LA ESTAMPIDA DEMÓCRATA DEL 2014

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Cuando Obama tomó posesión del cargo por primera vez, el 20 de enero del 2009, la mayoría de los analistas políticos vaticinaron un frío y prolongado invierno para el Partido Republicano. Había llegado al poder un genuino representante del pueblo que no sólo crearía una prosperidad económica distribuida en forma igualitaria sino haría rescindir las aguas del mar en su lucha contra el calentamiento global y fomentaría un sentimiento de cordialidad hasta en los enemigos acérrimos de los Estados Unidos. Su discurso de toma de posesión fue una verdadera joya de la oratoria política tanto en el contenido como en la presentación.

Como buen organizador comunitario, el hombre sabe arengar multitudes y alimentar falsas esperanzas. Su problema es que carece de la disciplina para el trabajo y de la capacidad negociadora que son necesarias para gobernar en una democracia. Por eso vitupera y descalifica a sus adversarios políticos, así como delega sus principales proyectos de gobierno en ideólogos como Harry Reid y Nancy Pelosi.

Pero entonces sucedieron el Obamacare, Benghazi, la persecución por el IRS de la oposición al presidente, el espionaje de ciudadanos norteamericanos y líderes extranjeros por la NSA y la operación de venta de armas a traficantes mexicanos conocida como Rápido y Furioso . En todos los casos Obama negó conocimiento previo de los hechos y dijo haberse enterado por los informes de prensa. La interrogante que muchos nos hicimos fue si estábamos ante un presidente distraído o un mentiroso incurable.

El enigma fue despejado cuando les dijo a los ciudadanos que podrían mantener a su médico y preservar sus planes de salud después de puesto en vigor el Obamacare. Cuando mintió sobre un asunto que afecta a la casi totalidad de los norteamericanos perdió todo vestigio de credibilidad. Se derrumbó el consabido castillo de naipes y el próximo mes de noviembre los electores le pasarán la cuenta. No a Obama que ya no se postulará de nuevo sino a aquellos demócratas que conspiraron con el presidente para engañar al pueblo norteamericano y ganar las contenciosas elecciones del 2012.

Para entender mejor la precaria situación del Partido Demócrata y de su abanderado en la Casa Blanca en este 2014 es oportuno hacer un poco de historia de las elecciones parciales en los Estados Unidos. En las parciales del 2006, Bush hijo perdió 30 escaños en la Cámara de Representantes y 6 en el Senado. En las parciales de 1994, Clinton perdió 54 escaños en la Cámara de Representantes y 8 en el Senado. En las parciales de 1982, Reagan perdió 26 escaños en la Cámara de Representantes y ninguno en el Senado. Todos estos presidentes entendieron el mensaje y decidieron negociar con su oposición para forjar políticas en beneficio de quienes los habían elegido. Obama ha sido incapaz de hacerlo. Su ego y su arrogancia son más grandes que su interés por servir al pueblo norteamericano.

Ahora bien, aunque todo parece indicar que Obama logrará pocos éxitos en la realización de alguna de sus múltiples aspiraciones, ha logrado finalmente establecer un récord. El de ser el presidente que más escaños legislativos ha perdido en unas elecciones parciales en los últimos 75 años.

En el 2010, Obama perdió 63 escaños en la Cámara de Representantes y 6 en el Senado. Hasta el odiado y vituperado Richard Nixon perdió solamente 12 escaños en la Cámara de Representantes y ninguno en el Senado en las elecciones de 1970, en medio del escándalo de Watergate. De hecho, en los últimos 100 años, Obama ha sido superado únicamente por Franklin Delano Roosevelt, quién perdió 72 escaños en el Congreso en las parciales de 1938. Pero Obama no debe perder la esperanza de superar a Roosevelt. Ahí está su prueba de fuego en las parciales del próximo mes de noviembre.

¿Por qué digo esto? Porque hay cifras ominosas que harán perder el sueño a Obama y a los estrategas de campaña del Partido Demócrata en los próximos meses. No hagamos caso a sus acostumbradas bravuconadas porque las cifras son las que cuentan. Primero, según un informe de la Comisión Federal de Elecciones, los candidatos republicanos al Senado han superado en recaudación de fondos a los candidatos demócratas en siete estados ( Montana, Dakota del Sur, Virginia Occidental, Alaska, Arkansas, Louisiana y Carolina del Norte) que fueron ganados por Mitt Romney en las elecciones del 2012.

Segundo, según la última encuesta Gallup, el nivel de aprobación del Presidente a nivel nacional la semana pasada era de 42 por ciento. Y peor aún, su nivel de aprobación en los mencionados siete estados ganados por Romney en el 2012 era solamente de 36 por ciento. Según analistas políticos como Karl Rove, los candidatos del partido en la Casa Blanca en elecciones parciales no son capaces de superar en más de 5 puntos el nivel de aprobación del presidente. El beso de la muerte para unos candidatos demócratas que se niegan ahora a ser vistos con un presidente que les resulta totalmente tóxico a sus aspiraciones reeleccionistas.

Tercero, el último Resumen Trimestral del Congreso sobre patrones de votación en el 2013. Los senadores demócratas que aspiran a ser reelectos en cuatro estados con mayoría republicana ganados por Romney en el 2012 mostraron un apoyo total a las iniciativas legislativas de Obama, la peor de todas el Obamacare. Landrieu en Louisiana, Begich en Alaska, Hagan en Carolina del Norte y Pryor en Arkansas, votaron en más del 90 por ciento de los casos en apoyo a las iniciativas del presidente. El albatros del Obamacare podría poner fin a la carrera política de legisladores que votaron por 2000 y tantas páginas de Obamacare sin molestarse siquiera en leerlo.

Pero estas no son todas las malas noticias para los demócratas. Ahí están los llamados estados "púrpura", aquellos que ninguno de los dos partidos puede considerar seguro. En el 2010, los republicanos ganaron seis escaños senatoriales en estados "púrpura" como Michigan, New Hampshire, Minnesota y Virginia, que siguen siendo considerados como terreno abonado para las aspiraciones senatoriales de los candidatos republicanos en el 2014.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que Shaheen, en New Hampshire, ha votado con el presidente el 99 por ciento del tiempo, que Warner, en Virginia, lo ha hecho el 97 por ciento del tiempo y que Franken, de Minnesota, la barbaridad del 100 por ciento del tiempo. Por mucho que traten de escapar del presidente no podrán negar su complicidad en el daño que le han infligido a quienes votaron una vez por ellos.

Según fuentes independientes, los republicanos tienen altas probabilidades de despojar a los demócratas de siete escaños senatoriales a nivel nacional el próximo mes de noviembre. Si son capaces de llegar a 10, los elefantes lograrían el control del Senado y la capacidad de poner un freno institucional a la agresiva agenda socialista de Obama en los dos años siguientes. Y aunque todavía es pronto para cantar victoria ya se escucha en lontananza la estruendosa estampida de unos burros de la izquierda demócrata que niegan a su arriero y se mueven de prisa hacia el centro de la guardarraya.

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