LA VANGUARDIA DE LA PATRIA

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

El 7 de noviembre vino y el 7 de noviembre se fue. Pero el tiranuelo grotesco e inepto no cumplió su palabra de soltar a los 52 presos políticos del Grupo de los 75 que aún mantenía encarcelados. La decisión desde luego no sorprendió a nadie y, mucho menos, a los propios presos. Angel Moya le dijo a su mujer, Berta Soler, que no estaba sorprendido en lo mas mínimo porque “el gobierno siempre miente”.

 

En una de sus ya archiconocidas manipulaciones, el régimen desterró a 39, soltó, sin que nadie se lo pidiera, a un puñado de delincuentes violentos y retuvo a los 13 que se negaron al destierro y a hacerle el juego a la tiranía ensañada y al cardenal colaboracionista. La táctica ha sido la de siempre. Desprestigiar a la oposición, confundir a la opinión pública mundial y aferrarse al poder a base de mentira, terror y miseria desatados por más de medio siglo sobre el pueblo de Cuba.

 

Ahora, esta vileza demanda un análisis y un juicio que deben ser tomados en cuenta en los próximos e inminentes capítulos de nuestra historia nacional. Sobre todo para taparle la boca a los apaciguadores y las plañideras que van a pedir compasión para estos miserables verdugos a la hora del inevitable ajuste de cuentas.

 

Comencemos por destacar que los 39 forzados al destierro no han perdido un ápice de nuestra admiración y gratitud. Sin otras armas que sus convicciones y su amor a la libertad estos hombres se echaron sobre sus hombros la dignidad de la patria en una lucha desigual y solitaria. Desconocer sus méritos es cometer un agravio imperdonable contra la justicia.

 

Y ya que estamos en la difícil tarea de hacer justicia, admiración y gratitud merecen también los miles de cubanos que durante 52 años han ofrendado la vida y combatido a la tiranía en diversos escenarios y con distintos métodos. Ahí están como testimonio irrefutable Pedro Luís Boitel, Porfirio Remberto Ramírez y Vicente Méndez.

 

Pero mas justo todavía es reservar un lugar especial para estos trece iluminados de la libertad. Estos trece patriotas, cuyo valor nos llena de orgullo y de esperanza, se han negado a aceptar el destierro indigno y el desamparo ignominioso al que los someterían los mercaderes españoles aliados de la tiranía. Y con ello le han echado a perder la patraña maquiavélica a los dinosaurios que se aferran al poder.

 

Con total convicción y sin el menor temor a equivocarme proclamo al mundo que estos trece hombres serán punto de referencia y cambiarán la futura historia de Cuba. Con ello se han ganado el calificativo de “Vanguardia de la Patria” y paladines de la libertad. Y para la historia dejamos aquí consignados sus nombres en estricto orden alfabético: Pedro Argüelles Morán, Oscar Elías Biscet González, Eduardo Díaz Fleitas, Luís Enrique Ferrer García, José Daniel Ferrer García, Diosdado González Marrero, Iván Hernández Carrillo, Librado Linares García, Héctor Maseda Gutiérrez, Angel Juan Moya Acosta, Félix Navarro Rodríguez, Arnaldo Ramos Lauzurique y Guido Sigler Amaya.

 

Si quisiéramos encontrar ejemplos similares de coraje y dedicación en el curso de la historia humana tendríamos que referirnos a los 300 espartanos que, al mando de Leonidas, se enfrentaron en el 480 A.C. a 300,000 persas en las Termópilas y a los 33 orientales que, al mando Juan Antonio Lavalleja, fundaron en 1825 la República Oriental del Uruguay, refugio de la hostigada democracia latinoamericana a la que se ha dado el merecido calificativo de “la Suiza de América”.

 

Pero la historia de Cuba no se queda atrás. El 8 de octubre de 1871, en medio de nuestra primera guerra por la independencia, el General Ignacio Agramonte, al mando de 35 jinetes, arranco de las manos a una columna española cuatro veces superior en número al Brigadier Manuel Sanguily, quién había caído prisionero del enemigo.

 

Y escasamente seis semanas después se produjo un hecho que, aunque de diferente naturaleza, dejaría una huella imborrable en el curso de nuestra lucha por la independencia de España. Como resultado de una intriga urdida por peninsulares recalcitrantes ocho estudiantes de medicina fueron acusados de profanar la lápida de la tumba de un destacado periodista español. El fusilamiento de estos jóvenes inocentes el 27 de noviembre de 1871 cerró las puertas a toda posibilidad de reconciliación de la Isla con la Metrópolis.

 

Durante más de dos generaciones, los hijos de Angel Castro, quién se opuso a la independencia de Cuba con las armas en la mano, han cometido centenares de crímenes de esta naturaleza. Y casi a las puertas del infierno ambos se empecinan en seguir inflingiendo dolor y desesperación a las madres y esposas cubanas con conductas como esta de mantener encarcelados a hombres a quienes se les había prometido ser liberados.

 

Con ello han cerrado la puerta a una transición pacífica y creado la alta probabilidad de un cambio violento y sangriento en el cual, es de justicia, que ellos sean los primeros muertos. Porque quien a hierro mata a hierro tiene que morir. Los militares cubanos tienen la última palabra.

 

 

 

 

 

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