LA LEY DE LA TRAMPA CUBANA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Los tiranos cubanos andan por estos días con el trasero a dos manos ante la muy alta probabilidad de que sea derrocado el régimen dictatorial de su colonia venezolana que les regala todos los días 8 millones de dólares en petróleo. En previsión de un acontecimiento que muy bien podría derrumbar su tiranía de más de medio siglo han sacado de su bolsa de trampas la vieja artimaña de una llamada Ley de Inversión Extranjera de 2014. Casi la misma vieja de 1995, ahora con más maquillaje y tinte en el cabello, que resultó inoperante entonces como consecuencia de la negativa del régimen a cumplir con las cláusulas de su propia ley.

Pero, para que la trampa funcione, es necesario no sólo estimular la codicia de empresarios extranjeros interesados en medrar con el trabajo esclavo de los cubanos sino engañar al pueblo. Por eso presentan en la televisión cubana un amasijo de cifras donde se contempla un crecimiento económico entre el 5 y el 7 por ciento que demandaría una inversión extranjera anual de 2,000 a 2,500 millones de dólares. Con el descaro de quienes han hecho de la mentira su tabla de salvación, los oligarcas comunistas afirman que este programa conduciría a un "modelo socioeconómico socialista, próspero y sustentable”. Como si la historia no hubiera demostrado una y otra vez que la economía socialista y la prosperidad individual son términos antagónicos y mutuamente excluyentes.

Por otra parte, para lograr sus objetivos, estos tramposos necesitan de la colaboración de avariciosos y de ilusos. Los primeros asumen riesgos excesivos en busca de pingües ganancias. Los segundos se dejan deslumbrar por el atractivo de lo peligroso y de lo prohibido. Invertir en el fraude de un David que dice haber retado con éxito al Goliat norteamericano es un atractivo irresistible para quienes no han logrado otra hazaña en su vida que engordar su cuenta bancaria. Las filas de acreedores ante el Club de París que reclaman ser indemnizados están llenas de individuos como estos que fueron engañados y defraudados por los tiranos cubanos.

Los peores, sin embargo, son aquellos cubanos dispuestos a invertir en Cuba y darle oxígeno a la misma tiranía que una vez los echó de la patria y los despojó de fortunas acumuladas a base de esfuerzo y trabajo por varias generaciones de su propia familia. Aunque lo he hecho con anterioridad, esta vez no voy a decir sus nombres porque me embarga un sentimiento de asco con sólo mencionarlos. No creo que haya siquiatra capaz de diagnosticar la enfermedad que aqueja a estos personajes cegados por la arrogancia que viven en un mundo enrarecido por la adulación de sus incondicionales. Yo, por lo tanto, dejo la tarea para otros que quieran perder su tiempo.

Por mi parte, prefiero refrescarles la memoria a los desmemoriados y a los no informados con la esperanza de que, si leen este trabajo, lo piensen dos veces antes de caer en la trampa de los tiranos. Quienes ahora buscan socios que los saquen del atolladero son los mismos que han vendido fantasías y mentiras desde los inicios de su satrapía. Empezaron destruyendo nuestra economía, predominantemente agrícola y ganadera, con la promesa de poner a Cuba entre los países más industrializados del mundo, sin tener en cuenta nuestra carencia de fuentes propias de energía.

Prometieron convertir a Cuba en la arrocera del mundo desecando la Ciénaga de Zapata. Dijeron que inundarían al país de leche con especímenes producidos con avances genéticos diseñados por el brujo mayor como en el caso de la famosa Ubre Blanca. Hicieron alardes de que los cubanos tendrían la mejor atención médica del mundo. Mostraron su total ignorancia de la naturaleza humana proclamando que su "hombre nuevo" (el mismo que hoy se niega a trabajar por falta de incentivos materiales) produciría una zafra azucarera de 10 millones de toneladas. Y profesaron una falsa indignación ante lo que llamaron el prostíbulo cubano al servicio del turismo norteamericano.

El resultado de la borrachera ocasionada por el elíxir de fantasías y mentiras de la tiranía ya no puede ser ocultado. La nación que una vez estuvo entre las tres más prósperas de América, la han convertido en un país donde las industrias y la tecnología--sin mencionar desde luego los paupérrimos niveles de vida--andan a la zaga de la mayoría de las naciones del Continente. La Ciénaga de Zapata sigue inundada, no nos hemos convertido en la arrocera del mundo pero hemos dejado de ser la azucarera del planeta. Importamos el 80 por ciento de los alimentos que consumimos.

Nuestros niños y ancianos tienen acceso limitado a productos lácteos. Han fabricado médicos al por mayor, no para atender cubanos sino para venderlos como esclavos de un régimen sediento de divisas mientras el pueblo carece de todo tipo de medicamentos. Nuestras trabajadoras del sexo ya no se prostituyen por opción y son compensadas con dólares norteamericanos sino lo hacen por desesperación y son compensadas con la moneda devaluada de un turismo tercermundista. Y, para llenar la copa, exportan represión y muerte contra un pueblo al que le roban recursos naturales y le agreden la soberanía nacional. No en balde muchos venezolanos maldicen hoy el gentilicio de cubano.

Pasando a una página más optimista, tengo la firme convicción de que esta última trampa de los brujos de Birán terminará en un rotundo fracaso. De que el destino de la tiranía cubana está suspendido por el hilo frágil del que pende la dictadura venezolana. Caída Caracas la suerte de La Habana estaría sellada. A pesar de los sueños de Putin, el imperio soviético ya no tiene la capacidad militar ni económica de financiar satélites al otro lado del mundo. Obama confronta demasiados problemas para tirarle un cabo a sus hermanos ideológicos de Cuba. Y no hay otra Venezuela ni otro Chávez en América con la capacidad o la disposición de financiar a unos chulos decrépitos camino al cementerio.

Para perpetuarse, los tiranos tendrían que hacer funcionar la pantomima de su Ley de Inversión Extranjera. Pero eso estaría en contra de la naturaleza intrínseca que han demostrado durante todo su desgobierno los jerarcas de la satrapía. Son una mezcla de "perro del hortelano" y de "lobo estepario". Como el primero, no permiten que los demás coman o puedan enriquecerse ni siquiera con el fruto de su trabajo.

Como el segundo, saben que un ciudadano con el estómago lleno empieza a albergar ideas peligrosas como la libertad y a exigir derechos inherentes a un régimen de democracia. Todo ello tendría el potencial de convertirse en el acta de defunción de la tiranía. El heredero cubano será un burro como Maduro pero un burro con muchos kilómetros recorridos en el camino de la maldad. De ahí que vaticino que esta ley será aplicada con cuenta gotas y que la trampa terminará en fracaso.

Termino con una simple advertencia para quienes se presten a ser cómplices del régimen en esta última canallada. No se hagan la más mínima idea de que sus acciones quedaran impunes o de que podrán comprar inmunidad cuando se produzca el inevitable amanecer de libertad. Yo sé que eso entra en el cálculo de muchos de ustedes. Pero yo les digo que no habrá derechos adquiridos ni prescripción de delitos. Todos aquellos que hayan sido socios de los tiranos, y esos son todos los inversionistas bajo el actual régimen, verán confiscados sus bienes y tendrán que responder ante los tribunales según el grado de su complicidad. Porque sin justicia no habrá paz, ni libertad, ni patria. Y esas nos las hemos ganado con al llanto de centenares de miles de madres y la sangre de millares de mártires.

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