camarón” es un jefe mafioso, quien pretendía haberse regenerado después de terminar una pena de prisión en el año 2003 y se llama Raymond Chow.

En este caso, cómo en el de dos ex gobernadores de Chicago y el ex congresista hijo de un notorio “predicador”, la ciudadanía ha sido vindicada. Estoy escribiendo esto el sábado 29 de marzo y el Buró Federal de Inteligencia arrestó el miércoles a toda esa escoria (25 en total).

Los cargos que pesan contra este Senador, enemigo de nuestros derechos, incluye conspiración para traficar ilegalmente con armas de fuego. Espero que los poderes judiciales lo enjuicien adecuadamente, que sea convicto y que se pudra en la prisión. ¿Su nombre oficial? State Senator Leland Yee. ¡State Senator no more!

Sin embargo, ¿Hasta cuándo durará la investigación de “Fast and Furious”? Todo en ella apunta a una conspiración desde las más altas autoridades judiciales. ¿Holder? ¿Obama? ¿”Cover up”? ¡Escoria!

El peor de todos.

¿No adivinan quién es? Hace algún tiempo Esteban Fernández escribió un artículo comparando el personaje a quien me refiero con la obra teatral “El Retrato de Dorian Grey”. Ese artículo de Esteban nunca había tenido tanta vigencia como hace algunos días, cuando circularon por la red nuevas fotos del Carcamal en Jefe.

Tengamos en cuenta que esas fotos fueron aprobadas por la censura oficial de un régimen estupendamente paranoico, el cual utiliza las medidas más extremas para avanzar sus relaciones públicas. No se trata de “close-ups”, sino de fotos de grupo, tomadas desde una distancia discreta. Nadie puede tomar instantáneas cercanas del podrido viejo. Nadie.

¿Qué podemos apreciar si nos asiste el valor de mirar esas fotos con detenimiento? Decían los poetas románticos del siglo XIX que la cara es el “espejo del alma”. Nunca eso ha sido tan cierto como en esta ocasión. Las fotos parecen el retrato del retoño monstruoso de un cruce imaginario entre un orangután viejo y un aura tiñosa (buitre en español “cubano”), sin poderse apreciar exactamente quien fecundó a quien.

El individuo alto de antaño, quien se destacara sobresaliendo en cualquier grupo, es hoy el de menor estatura entre todos. En las fotos en que se encuentra moviéndose, recibe ayuda siempre de alguien. La espalda está tan encorvada que para ver a su interlocutor tiene que mirar hacia arriba. La mirada está perdida y su expresión es de constante asombro. Su edad cronológica es 87 años, la misma del veterano de Normandía al que hice referencia en los primeros párrafos. La edad es lo único que tienen en común el humilde empleado de Wal-Mart y este engendro asqueroso

Su historia es también extremadamente distinta de la de Mac Evans. De niño una vez no acabó con las gallinas de su padre porque antes se le acabaron los cartuchos de la escopeta. Como estudiante de secundaria era admirador de Mussolini y Primo de Rivera. Más tarde durante sus años en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana fue activo miembro de una de las varias pandillas y acusado de involucrarse en el asesinato a traición del Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Se sabe que participara en un atentado contra la vida del abogado Rolando Masferrer, oportunidad en que se vio obligado a una retirada ignominiosa.

Participó en la fallida expedición en Cayo Confites contra el dictador Rafael Trujillo de República Dominicana, oportunidad en que sacó del sombrero una apócrifa huída a nado y en la que realmente sufriera un sonado bofetón por parte del Dr. Eufemio Fernández (la que eventualmente vengara desde el poder absoluto fusilando a Fernández). Dirigió desde fuera el ataque contra el Cuartel Moncada y fue amnistiado por Batista después de algunos meses de comodísima prisión.

De acuerdo a las investigaciones más rigurosas, los ataques a los cuarteles de Santiago de Cuba y Guantánamo carecían de las más remotas posibilidades de éxito. El jefe del ataque al cuartel de Guantánamo fue Raúl Martínez Ararás, primo hermano del padre de mi esposa. Martínez Ararás sobrevivió el combate, no así su hermano Mario, quien se unió a la acción sin alimentar aspiraciones ni agendas políticas, sólo tratando de proteger la vida de su hermano: fatales ironías del destino.

Mientras sus subordinados encaraban la música, el futuro “Líder Máximo” los conminaba a la acción desde un resguardado parapeto, pero olfateando la inminente derrota primero huyó a las elevaciones más cercanas para después arreglar su mansa entrega. Todo ese proceso está narrado en detalle por mi amigo el Profesor Antonio de la Cova en su formidable obra “The Moncada Attack”, el estudio más completo de ese tema hasta la fecha.

Después de un par de comodísimos años en el hoy clausurado Presidio Modelo de Isla de Pinos, el personaje en cuestión embarcó al extranjero, beneficiario increíble de una amnistía política. En Méjico adquirió armas y una embarcación usando recursos donados a su empresa.

La embarcación carenó accidentalmente en Las Coloradas, al sur de la Provincia de Oriente, Cuba, en diciembre de 1956 y el grupo se dispersó. La entrevista en la Sierra Maestra con Herbert Mathews del New York Times lanzaría la campaña publicitaria que culminara en 55 años de tiranía totalitaria y agónica miseria a partir de enero de 1959.

Para quienes no hagan distinción entre audacia y valor, este personaje posee también el último. Pero la lógica elemental establece que existe una diferencia enorme. Evidencia: la única vez que Fidel Castro Ruz utilizó un arma de fuego en combate fue en la emboscada de El Uvero. Hizo el primer disparo a una distancia considerable y usando telescopio. De acuerdo a testigos presenciales, después de ese único tiro se replegó dejando que otros continuaran batiéndose. Su experiencia en combate se resume a ser “sniper” una sola vez.

Algunos quienes pudieran testificar de su cobardía ya no están presentes. Me refiero al Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria “Manolo” Castro, el galeno Eufemio Fernández y el abogado Rolando Masferrer. El primero asesinado por la espalda, el segundo fusilado y el tercero, víctima de un atentado terrorista.

Además de cobarde este malo es vago: no ha trabajado un solo día de su miserable vida. Primero vivió a costa de su padre y después de su suegro. Desde el inicio de 1959 vive del resto de la gente que aún vive en Cuba, del subsidio del viudo del antropomorfo de Caracas y de muchos que tienen la desvergüenza de llamarse “exiliados cubanos”.

 

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